El cambio del poder político en este domingo invita a reflexionar sobre qué se espera de su relación con la Argentina, donde vive la sexta comunidad judía más grande del mundo, y la primera de Latinoamérica.

Distintas fuentes consultadas por Clarín afirmaron que no hay expectativas de una mejora ni de un empeoramiento del vínculo por el momento, en el contexto de las inesperadas tensiones bilaterales surgidas por las criticas de la administración de Alberto Fernandez a la reciente embestida de en Gaza, las que motivaron una réplica de Tel Aviv.

Igual, supo este diario pronto habrá desde Buenos Aires un saludo del presidente o de la cancillería para el nuevo primer Naftali Bennett, quien gobernara por dos años, en coalición con Yair Lapid, que gobernará por los otros dos. En cuestiones de seguridad, y con Hamas por ejemplo, Bennett, posicionado a la derecha -y Lapid en el centro- tiene opiniones mas duras que el propio ahora ex premier Benjamin Netanyahu, lo que choca con el sector del gobierno que responde a Cristina Kirchner

Fue en marzo de 2016, durante una de las más grandes sesiones del Congreso Judío Mundial que ha habido en esta región. Eran unos 400 los invitados en los salones del Sheraton Buenos Aires.

Quizás por la ausencia de conocidos entre los políticos locales de entonces, en las fotos y videos de aquel Congreso, se lo ve a Bennett como más lejano o más formal en las fotos grupales.

Pero como era la más alta autoridad que representaba al gobierno de , recibió todas las atenciones, junto a figuras muy conocidas que llegaron al mismo encuentro: el ex presidente Mauricio Macri; el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y el CEO del Congreso Judío Mundial, Ronald Lauder.

Hijo de los fundadores del imperio de los cosméticos Estee Lauder, el magnate decía por entonces que el pueblo judío había “encontrado a un amigo” en Macri, por la alianza que entonces forjó con los israelíes el líder del PRO.

En aquel 2016, Bennett fue el invitado central al acto por el aniversario 24 del atentado terrorista a la Embajada de en Argentina, cometido el 17 de marzo de 1992 (29 muertos). Era del ahora ex premier Benjamin Netanyahu.

Concretamente, de Educación y Asuntos de la Diáspora de su país. Pero ya entonces, dirigentes como el ahora ex titular del Congreso Judío Latinoamericano, Claudio Epelman lo escucharon decir que volvería a la Argentina un día como primer . El deseo aparece ahora muy lejano teniendo en cuenta la política doméstica israelí, más el contexto internacional y bilateral actual.

Bennett asumió este domingo el trigésimo sexto gobierno de , y una de sus promesas sí podrían tener impacto en la Argentina a mediano plazo. Quizás por su anterior cargo como de la Diáspora, quiere poner especial atención a la situación de la comunidad judía en el mundo, a que estén mejor preparadas para enfrentar situaciones que son políticas y sociales.

Es un hecho evidente, que en muchos casos, la dirigencia judía tiene un alto grado de identificación con lo que ocurre en Israel. Y así se vio en la dura conversación que mantuvo el presidente de la DAIA, Jorge Knoblovits con Fernandez hace unos días.

Knoblovits estuvo por primera vez en la Casa Rosada de Alberto F. después de que la cancillería israelí citara al embajador argentino allí, Sergio Urribarri, para protestar contra el voto argentino ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas favorable a una resolución para que se abra una investigación contra Israel por presuntos crímenes de guerra en su reciente embestida en Gaza contra Hamas, que dejó más de 200 muertos.

Dias antes había sido la embajadora israelí Galit Ronen quien manifestó su molestia por un comunicado de la Cancillería argentina que condenó a Israel por el “uso desproporcionado de la fuerza” en un desalojo de familias palestinas de sus hogares en un barrios de Jerusalén Este. Pero no hacia alusión alguna al terrorismo de Hamas. Ronen dijo que este “no” reflejaba el grado de amistad entre los dos países.

A principios de mes, Alberto Fernández envió una carta de felicitación a “Le deseo el mayor éxito para su gobierno”. Y pidió “renovar los vínculos”. Fue un claro gesto de acercamiento.

Aún así hay quienes en la colectividad este lunes digerían alguna bronca porque Fernandez saludara con la velocidad de un rayo el peruano Pedro Castillo sin que en su país lo hayan confirmado aún como presidente, y para el caso de Israel, se tomara su tiempo.

 

FuenteLa critica

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