Hace unos días los judíos que viven en los Emiratos Árabes Unidos vivieron un momento histórico: la incipiente comunidad que construyeron tras su llegada al país hace algunos pocos años se incorporó formalmente al Congreso Judío Mundialsumándose así a las comunidades de más de 100 países que esta organización reúne y representa.

Esta noticia claramente contrastó con las otras noticias que recibimos de Medio Oriente, llenas del odio de terroristas que lanzaron cientos de misiles, provocando dolor, destrucción y muerte.

La integración de la comunidad de los Emiratos al mundo judío fue impulsada por la firma de los Acuerdos de Abraham en agosto del 2020. El reconocimiento mutuo entre Israel y los Emiratos no representó solamente la paz y normalización de relaciones entre ambos Estados, sino que tuvo además un gran impacto en las comunidades judías y musulmanas de todo el mundo, y en los vínculos que las unen.

Sin embargo, este camino no comenzó para la comunidad judía emiratí el último agosto. Para ellos, el primer paso fue la firma en 2019 del “Documento de fraternidad humana para la paz mundial y vivir juntos” por parte del Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad al-Tayyib, donde se reconoció públicamente y por primera vez a la comunidad judía local. Una comunidad reconocida es una comunidad en libertad. Libertad para practicar sus costumbres, celebrar sus fiestas y llorar a sus muertos. Para ordenar y formalizar su estatus como comunidad organizada, para aportar a la diversidad y enriquecer a la sociedad toda. Y, al constituirse como tal, consolidarse como un ejemplo más de convivencia en el escenario global.

Esta es apenas parte de un recorrido mucho más grande, y aún incompleto, que poco a poco está trazando el mapa de la paz en la región. Son los gestos y las decisiones de los líderes del mundo, pero también las incontables acciones individuales y colectivas, las que han permitido un avance a pasos agigantados en los últimos dos años.

El “Documento de Fraternidad Humana” sentó las bases y alumbra el camino para las largas distancias que aún quedan por recorrer, especialmente en lo que respecta a las relaciones entre el islam y el judaísmo. La construcción de convivencia es uno de los grandes desafíos que tenemos en la actualidad y, sin duda, un legado fundamental para la posteridad. Los Acuerdos de Abraham entre Israel, los Emiratos, Bahréin y, posteriormente, Marruecos, son un paso importante y necesario en esta dirección.

En este contexto, en las últimas semanas observamos con dolor y preocupación las imágenes que llegaban desde Medio Oriente, mostrando la peor cara del terrorismo. Y aunque la continuidad del conflicto confirma que aún queda mucho camino por recorrer, el alto al fuego, que fue logrado con la intervención de Egipto, también reafirma el impacto positivo de los acuerdos de paz duraderos en la región. Porque Egipto, con el que luego de treinta años de guerras y enfrentamientos en 1979 Israel firmó la paz, ha contribuido no solo a apaciguar la reciente escalada, sino en incontables ocasiones de tensión. La paz es una herramienta poderosa, clave para permitir el diálogo y, finalmente, allanar el camino hacia todavía más paz.

La experiencia nos ha enseñado a ser pacientes. No se trata de un objetivo que pueda lograrse de un día para el otro, e involucra años de conversaciones y encuentros, muchos de ellos fuera del ojo público. Ejemplo de ello fue la visita, no tan secreta, del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a Arabia Saudita en noviembre último. Y también la celebración conjunta durante el sagrado mes de Ramadán entre los máximos representantes del Congreso Judío Mundial y la Liga Islámica Mundial. Llevará tiempo, pero el encuentro y el diálogo son y deben ser siempre el primer paso.

Y aunque las últimas noticias a veces nos inviten a perder la esperanza, son las experiencias sencillas y cotidianas las que nos recuerdan que la paz es posible. Lo es para los judíos en los Emiratos que hoy practican con orgullo su identidad religiosa. Y lo será para aquellos que aún sueñan con esa libertad. Porque si continuamos recorriendo este camino, la paz, indefectiblemente, traerá paz.