En los guetos y campos de concentración, las personas detenidas por los nazis por ser judías que eran conocidos o sabían dibujar eran usadas en los departamentos de diseño gráfico y dibujo técnico, también hacían retratos familiares comisionados por los alemanes interesados; los oficiales de los campos cobraban su precio y los recibían comida en cambio. Les proporcionaban los materiales necesarios y los ocultaban el material que les permitía pintar clandestinamente, en secreto; sus obras eran pequeñas, realistas, de pocos colores, determinados por los materiales obtenidos, los medios más usados eran lápiz, tinta, carbonilla y acuarelas. Si eran descubiertos, los torturaban o ejecutaban y otros seguían pintando, documentando su vida diaria y creando grandes obras de arte basadas en el horror sellado por los nazis en los crímenes más grandes de la historia de la humanidad.

Los dejaron una huella de sus vidas y sus compañeros en el aislamiento que es de idealización, realismo, humor y sátira. Eran testimonio de quienes querían huir del mundo impuesto al mismo tiempo que revelaban como se mantenía su humanismo y sensibilidad.

Aunque los se encontraban lejos física, culturalmente y en conocimientos, entre sí, pintaban los mismos temas: la vida en la nueva comunidad, las condiciones de salubridad e higiene, escenas del campo con sus alambradas de púas y torres de vigilancia, retratos de sus compañeros con sus hijos y la búsqueda interminable de comida, escenas de enfermedad, deportación y muerte.

Además de documentar, el arte servía para confirmar su propia existencia como individuos, una forma de escapar a otro mundo conocido y añorado, como medio de trueque con los oficiales por comida o favores como el uso del correo con el exterior.

Las condiciones era similares para hombres y mujeres: prisioneros ilimitadamente en el tiempo con la sombra constante de la muerte, arrebatados de sus alrededores familiares, sus seres queridos, su estilo de vida, perdiendo su sentido de identidad, viviendo amontonados con muy poca, o ninguna, forma privativa para sus necesidades, falta de comida. Pero había ciertas diferencias: las mujeres trataban continuamente de recrear el mundo que había sido lo normal y trataban de limpiar, lavar y cocinar . Tal vez les daba un sentimiento de control sobre sus espacios, también servía para reducir el peligro de infecciones. A pesar de la falta de agua y las condiciones sanitarias, se esforzaban por verse limpias y tan atractivas como fuera posible. Sus diferencias están plasmadas en su obra artística.

Con el tema de la vida comunitaria se distinguen tres : Malva Schalek en Theresienstadt, Emmy Falek Ettlinger en Gurs al sur de Francia y

Jeanne Levy en Drancy, Francia, estación para la deportación de los prisioneros a .

Las tres pintaron interiores con figuras de mujeres y niños en un ambiente extremadamente ordenado y limpio con cosas de uso cotidiano, familiar.

Schalek pinto un cuarto con literas de tres pisos con paquetes y velices, en otro, una mujer está sentada en la cama tejiendo, en otro, leyendo, escenas casi hogareñas con utensilios de cocina, también pinto ropa secándose al sol o sobre la alambrada. Las pinturas despiertan una tensión de ansiedad entre le limpieza y el orden extremos y las figuras que se ven cansadas y sin sentimientos.

Emmy Falek Ettlinger también pinto interiores: una anciana hundida en pensamientos melancólicos, sentada con el pelo estirado en un chongo bien ordenado sobre un fondo de ropa colgada en ganchos, utensilios de cocina, un paraguas y toallas que producen un sentimiento de desolación y vacío que la domesticidad del ambiente no puede disipar.

Jeanne Levy pinto con colores de agua un dormitorio y la cocina, allí esta una mujer mayor vestida pulcramente, con un babero, sentada al lado de una estufa y otra mujer de espaldas sentada al lado de una mesa llena de utensilios domésticos. La atmosfera es de vida y actividad que la pintura quiere transmitir como un sentimiento de calor y domesticidad en un lugar conocido principalmente por escenas terriblemente dramáticas de deportación a los campos de muerte que incluyeron a Jeanne Levy.

Las condiciones de salubridad e higiene en los campos imponían que los actos físicos más íntimos se hicieran en público. En el campo de Rievcros, Francia, Sylta Busse-Reisman produjo una serie de pinturas mostrando la lucha con esas dificultades incluyendo lavarse al aire libre y usar una bacinica para lavarse el cabello; son escenas de desnudos que no revelan la identidad de las prisioneras mediante medios diferentes como verlas de espaldas o tapándose los ojos si están de frente.

Lili Rilik Andrieux en Gurs pinto los rituales de higiene y lavado de ropa mostrando la importancia de esas actividades mundanas, banales, en su nuevo entorno. Produjo varias pinturas con humor, pero a pesar de su humor satírico, el pudor lastimado, la individualidad negada de las mujeres es evidente.

Estos temas no eran nuevos en el arte, pero las mujeres en los campos no los pintaban como un género, tampoco eran meramente observadoras, ellas también las vivian ; eran reflexiones surgidas de una realidad hecha de obstáculos y negación del ser humano.

Si lavarse era complejo, ir al excusado no era más fácil, carecían de divisiones, la exposición forzada era de lo más exacerbante para las prisioneras.

El tema de los excusados tiene poco atractivo estético y no es común en el arte, pero era un motivo constante en los campos.

Hanna Schram hizo un diario ilustrado en Gurs dedicando una parte al excusado. Con este tema, los condenaban la bestialidad impuesta a las mujeres. No presentan tortura o violencia , lo que presentan es la humillación derivada principalmente de la indiferencia y el desprecio.

La barda de alambre de púas simbolizaba su encierro y aislamiento de la sociedad a la que habían pertenecido. Schram pinto con humor e ironía bardas donde se ponía a secar la ropa lavada.

Uno de los problemas centrales era el hambre, Falek-Ettinger pinto mujeres que hacían tostadas en las barracas, o una mujer que abraza un pan como una madre sostiene a su hijo. Schalek pinto mujeres pelando vegetales. Buscar comida era la preocupación mayor para las mujeres, fuera en la realidad o su imaginación. Una de las formas como trataban de olvidar el hambre siempre presente era intercambiar recetas, una forma de volver a su vida normal en sus hogares. Eva Gabanyi pinto , en Auschwitz, un Calendario de Recuerdos: 22 dibujos pequeños – 18 por 10 cm- teatrales y fantásticos, surrealistas. Resalta uno de una mujer en el uniforme de rayas comiendo sopa – “Primera Sopa en el Campo”- tres semanas después de su llegada al campo, un dibujo que parece totalmente naturalista con un aspecto surrealista en el mundo de los campos. Igual que otras podía escapar de la dura realidad por la fantasía. Amalia Secbach en Theresienstadt, artista y coleccionista de arte que pudo vivir en Alemania hasta que la capturaron. Enferma, pinto acuarelas que parecen no tener relación con su realidad, pero registran claramente la fecha y el lugar donde pinto, donde la imaginación muestra sus posibilidades infinitas, pero no puede borrar completamente la realidad presente.

Charlotte Bukesova en Theresienstadt fue puesta a trabajar en el taller de donde le ordenaron que copiara cuadros famosos; un oficial, impresionado por su talento, le pidió que pintara la virgen Maria y le pidió que no terminara el cuadro porque mientras estuviera pintando no sería deportada y cumplió lo dicho. Tambien dibujo niños y un amigo músico, bailarines con gracia y belleza en contraste con el horror, el hambre y el dolor que todos sufrían.

El testimonio de Halina Olomucki confirma que los recibían concesiones y mejores tratos. A los 18 años fue evacuada del gueto de Varsovia al campo de Maidanek donde estuvo a punto de colapsar, pero su talento la salvo, el jefe del bloque le comisiono la decoración de las paredes del edificio, a cambio recibió mejores raciones de comida que le ayudaron a recuperarse. Uso parte del material que le daban para pintar a sus compañeras clandestinamente. Fue transportada a Birkenau como artista comisionada con mejor comida, las mujeres a su alrededor le pedían que pintara sus retratos con sus hijos con la esperanza de que serían conmemoradas; estaban convencidas de que la artista las sobreviviría basadas en los privilegios que recibía. Le pedían que llevara con ella lo dibujos cuando la liberaran. Los retratos reflejan el mundo interior de los personaje, parece que les falta sustancia física como si solo una capa ligera definiera y protegiera sus características físicas, dan la impresión de que flotan en el aire lejos de la realidad, solas o con sus hijos.

Pero ser artista no siempre rendía privilegios, podía causar lo contrario. Según un periodista checo, Schalek fue transferida a por su talento artístico: se rehusó a pintar el retrato de un colaborador y como castigo la incluyeron en la lista de quienes serían deportados. Muchos de los retratos que pinto eran comisionados. Para atraer clientes pinto cuadros publicitarios embelleciendo la realidad, o no? Un ejemplo es el retrato del “Niño Hans Roth”, pintado por pedido de sus padres, a pesar de sus mejillas sonrosadas, sus ojos tienen una tristeza y una maduración que va más allá de su edad. Dos retratos de mujeres hechos dentro de la mejor tradición muestran mujeres atractivas, bien arregladas sin referirse a donde se encuentran o a sus circunstancias , solo una cosa esta fuera de lo usual: escribió sus nombres, así la pintura no solo era una comisión, también era una conmemoración de la mujer presente. Un testimonio.

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Nació en la Ciudad de México, terminó sus estudios de Filosofía en la UNAM, es Escritora y traductora. Actualemente reside en Israel.