De lo que aconteció a dos caballeros andantes en Brunete y la historia del profeta Elías, maestro de ellos.

Que vivimos aquí y ahora para realizar nuestra salvación 
y la de aquellos que nos han sido confiados,
es algo sobre no cabe la menor duda.
EDITH STEIN

***

Se llega a poseer la ciencia de la Cruz
sólo cuando se experimenta la Cruz hasta el final.
EDITH STEIN

***

La soledad del samurái es tan profunda
como la del tigre en la selva.
EL BUSHIDO.
Código samurái.

-¡Despierte Caballero y amigo Kadan, son casi las seis de la mañana!

Así, con efusividad manifiesta, despertó el extremeño a su acompañante, habían dormido envueltos en mantas gordas en las eras de Brunete, pues en los estatutos de la hermandad de la caballería andante, estaba escrito que nadie se bautiza sino es con padrino, y así, don Antonio de Quintana de la Serena, oyendo rechinar ya las últimas ascuas de la lumbre, ante el raso de los campos, calentó el café, le pidió que anotara en una cuartilla a su compañero; que ningún caballero es digno de pertenecer a la hermandad de la caballería andante, si no se vestía en armas en la Iglesia de su pueblo con el párroco presente, y los elegidos que allí estuviesen ese día, que un caballero andante que se preciara, debía reconquistar la dignidad perdida a los pies de la muchacha más bella, que pudiera haber dado Brunete.

Así, con esta enmienda, se presentaron los dos caballeros andantes, amparados por el cura, quien quedó atónito de verlos a los dos, subidos en aquellos caballos tan fieros y de aquellos andares. Su alegría fue inmensa, al ver a un hijo tan querido por el pueblo, que regresaba más fuerte que los toros, y a su ilustre compañero, quien, en los círculos más entendidos y selectos de las hermandades, y en los entornos de las letras, le tenían como a una eminencia, y le llamaban con el ilustrísimo adjetivo de su majestad.

Rechazó nuestro amigo don Antonio, fiel a sus principios, todo honor y parte de la misma, exponiendo allí, en la casa del cura de Brunete, las nuevas que venían a jurar los dos nuevos caballeros andantes, que como habían muerto y resucitado, podían volver a casa del primero, y nombrarlo como mano derecha de la nueva caballería andante, cuyo maestre por derecho propio, se había ganado en batalla don Antonio, de Quintana de la Serena en la reconquista del pueblo de Estremera, de cuya hazaña será contada, bajo el sello España de esta novela, si la suerte y la gracia nos acompañan.

El cura, hombre leal y muy respetuoso con la caballería andante, conmovido por la alegría de recuperar a un hijo perdido y nativo de Brunete, y de tener allí al mayor caballero que el ejercicio de las armas pudiera conocer, los acogió en su casa, e hizo llamar a sus dos sobrinas, al médico, y dos enfermeras, para que les cosieran las heridas que llevaban en el cuerpo, provocadas por la enorme aventura, que habían tenido los caballeros en el pueblo de Torre de Esteban Hambrán. Quedaron el médico, y las enfermeras, estupefactos, al contar éstos la enorme batalla que tuvieron contra unos gigantes, mientras les cosían, alimentaban sus caballos, y les lavaban las camisas. Atónitos escuchaban la aventura que habían vivido y de cómo se habían salvado, mientras devoraban éstos multitud de mantecados y dulces.

El médico, don Eustabio, gran hombre, respetado por todos, ya metido en la cuarentena, pero poco versado en el rango de la nueva caballería andante, entendió que, al fin y al cabo, todos estábamos locos, las enfermeras treintañeras, comprendieron que aquellos dos hombres, eran de armas tomar, y que ya se había formado un revuelo tremendo, como ya se sabe en los pueblos pequeños, a la llegada de aquellos caballeros y que todo este asunto iba a traer cola.

Comían en casa del cura, ya siendo las tres de la tarde, lentejas con chorizo picante, y vendados de pies a cabeza, que parecían momias, dijo el caballero don Alberto, que recordaba algo de haber sido maestro de escuela, pero que ante la presencia de doña Ana, más bien delgada, ojos verdes y muy profesional en el cuidado de la caballería, quien junto doña María, castaña y más bien madura, apellidadas las dos hermanas Polo y sobrinas del cura, que si hacían el favor, dado su carácter y condición de las más bellas y serviles doncellas de Brunete, de asistir al nombramiento en armas y entrega de armadura, que don Antonio de Quintana, le iba a dar para servir a las fuerza del bien, armándole en título de caballero originario, en presencia del cura de la Iglesia, y de su pueblo natal, a quien antes se le conocía como don Alberto Navarro, maestro de escuela.

Las muchachas sonrieron, y quedaron maravilladas de que los caballeros, a pesar de no tener rango de enfermeras, como las anteriores, habían sido elegidas para tal noble distinción.

Dijo el cura que no tenía problema en celebrar tal heroico y conmemorativo acto, pero que andaban un poco preocupados y conmovidos, por el robo de una de las vírgenes de la parroquia, y que si no era conveniente, para tales caballeros, que esperarán unos días en su misma casa, la del cura, hasta que se aclarara el asunto, y descubrieran a los ladrones, que además estaban asolando el pueblo con todo tipo de robos y fechorías.

-Lo ves, querido Caballero Kadan, hemos sido llamados para la misión de ayudar a tu pueblo, y descubrir, con ayuda de la verdad, y con las reales artes de la caballería andante, a los ladrones, si el padre y los presentes no se oponen.

Porque habéis de saber, también en este pueblo antes de que llegue el mañana, y los que sigan las hazañas de nuestros caballeros andantes, que la caballería andante tiene sus orígenes en los profetas de Israel, que protegían a viudas y huérfanos, como Elías, el tebista, de Tisbe, en Gaalad, a quien el Caballero don Antonio de la Serena, consideraba su mentor y maestro y ejemplo señero de la Caballería Espiritual.

Incapaz de hacer frente a tanta bendita locura, y a tan altas verdades sobre la identidad, propósito y el origen de la caballería andante en la casa de David, bendijo nuestro buen cura, la verdadera misión de la caballería andante de servir a su país, diciendo que sí a las peticiones de los caballeros recién llegados.

Don Antonio, de Quintana de la Serena, y Kadan Navarro Yale, son Caballeros Andantes.

ANNO TEMPLI CMII
BRUNETE-MADRID.
Noviembre de 2020-Tishri 5781.