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El hospital judío de Berlín

Bajo Federico el Grande la condición de los judíos mejora y en 1750 se publica un edicto sobre el estatuto de los judíos en el reinado de Prusia otorgándoles el control sobre sus escuelas, sinagogas y panteones. Unos años más tarde el hospital judío será fundado en su forma moderna.

Sin embargo los verdaderos orígenes del hospital son más remotos. El mantenimiento de hospitales es parte de las funciones tradicionales de las comunidades judías desde la Edad Media. Reservar un edificio especifico donde se acoge a la gente de paso es parte de la tradición de ofrecer un hotel a los viajeros judíos, el Hekdesh, una anexa de la sinagoga. Esta práctica remonta al periodo helenístico, en Tierra Santa, antes de la destrucción del segundo Templo. Con el tiempo este hotel se vuelve un lugar de curaciones.La idea de encargarse de los enfermos de la comunidad se encuentra en la necesidad cuidar a los viajeros enfermos.La organización de asociaciones comunitarias destinadas a cuidar y visitar a los enfermos, el Bikur Holim o a enterrar a los muertos, la Jevra Kadisha es otra de las tradiciones judías que han contribuido al desarrollo de los hospitales.

En 1703 la comunidad construye un nuevo Hekdesch donde la comunidad se encarga de los viajeros y de los enfermos aislados. Esta organización emplea un médico para visitar a los pacientes y un barbero para operar. En 1753, gracias a apoyo de unos judíos berlineses, se construye un nuevo edificio que será ampliado en 1821 y después en 1840. Se enriquecerá con un equipo de 6 médicos y una partera.

Veinte años más tarde por falta de espacio la comunidad decide mudarse en un nuevo edificio más amplio, donde se quedará durante toda la guerra y hasta la fecha.

El papel del Hospital en las deportaciones es múltiple. Cuando el día de Yom Kippur de 1941 los dirigentes de la Gemeinde reciben la orden de participar a la instalación de un Sammellager en la sinagoga, empiezan abriendo una unidad de emergencia con los doctores y enfermeras del hospital. Esta unidad funcionara durante todas las deportaciones.El Hospital proveerá los médicos y las enfermeras necesarias para las inspecciones medicas en el Sammellager y dará los primeros auxilios en las estaciones donde los deportados embarcan.

A fines de 1942 las deportaciones han privado el hospital de varios de sus principales médicos, de los departamentos de dermatología, pediatría, cirugía entre otros. Al principio del año el Hospital ya había presenciado la salida de los escasos empleados no-judíos como la partera. Quedaban algunos fieles a pesar de todas las medidas antisemitas pero fueron obligados a renunciar por orden de las autoridades. A partir de este momento los nazis ya no admiten la presencia de no-judíos. Mientras los nazis se ensañan, durante los años 1942 y 1943 en destruir sistemáticamente todas las estructuras medicas y sociales judías de Alemania, el Hospital se vuelve el último lugar donde van a parar todos los enfermos. Como los nazis prohiben a los judíos ser tratados en clínicas arias, el Hospital tiene que desarrollar nuevos servicios como el de psiquatría, que servirá para tratar a los enfermos mentales, cuando menos los que no han sido deportados o incluidos en los programas secretos de eutanasia. Los demás asilos de Alemania serán clausurados, los enfermos y la casi totalidad del equipo de cuidadores serán enviados directamente a los campos de concentración. Con el tiempo los locos y los enfermos mentales también serán deportados.

Una necesidad similar se hace sentir para los niños.Los nazis cierran todos los orfanatorios del país y la mayoría de los pensionarios terminan en los campos, salvo unos cuantos que se mandan al Hospital. Para prevenir epidemias el Hospital tiene también que prever un servicio de cuarentena aunque ya tiene un pabellón para enfermedades infecciosas.

A fines del año 1942 una parte del Hospital esta confiscada por la Wehrmacht. El servicio de ginecología,la sala de operación, la casa de las enfermeras y el pabellón de los infecciosos son transformados en hospital de reserva de la Wehrmacht( Lazarett N° 147), lo que perturbará más todavía su funcionamiento, ya que en esta época su frecuentación tiende a aumentar.

Los últimos años de la guerra las relaciones entre el Hospital y el Lazarett se revelan sorprendentemente buenas. Los oficiales encargados no eran antisemitas y las relaciones de vecindad no eran desagradables. En su oportunidad el Lazarett entregaba material y recursos al Hospital.Su presencia sostuvo la moral de los médicos y de las enfermeras. Humillados en el exterior por el Gobierno y la mayor parte de la sociedad alemana, hostigados sin cesar en el interior por la Gestapo, encuentran en el Lazarett un equipo médico alemán que les trata como colegas.

De 1945 al día de hoy todos los que se enteran que los nazis han dejado en actividad una institución judía reconocida, un hospital, en una ciudad que Goebbels había declarado “Judenrein” en 1943, están estupefactos. El cementerio judío de Weissensee será la otra única infraestructura funcionando en Berlín bajo el nacional socialismo. Algunos empleados judíos quedados en función le mantendrán de vez en cuando y cavarán la tumba de los pocos judíos berlineses que quedaron el tiempo suficiente, por una razón u otra, para morir. El hospital, teniendo la vocación de preservar vidas judías, es un caso de lo más extraño. Sin embargo, en 1945 sigue funcionando como centro terapéutico en donde médicos y enfermeras judíos asisten a pacientes judíos. A pesar de las redadas repetidas de la Gestapo, las personas todavía presentes en el Hospital lograron sobrevivir al terror nazi.

Aun si en abril 1945 los edificios del Hospital llevan los estigmas de la guerra en su conjunto su aspecto es bastante similar al de 1938, si uno hace abstracción de los daños causados por las bombas, ignorar las transformaciones de los antiguos jardines en una huerta y olvidar los alambres de púas que rodean el pabellón de patología. Cualquier judío de regreso a Berlín puede reconocer el Hospital aunque sea por la inscripción grabada sobre la puerta de entrada, todavía visible hoy día “Krankenhaus der Jüdischen Gemeinde, ( Hospital de la comunidad judía). Sin embargo, en esta fecha la institución hospitalaria ha reducido considerablemente sus actividades de antes de la guerra. Gran parte de su personal ha desaparecido y su perímetro se ha encogido. Inclusive la Gestapo utilizó parte de los terrenos para instalar el último Sammellager de Berlín ( campo de reagrupación de los judíos).

A la llegada de los Soviéticos se puede todavía descubrir los rastros de la organización interna de un hospital, pero las deportaciones sucesivas de médicos y de enfermeras, desde 1942 han reducido sus actividades al estricto mínimo. El equipo médico quedado trabajo sin descanso. Los heridos y los enfermos que hay que cuidar son numerosos, pero en el caos reinante en los últimos días de la guerra el número exacto es imposible de determinar. Se encuentran también arios entre ellos, los primeros que son cuidados en el hospital desde el decreto nazi de 1938 que obligaba a los hospitales judíos a cuidar únicamente a los judíos.

El 24 de abril 1945 los oficiales de la Gestapo huyen del Sammellager, seguidos de un puñado de judíos renegados que vivían con ellos.

Lo más o menos 800 personas presentes para recibir a los liberadores soviéticos forman un conjunto heteróclito. Los archivos nos enseñan cómo llegaron al hospital y nos los presentan por categorías, pero sus nombres nunca han sido registrados. Estas informaciones no levantan el velo sobre el enigma que llevará los nazis a autorizar la puesta en servicio de una infraestructura medica judía durante toda la Solución Final.

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