Estudiando en la biblioteca de Yad Vashem, en Jerusalem, leí en el Pirkei Avot 1:4, dos frases que he recordado siempre: “Haz que tu hogar sea un lugar de reunión para los sabios” y la segunda “¿Quién es sabio? Aquel que aprende de todas las personas.

El Talmud dice: “Quien no añade nada a sus conocimientos, los disminuye” Por ello, es importante siempre tener la intención de aprender, pero ¿qué significa aprender?

La es un factor estratégico para el progreso económico, social, cultural y político de la humanidad. Es necesaria y oportuna en todos sentidos, ya que para alcanzar mejores niveles de bienestar social y de crecimiento económico, así como para aminorar las desigualdades económicas, propiciar la movilidad social de las personas, acceder a mejores oportunidades de empleo, elevar las condiciones culturales de la población y ampliar las oportunidades de los jóvenes, la es una ventana de oportunidad que nadie debe dejar escapar.

Hoy en día la información y el conocimiento son la base de la competitividad entre las naciones. Por ello, las grandes economías han puesto mayor énfasis en el avance y consolidación de los procesos educativos, de manera que sus principales rubros de inversión se enfocan en tres aspectos fundamentalmente: innovación, desarrollo e investigación.

Una política educativa eficiente y democrática, es necesaria para alcanzar mejores niveles de aprendizaje. De acuerdo con Scolari, la sociedad actual está inserta en un proceso de “hipermediaciones”, en donde las formas de comunicación se concentran en una trama de procesos de intercambio, producción y consumo simbólico, que engloba sujetos, medios y mensajes conectados tecnológicamente. También hoy sabemos, que las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) impactan en distintos ámbitos que conforman la estructura social, identificadas conceptualmente como generadoras y habilitadores de la competitividad, por lo que las naciones enfatizan su implementación y desarrollo en Planes de Acción y de Cooperación, a escala nacional como internacional.

No obstante, el aprendizaje es una labor que desarrollamos todos los días. De ahí la importancia de rescatar los esquemas de enseñanza y aprendizaje que se logra a través de la experiencia. Día tras día, la persona aprende algo. Es aquí donde debemos preguntarnos, ¿estamos conscientes de lo que aprendemos y cómo lo aprendemos? ¿somos conscientes de nuestra participación como líderes educativos en nuestra sociedad?, ¿cómo podemos fortalecer nuestra capacidad de liderazgo educativa? Esta y muchas otras interrogantes son abordadas en el libro Más allá de las Asignaturas: disruptiva para el siglo XXI. Invitamos al lector a descubrirlo y a descubrirse como agende de cambio y líder educativo, a través de un ejercicio de y análisis de cómo aprendemos, para qué aprendemos, qué aprendemos y por qué aprendemos.

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