Con palabras humedecida por la congoja. La fatídica Partición en 1947 y la caída de mi país en 1948, es el inexorable complot en el desgarro palestino que marcó a fuego el comienzo de la Nakba (Catástrofe) palestina. Su continuidad con la ocupación de 1967 y su extensión hasta la actualidad.

Como palestino, exilado a consecuencia del laudo de la comunidad internacional. Me resulta punzante que pasado 63 años de la creación de un estado ajeno a mi tierra sobre mi tierra y 44 años de la ocupación del resto de Palestina y de nuestra capital Jerusalén, con el ostracismo a cuesta, debamos someternos a mendigar al ocupante y al mundo un pedazo de nuestro milenario país.

En el crítico análisis. Cual fue el derecho jurídico internacional que se adjudicó la ONU para tomar semejante decisión el 29 de noviembre de 1947 de fragmentar nuestro solar palestino con una exigua cantidad de votos. Su anómala Partición, dividió a Palestina. De nuestra tierra. Otorgó para la creación de un Estado Judío, 15 mil Km2 para los irregularmente llegados 558 mil europeos judíos y los 705 mil palestinos originarios. El otro, Arabe, de poco menos de 12,9 mil Km2, incluyendo Jerusalén, quedaría para los restantes 954 mil palestinos y 10 mil judíos. Estos últimos, parte histórica de nuestro pueblo como lo fueron los cristianos y musulmanes de Palestina, opuestos a un Estado judío. “, no es un Estado Judío sino un Estado sionista” (Rabino Moshe Hirsh, Agrupación Rabínica Neturei Karta, Nueva York-1985).

En el altar de la prevaricación, la ONU, no ignoraba las diferencias genéticas entre el palestino judío y el europeo judío. No desconocía que el 95,5 por ciento de los judíos en Palestina, ingresaron masivamente desde Europa y Rusia, durante el ocaso de la ocupación turca-otomana y el paraguas de la posterior ocupación británica. Tampoco ignoró que el desprotegido pueblo palestino estaba sacudido por las persecuciones de los ocupantes y el terrorismo sionista de las primeras década del siglo pasado.

La tediosa determinación de la ONU, soslayó y borró su diseño de dos estados decretados en la Partición, dando lugar al tercer error histórico: No reconocer en tiempo y forma al Estado Palestino (Arabe) y minimizar la tragedia de su pueblo a una mera cuestión de refugiados. En ese sentido. Se apresuró en establecer la Agencia de Ayuda y Trabajos para los Refugiados Palestinos en el (UNRWA), en su resolución 302 (8/12/1949). Mientras, que su resolución 194 (11/12/1948), exigió, sin éxito, el retorno de los refugiados palestinos.

Mordazmente embretada por el Estado nacido de su probeta y luego de la ocupación total de Palestina y su capital Jerusalén en 1967. Sin capacidad de reacción e interacción. Sin tonelaje para devolver el Estado Palestino a su pueblo y con su gnosis estallada, la ONU, cometió su cuarto error histórico: Lejos de erigir jurídicamente en base de su resolución el Estado faltante, intentó calmar, lavar y salir indemne de lo acontecido. En sesión especial, rozando lo irónico, aprobó la resolución 32/40-B (2/12/1977), considerando al 29N (día de la Partición), como Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. Embrollando con un día de solidaridad, la infausta Partición y usurpación de nuestra patria. El complot quedó plasmado. La Nakba continuó con su vía crucis.

En la búsqueda de los hechos inexcusables. Es necesario la revisión y el estudio de la irregularidad del derecho internacional en la Partición de Palestina y hasta donde llega la legalidad de Israel, creado sin base jurídica sobre la destrucción de la identidad y la propiedad palestina. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la ONU (10/12/1948), en dos de sus 30 artículos, denostó esa precariedad jurídica de la Partición. “Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad” (Art.17.2). Mientras. “A nadie se le privará arbitrariamente de su nacionalidad” (Art. 15.2).

Convidados de piedras en el deshuese de nuestro destino. Los lobby económicos, chantajes políticos, presiones y capacidad de auto victimizarse los europeos-sionistas con la fuerza del terror se hicieron de nuestro futuro. “Palestina deberá dejar de ser un país árabe…una Palestina como Estado judío…una Palestina judía, pero nada más que judía”. (“Sionismo de Estado”, Zeev V. Jabotinsky, 1936).

Con las frustraciones de generaciones. En este 15 de mayo, cerré y abrí mis ojos y el escenario del ’48, es el actual. El terrorismo sionista de la época se multiplicó con el presente terrorismo de estado israelí. El sabor del exilio languidecido en campos de refugiados, se agudizó. Las persecuciones, muertes, secuestros, demolición de casas, destrucción de campos, usurpación de tierras y limpieza étnica, son similares, con el agravante de los muros de apartheid, los ilegales asentamientos y la prohibición del retorno de millones de refugiados. Victimas de resoluciones jurídicamente ilegales que deglutieron nuestras raíces, con silencios informáticos, camuflaje de nuestros sentimientos y voluntades conspirativas, nos arrastraron a un lastimoso holocausto y a una dolorosa Nakba de más de seis décadas.

Aturdidos como esclavos. No bastan las palabras, la solidaridad, los apoyos y los reconocimientos. Nos falta la acción contundente de las Naciones Unidas, principal responsable de nuestra Nakba, para poner fin a la ocupación y restituir el Estado de Palestina con Jerusalén capital, como lo fue históricamente.

Una Palestina donde los cristianos, judíos y musulmanes supimos compartir un mismo solar sagrado y resistimos a las ocupaciones de turno. Como se resiste a la actual violenta potencia ocupante sionista, que no solo pone en riesgo a nuestro pueblo, sino a su propio pueblo israelí, manteniéndolo agitado y en pie de guerra durante estos dolorosos sesenta y tres años, que ellos, con argumentos colonialistas mal llaman ‘independencia’ y para nosotros es la Nakba.

*Suhail Hani Daher Akel fue el primer Embajador del Estado de Palestina en la Argentina.

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