Este es el artículo 43 de 54 en la serie La Nueva Caballería Andante

EL VIAJE SAMURÁI.

Ciertamente debemos a la maravillosa gracia que en este desierto en que vivimos tengamos la paz de la soledad sin tener que renunciar al consuelo que procura una comunidad agradable y temerosa de Dios.

Cada uno puede retirarse cuando quiere a la soledad y guardar su silencio, ya que nadie le dirige la palabra sin que se lo pida.

Vivimos con numerosas personas pero no notamos nada del tumulto de la muchedumbre. Vivimos como en una ciudad pero ningún ruido nos impide oír la voz de aquel que clama en el desierto, mientras que el silencio exterior se corresponda con nuestro silencio interior.
Abab cisterciense GUERRIC DE IGNY.
Siglo XII.

La pasión del espíritu anula la voluptuosidad.

Leonardo da Vinci.

Don Quijote es el modelo a seguir de todos los que somos Caballeros Andantes.
Caballero Alberto Kadan, de Brunete.

A todos los hombres y mujeres españoles muertos por la pandemia.

En el recuerdo y en la oración.

La soledad del samurái es tan profunda como la del tigre en la selva.

Código del Bushido.

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El rey Miuhira Yashain, junto a varios samuráis del último clan de oro por la libertad, se presentaron en la cueva de los Caballeros Andantes en la madrugada del inicio del verano.
Hemos hecho un largo viaje, dijo Miuhira, por honor a nuestro clan y al vuestro, deseamos unir fuerzas con la Nueva Caballería Andante, para combatir con las hordas obscuras de los reinos tenebrosos.
Hemos traído a los mejores hombres de todo oriente con nosotros para que la profecía se cumpla.

Guardó un profundo y casi grave silencio el Gran Maestre don Antonio de Quintana, ante las palabras del rey Miuhira, entre caballeros y hombres de honor poco hay que decir, salvo la palabra y el gesto de la gratitud.

Haciendo honor de hospitalarios los dos Caballeros Andantes acogieron a los Samuráis, quienes traían presentes y órdenes muy precisas para liberar Europa, empezando por Brunete, de un ejército invisible que un día decidió rebelarse en contra de las fuerzas del bien, y en el poder de su obscuridad se intentaron hacer los dueños y señores del mundo.

Encendieron fuego y junto a la lumbre, acogidos por el amor de servir a los demás, Samuráis y Caballeros Andantes entonaron antiguas y poderosas canciones que alejan a los malos espíritus y dan valor en la batalla.
Hablaron del Amor que también los Samuráis sienten por sus mujeres, observando los dos Caballeros Andantes, la belleza y el refinamiento de las damas de los Samuráis.

El Gran Maestre de la Nueva Caballería Andante, quien acababa de escribir un pequeño verso en el Gran Libro de la Caballería, no pudo por menos sin embargo, que añadir a la reunión, los Samuráis son Caballeros cabales como esos guerreros que se les asemejan en su virtud, y hacen que la virtud triunfe sobre las añagazas de amorreos y protervos que acechan sin piedad. El relativismo se impone y se confunde la verdad con el precio, y así están las cosas de mal, pero la acción humana puede cambiar las cosas para bien.

El Gran Maestre después de superar un tumor maligno se recupera, y encabeza una contraofensiva más que activa, para echar de una vez de las instituciones de Sefarad y del gobierno a socialcomunistas y otras raleas infames a más no poder.
Ha recuperado su entusiasmo vital y hace profesión de amor a Doña Dulcinea María, Dueña de sus amores ardientes.

La Dama Dulcinea no es sorda a los requerimientos amorosos del Amador, aunque a veces se manifieste esquiva y altanera. El Gran Maestre es presa de una gran pasión amorosa, y profesa un amor grande por su amada, y en coloquio secreto con espiritual afines habla de los encantos de su amada, que no son moco de pavo, y que hacen enrojecer a su Dama, que aunque en el fondo le agradece mucho como mujer, por otra parte está algo temerosa de los ardores amorosos del indómito Extremeño.
La virilidad es preferible a la salud, dijo el Gran Maestre, citando a Hemingway. Kadan, la mujer es otra forma de la guerra, terreno delicioso y peligroso… es un combate arduo sin resultados claros… nunca sabes si fue mejor el ataque… que la defensa… o la huida a la victoria… Hace años leí un poema Tuareg del desierto que me impresionó mucho, estabas en francés y decía así,

Luego habrá un desconocido combate, la mujer es siempre Dalida.
El Gran Maestre entró en el sueño y recordó que una vez tuvo a una mujer en sus brazos, y los regocijos y susurros del amor.

A la mañana siguiente, al despuntar el alba, se oían ya de cerca a los jinetes de la muerte, espada en mano, serpenteando encima de los caballos como sombras inmemoriales liderando un tenebroso ejército dispuesto a todo. Y por esa chispa que nadie entiende pero que sucede, los Caballeros Andantes junto a la más alta élite de los Samuráis les hicieron frente, salvando a centenares de personas y a la misma Caballería Andante.

Queda recogido en los primeros pergaminos de la novela, el siguiente fragmento del poema que según cuentan los que los transcribieron, correspondería a la misteriosa alianza de los Samuráis con los Caballeros Andantes.

En la seda de nuestros vestidos está vuestro nombre,
escrito con sangre,
Nunca derramada…

Muchos abandonaron al probar el anticipo de su recompensa,
envueltos en nuestros mantos,
Creyeron ser dichosos,
Ya no recordaban nuestro amor...

Dichoso el Caballero,
Honrado de espíritu,
quién fue fiel a su primer compromiso…
Sólo así, las Damas del Amor,
lo salvaron de la muerte…

En el abrazo invisible,
En el abrazo invisible,
De nuestro inmaculado manto blanco y
Del rostro de la virgen cayeron dos lágrimas de felicidad.
¡Oh, Amor, de manto blanco!

 

ANNO TEMPLI CMIII
BRUNETE-MADRID.
Junio de 2021 – Tamuz 5781

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