La Muralla de Hierro, nosotros y los árabes (1923)

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Es una regla excelente empezar un artículo yendo directamente al grano. Pero en esta ocasión tengo la necesidad de empezar con una introducción, es más, una introducción personal. Tengo la reputación de ser enemigo de los árabes, que propongo su expulsión de Palestina y cosas por el estilo. Esto es falso.

Emocionalmente, mi actitud hacia los árabes es la misma que con todos los otros pueblos –una educada indiferencia. Políticamente, mi actitud está determinada por dos principios. Primero que nada, considero que es absolutamente imposible la expulsión de los árabes de Palestina. Siempre habrán dos naciones en Palestina –lo que para mí es suficientemente bueno, siempre y cuando los judíos sean la mayoría. Y en segundo lugar, pertenezco al grupo que elaboró el programa de Helsingfors, el programa nacional de iguales derechos para todos los pueblos que convivan en el mismo estado. En la elaboración de ese programa tuvimos en mente no solo a los judíos, sino a todos los pueblos y su base de igualdad de derechos.

Estoy dispuesto a jurar, por nosotros y por nuestros descendientes, que nunca haremos nada contrario a este principio de igualdad de derechos, y que jamás intentaremos expulsar a nadie. Esto como está a la vista, es un credo bastante pacífico.


Pero otra cuestión absolutamente distinta, es si será posible lograr nuestros acuerdos pacíficos a través de medios pacíficos. Y la respuesta a este cuestionamiento no depende de nuestra actitud hacia los árabes sino por entero de la actitud de los árabes hacia nosotros y hacia el sionismo.

Luego de esta introducción, podemos desarrollar el tema principal.

IMPOSIBILIDAD DE UN ACUERDO VOLUNTARIO No puede haber un acuerdo voluntario entre nosotros y los árabes de Palestina. Ni ahora ni en un futuro inmediato. Digo esto con absoluta convicción sin ánimo de lastimar a los sionistas moderados. No creo que se sientan lastimados. Excepto por aquellos que están enceguecidos de nacimiento, los sionistas moderados se dieron cuenta hace tiempo que es absolutamente imposible obtener el consentimiento voluntario de los árabes de la tierra de Israel, para convertir “el territorio palestino” de un país con mayoría judía.

Mis lectores tienen una idea general de la historia de otros países que han sido abiertos a la inmigración. Sugiero que consideren todos los precedentes que conozcan y que analicen si hay al menos un ejemplo de un país repoblado con el consentimiento de la población nativa. No existe tal precedente.

Las poblaciones autóctonas, civilizadas o incivilizadas siempre se han opuesto obstinadamente a los inmigrantes, independientemente que fueran civilizados o salvajes.

Y no importa en absoluto si los inmigrantes se comportan decentemente o no. Los compañeros de Cortez y Pizarro (conquistadores de México y Perú), (como alguna gente recordará), nuestros propios ancestros bajo Josué Ben Nun se comportaron como saqueadores, pero los primeros pioneros de Norteamérica, eran personas de altísima moralidad que no querían hacerle daño a nadie, hombres que no sólo deseaban dejar a los pieles rojas en paz sino que les daba lástima hasta matar una mosca; gente que con toda sinceridad e inocencia creía que en esos bosques vírgenes y vastas praderas existía espacio disponible para ambos, los blancos y los pieles rojas. Sin embargo, el nativo resistió ante los salvajes y ante los civilizados con el mismo grado de crueldad.

Cada población autóctona, civilizada o no, mira a sus tierras como su hogar nacional, del cual es el único dueño, y desean conservar ese dominio para siempre; no solo rechazarán nuevos dueños, sino que tampoco admitirán a nuevos socios o colaboradores.

ÁRABES NO TONTOS Esto es ecuánimemente verdad en los árabes. Nuestros promotores de paz, están tratando de persuadirnos de que los árabes si bien no son tontos que puedan ser engañados enmascarando nuestros verdaderos objetivos, son corruptos que pueden ser sobornados para abandonar hacia nosotros su clamor de prioridad por la tierra de Israel, a cambio de ventajas culturales y económicas. Yo repudio ese concepto sobre los árabes palestinos. Culturalmente están 5 siglos por detrás nuestro, no tienen nuestra resistencia ni nuestra determinación; pero son tan buenos psicólogos como nosotros y sus mentes se han agudizado tanto como las nuestras. Podemos decirles tanto como queramos acerca de nuestras buenas intenciones; pero ellos saben como nosotros lo que no es bueno para ellos. Sienten hacia Palestina el mismo amor instintivo y el fervor que un azteca sentía respecto de su México o un sioux hacia su pradera. Pensar que los árabes consentirán voluntariamente la realización del sionismo a cambio de beneficios culturales y económicos resulta infantil. Tal pueril fantasía de nuestros “arabófilos” proviene de algún tipo de menosprecio del pueblo árabe, de una apreciación infundada de esta raza como una chusma pronta a dejarse sobornar para que compremos su tierra patria a cambio de una red ferroviaria.

TODOS LOS NATIVOS RESISTEN A LOS COLONIZADORES Esta visión no tiene fundamento en absoluto. Árabes individuales pueden quizá ser comprados pero esto difícilmente significa que todos los árabes en Eretz Israel tienen la voluntad de vender un patriotismo que ni siquiera los papúes negociarían. Todo pueblo indígena resistirá a los colonizadores. Esto es lo que los árabes en Palestina están haciendo, y persistirán en hacer mientras conserven una sola chispa de esperanza de que serán capaces de prevenir la transformación de “Palestina” en la “Tierra de Israel”.

COMPRENSIÓN ÁRABE Algunos de nosotros pensaba que se había producido un malentendido, que por esa razón los árabes no comprendían nuestras intenciones, ellos se oponían a nosotros, pero, si aclarábamos cuán modestas y limitadas eran nuestras aspiraciones, estrecharían nuestras manos en paz.

Esto también es una falacia comprobada una y otra vez. Es suficiente recordar sólo un incidente. Tres años atrás, durante una visita aquí, Sokolow desplegó un

gran discurso sobre esa verdadera “incomprensión”, empleando un lenguaje engañoso para probar cuan groseramente equivocados estaban los árabes al suponer que nosotros pretendíamos arrebatar sus propiedades o expulsarlos de su país, o suprimirlos. Esto definitivamente no era así. Ni siquiera queríamos un estado judío. Todo lo que deseábamos era un régimen representativo de la Liga de las Naciones.

Una réplica a este discurso se publicó en el periódico árabe Al Carmel en un artículo cuyo contenido brindo de memoria, pero estoy seguro de que es un relato fiel…

“Nuestros grandes sionistas se perturban innecesariamente, escribió su autor. No hay malentendidos. Lo que Sokolow plantea respecto del sionismo es verdad. Pero los árabes ya conocen esto. Obviamente, hoy los sionistas no pueden soñar con expulsar o eliminar a los árabes, o incluso establecer un estado judío. Claramente, en este período están interesados sólo en una cosa – que los árabes no obstaculicen la inmigración judía. Además, los sionistas han prometido controlar la inmigración de acuerdo con la capacidad de absorción económica del país.”

NINGÚN “MALENTENDIDO” El editor de esta publicación quiere creer que la capacidad de absorción de Eretz Israel es muy grande, y que resulta posible radicar gran cantidad de judíos sin afectar a un sólo árabe. Es justamente eso lo que los sionistas quieren, y lo que los árabes no desean. De esta manera los judíos se convertirán, paulatinamente, en mayoría e, ipso facto, se constituirá un estado judío y el destino de la minoría árabe dependerá de la buena voluntad de los judíos. ¿Pero no son los mismos judíos quienes nos plantean cuán „agradable? era ser una minoría? “No existe ningún malentendido.” Los sionistas desean una cosa – libertad de inmigración – y es la inmigración judía lo que nosotros no queremos. La lógica empleada por este editor es tan simple y clara que deberíamos aprenderla de memoria y convertirse en una parte esencial de nuestra noción de la cuestión árabe. No tiene importancia si citamos a Herzl o a Herbert Samuel para justificar nuestras actividades. La misma colonización tiene su propia explicación, integral, ineludible, y comprendida por cualquier árabe y cualquier judío. La colonización puede tener solamente una meta. Para los árabes palestinos la misma resulta inadmisible. Está en la naturaleza de las cosas. Cambiar esa naturaleza es imposible.

LA PARED DE HIERRO Un plan que parece atraer a muchos sionistas es el siguiente: si es imposible obtener el aval para las aspiraciones sionistas por parte de los árabes palestinos, entonces debe ser obtenido de los árabes de Siria, Irak, Arabia Saudita y quizá de Egipto. Incluso si esto fuera posible, no modificaría la raíz de la situación. No modificaría la actitud de los árabes del territorio israelí hacia nosotros. Hace setenta años, la unificación de Italia se logró, con la retención por parte de Austria de Trento y Trieste. Sin embargo, los habitantes de esas ciudades no sólo rechazaron aceptar la situación, sino que lucharon contra Austria con renovado vigor. Si fuera posible (lo cual dudo) discutir sobre Palestina con los árabes de Bagdad y La Meca como si ella fuera una especie de reducida, inmaterial tierra fronteriza, Palestina seguiría siendo para los palestinos no una tierra fronteriza, sino su tierra nativa, el centro y base de su propia existencia nacional. Por ende sería necesario llevar a cabo la colonización contra la voluntad de los árabes palestinos, que es la misma condición que existe hoy. Un acuerdo con los árabes que están fuera de la Tierra de Israel es también una ilusión. Para que los nacionalistas de Bagdad, La Meca y Damasco acepten una contribución tan onerosa (acordando renunciar a la preservación del carácter árabe de un país ubicado en el centro de su futura “federación”) deberíamos ofrecerles algo sumamente valioso. Podemos ofrecerles sólo dos cosas: dinero o asistencia política o ambas cosas. No podemos ofrecerles nada más. Respecto del dinero, resulta ridículo pensar que podríamos financiar el desarrollo de Irak o Arabia Saudita, cuando no tenemos lo suficiente para la Tierra de Israel. Diez veces más ilusoria es la asistencia política para las aspiraciones políticas de los árabes. El nacionalismo árabe se propone los mismos objetivos que el nacionalismo italiano antes de 1870 y que el nacionalismo polaco antes de 1918: unidad e independencia. Estas aspiraciones significan la erradicación de toda traza de influencia británica en Egipto e Irak, la expulsión de los italianos de Libia, la eliminación de la dominación francesa de Siria, Túnez, Argelia y Marruecos. Para nosotros apoyar tal movimiento sería suicida y desleal. Si omitimos el hecho de que la Declaración Balfour fue firmada por Gran Bretaña, no podemos olvidar que Francia e Italia también la firmaron. No podemos intrigar para remover a Gran Bretaña del Canal de Suez y del Golfo Pérsico y para eliminar el gobierno colonial francés e italiano sobre el territorio árabe. No podemos tener en cuenta ese doble juego de ninguna manera. Así concluimos que no podemos prometer nada a los árabes de la Tierra de Israel o a los países árabes. Su acuerdo voluntario está fuera de cuestión. Por esa razón, a quienes sostienen que un acuerdo con los nativos resulta condición esencial para el sionismo podemos ahora decirles “no” y exigir su salida del sionismo. La colonización sionista, incluso la más restringida, debe ser concluida o llevada adelante sin tener en cuenta la voluntad de la población nativa. Esta colonización puede, por ende, continuar y desarrollarse sólo bajo la protección de una fuerza independiente de la población local – una muralla de hierro que la población nativa no pueda romper. Esta es, in toto, nuestra política hacia los árabes. Formularla de otra manera sólo sería hipocresía. No sólo esto debe ser así, es así… lo admitamos o no. ¿Qué significan para nosotros la Declaración Balfour y el Mandato? Es de hecho un poder imparcial que se propone crear tales condiciones de seguridad de manera tal que la población local pueda ser disuadida de interferir nuestros esfuerzos. Todos nosotros, sin excepción, demandamos constantemente que este poder cumpla estrictamente sus obligaciones. En este sentido, no hay diferencias sustanciales entre nuestros “militaristas” y nuestros “vegetarianos.” Unos prefieren una muralla de hierro de bayonetas judías, los otros proponen una muralla de hierro de bayonetas británicas, unos terceros postulan un acuerdo con Bagdad, y parecen estar satisfechos con las bayonetas de Bagdad – un gusto algo extraño y peligroso- pero todos aplaudimos, día y noche, la muralla de hierro. Destruiríamos nuestra causa si proclamamos la necesidad de un acuerdo, y hacemos creer a los titulares del Mandato que no necesitamos una muralla de hierro, sino más bien conversaciones sin fin. Tal planteo sólo puede perjudicarnos. Por ende es nuestro deber sagrado demostrar lo ridículo e ilusorio de esas vanas metáforas y hacer notar su hipocresía.

ZIONISMO MORAL Y ESO Dos breves observaciones: En primer lugar, si alguien sostiene que este punto de vista es inmoral, respondo: no es verdad; el sionismo es moral y justo o es inmoral e injusto. Pero esta es una cuestión que deberíamos haber establecido antes de convertirnos en sionistas. Nosotros ya hemos definido esa cuestión, y en el sentido afirmativo. Consideramos que el Sionismo es moral y justo. Y dado que es moral y justo, debe hacerse justicia, no importa si Joseph, Simon, Ivan o Achmet acuerden con eso o no. No hay otra moralidad.

EVENTUAL ACUERDO Todo esto no significa que algún tipo de acuerdo no sea posible, sólo un acuerdo voluntario es imposible. Mientras exista una mínima esperanza de que puedan expulsarnos, no negociarán esas esperanzas, ni por dulces palabras ni por apetitosos bocados, porque ellos no son bandidos sino una nación, quizá debilitada pero aún viviente. Un pueblo efectúa tales enormes concesiones sólo cuando ya no tiene esperanzas. Sólo cuando no se percibe ni una sola hendidura en la muralla de hierro, sólo entonces los grupos extremos pierden su poder, y el liderazgo pasa a los grupos moderados. Sólo entonces estos grupos moderados se acercarán a nosotros proponiendo concesiones mutuas. Y sólo entonces los moderados sugerirán propuestas para comprometerse en cuestiones prácticas como ser; garantías para el desplazamiento de la población árabe, o igualdad de derechos cívicos nacionales. Soy optimista y confió de que en ese entonces habremos de darles suficientes garantías para tranquilizarlos y para que ambos pueblos puedan puedan vivir en pacifica y buena vecindad. Pero el único camino para llegar a ese acuerdo es la muralla de hierro, es decir, la existencia en Eretz Israel de un gobierno que no sea influido por algún tipo de presión árabe, es decir, un gobierno que combatirán los árabes. En otras palabras, para nosotros la única senda que conduce hacia un acuerdo en el futuro es el rechazo absoluto de cualquier intento de un acuerdo en el presente.

Publicado por primera vez en ruso bajo el título O Zheleznoi Stene en Rassvyet, 4 de noviembre de 1923. Publicado en inglés en Jewish Herald (Sudáfrica), 26 de noviembre de 1937. (traducción del link desde http://www.jabotinsky.org/Jaboworld/newscont.php3?recn=5)

Buscando La Verdad 06.09.0. Enviado por Julio Ioseph May .

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