Diario Judío México - Un sistema tripolar o multipolar es un sistema en el que el poder se distribuye al menos entre tres polos importantes que concentran la riqueza y/o las capacidades militares y económicas, y pueden bloquear, entorpecer o perturbar los principales acuerdos políticos que amenazan sus intereses.

Por ende, en este texto analizaremos cómo este marco de control político, militar, diplomático, económico pero sobretodo geopolítico es una posibilidad verídica y auténtica de desarrollo y extensión real en el mundo actual.

Dentro de un mundo tripolar o multipolar, un polo podría definirse como un actor que tiene influencia en los resultados globales más allá de sus propias fronteras. La tripolaridad o multipolaridad ha llegado a ocupar un lugar destacado en el vocabulario cotidiano de diplomáticos y líderes mundiales. Por ejemplo, la primera cumbre de los BRICS (Brasil , Rusia, India, China y Sudáfrica) en Junio de 2009 expresó su claro apoyo a un orden mundial multipolar más democrático y justo. Los sucesivos comunicados de los BRICS han seguido tocando la fibra sensible, al igual que las declaraciones del Movimiento de Países No Alineados. Para sorpresa en todos, en 2010, la exsecretaria de estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, reconoció que el mundo se mueve hacia un sistema multipolar en contraposición al modelo bipolar de la Guerra Fría. Incluso, el canciller ruso, Sergei Lavrov, declaró en la segunda conferencia anual Rusia-China (2016) que “las relaciones internacionales han entrado en una etapa histórica conceptualmente nueva que consiste en el surgimiento de un orden mundial multipolar y refleja el fortalecimiento de nuevos centros de economía, y de desarrollo y poder”.

Aunque si bien estas manifestaciones revelan una aceptación general de la noción de que la multipolaridad se ha convertido en un concepto ineludible para comprender la dinámica internacional contemporánea, parece haber menos acuerdo sobre cuán inevitable o irreversible es realmente la transición a la multipolaridad. De hecho, algunas de las declaraciones anteriores señalan una renuencia a reconocer la completa desaparición de la unipolaridad. Este es el mensaje subyacente en la elección de palabras de Hillary Clinton cuando habla de un «mundo más multipolar».

Por otro lado, Sergei Lavrov, hablaba de la incapacidad de algunos para reconocer que hoy “un orden mundial unipolar es insostenible”. Ante esto, ¿puede ser que estemos experimentando una cierta superposición de realidades unipolares y multipolares?

Sin duda, Estados Unidos seguirá siendo una potencia mundial formidable en el futuro previsible. En términos militares, es probable que Estados Unidos siga siendo el primero durante décadas, incluso aún cuando China asuma la posición líder en el ámbito económico. Otras economías desarrolladas importantes seguirán ejerciendo una influencia significativa en todo el mundo. En otras palabras, los poderes existentes no deben descartarse como poderes sumergibles. China y Rusia, aunque a veces se describen como potencias emergentes, ya disfrutan del estatus de gran potencia como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Un grupo adicional de naciones, a menudo referidas como potencias emergentes-insisto-, están adquiriendo alcance global, influencia y nuevas capacidades diplomáticas. Ejemplo de esto lo son Brasil, India y Sudáfrica.

El rol en la configuración de las agendas internacionales a través de marcos multilaterales no puede subestimarse como nos demuestran las recientes negociaciones sobre desarrollo sostenible, cambio climático y la crisis epidemiológica que vivimos hoy.

En ciertos aspectos, la transición en curso no debería llevar a una creencia incondicional en la menor relevancia de las capacidades materiales, económicas o militares. Las formas tradicionales de competencia por la influencia hegemónica, mediante la acumulación de armamentos y la búsqueda de ventajas territoriales, seguirán configurando rivalidades a nivel regional e internacional. Paralelamente, la limitación estratégica de la “guerra total” creada por las armas nucleares ahora se verá agravada por las comprobadas limitaciones del poder militar para combatir el terrorismo.

Una de las características más originales de la nueva configuración del poder es el hecho sin precedentes de que una potencia no europea ni occidental asumirá la posición de líder en la economía mundial durante las próximas décadas. El crecimiento económico de China está destinado a traducirse en una mayor influencia diplomática. Lo mismo se aplicará a otras potencias regionales del sur del globo a medida que mejoren su alcance global. Una Rusia resurgente seguirá ejerciendo un considerable poder militar. Una Europa altamente desarrollada puede encontrar un renovado sentido de cohesión con Alemania, España, Francia, Gran Bretaña e Italia a la cabeza. Japón se enfrentará a nuevos dilemas estratégicos, ya sea que la relación entre Estados Unidos y China se vuelva más cooperativa o contradictoria. La forma en que Estados Unidos responda a una nueva situación de relativa pérdida de influencia será de gran relevancia para la comunidad internacional.

No está claro si este nuevo entorno ampliará el espacio para el multilateralismo, la diplomacia y la cooperación. Pero una serie de características que estaban ausentes de las transiciones anteriores dan paso a un marco distinto para las oportunidades más allá de los obstáculos que aparecerán en escena evidentemente. Ciertos factores, que no estuvieron presentes en otros puntos de inflexión, pueden jugar un papel unificador.

Un aspecto transversal importante es el mayor grado de interconexión global entre gobiernos, economías y sociedades a través del comercio, la inversión, las telecomunicaciones, los medios de comunicación y los contactos entre pueblos a través del turismo, dando paso así al intercambio cultural. Aunque la otra cara de esta moneda es el hecho de que este aumento de la conectividad también puede ponerse al servicio de agendas desestabilizadoras.

Por otro lado, entre los elementos unificadores más notables está el desafío que plantean el cambio climático. Esta es una situación que, por primera vez en la historia de la humanidad, ha obligado a la comunidad internacional a enfrentarse a la cruda realidad de que no habrá salvación sin cooperación. Esto no discrimina, y afecta a países grandes y pequeños independientemente de su nivel de desarrollo y no se puede mitigar sin la participación activa de los mayores emisores.

También, el extremismo violento que conduce al terrorismo se percibe cada vez más como una amenaza mundial que requiere esfuerzos internacionales amplios y coordinados.  El fracaso de la llamada «guerra contra el terrorismo» ha creado una mayor conciencia de la necesidad de enfoques armonizados y acordados multilateralmente para frenar el fenómeno. Y ya no solo en el exterior, también en el interior de las fronteras propias.

El brote de ébola de 2014, que provocó miles de muertes evitables, y ahora el COVID-19 han demostrado que el mundo no está preparado y cohesionado para hacer frente a la amenaza que representan las epidemias. Aunque no es una nueva amenaza en sí misma, los efectos sociales y económicos potencialmente devastadores de las crisis de salud en una era de movilidad humana sin precedentes han aumentado el nivel de alerta internacional. El problema mundial de las drogas se considera ahora una responsabilidad común y compartida ya que las naciones en diferentes puntos de la cadena de producción y consumo reconocen los resultados insatisfactorios de la “guerra contra las drogas” y buscan soluciones más efectivas a través de esfuerzos concertados multilateralmente.

Además, es posible afirmar que la sociedad civil está asumiendo un papel cada vez más importante para influir en los debates y agendas internacionales, en contraste con épocas o transiciones anteriores. La aparición en el escenario mundial de un grupo de organizaciones no gubernamentales que promueven causas que van desde la igualdad de género hasta el desarme y la no proliferación representa una evolución histórica que no se puede ignorar.

A diferencia del experimento multipolar eurocéntrico del siglo XIX, un orden mundial multipolar del siglo XXI tendrá un alcance universal. En otros aspectos, sin embargo, los dos períodos pueden llegar a compartir ciertas similitudes.

No es improbable que el nuevo orden mundial multipolar dé lugar a intentos coordinados de frustrar el regreso a una hegemonía unipolar. Es concebible que la rivalidad y la competencia entre las principales potencias militares degeneren en tensiones crecientes que podrían conducir a una inestabilidad generalizada e incluso a la guerra. También es posible imaginar otros escenarios sombríos, específicos del siglo actual, que involucren la posesión de armas de destrucción masiva por parte de actores no estatales. Las presiones derivadas de los grandes grupos de refugiados que huyen de los conflictos y de los migrantes que buscan oportunidades económicas representan nuevos desafíos con repercusiones nacionales e internacionales impredecibles.

El liderazgo de Estados Unidos en capacidades científicas, tecnológicas y militares continúa, sin embargo, su superioridad se erosiona en gran medida. Como en el segundo escenario, las capacidades económicas, científicas, tecnológicas y militares de China se acercan a las capacidades de Estados Unidos.

A pesar de ello,Estados Unidos refuerza su integración económica. Se dan pasos exitosos hacia la integración política y militar.

Sin embargo, Rusia también se convierte en uno de los países líderes militarmente. Su economía se diversifica y se vuelve mucho más competitiva en los mercados globales. El sector energético le proporciona recursos financieros para su economía. Los desarrollos científicos y tecnológicos se aceleran con la ayuda de inversiones cada vez mayores. Los desarrollos científicos y tecnológicos se difunden al desarrollo militar también. Así, Rusia produce sistemas de armas avanzados tecnológicamente comparables a los sistemas de armas de Estados Unidos. Por lo que Moscú también va pisando la cola de progreso estadounidense aunque sea a menor velocidad.

Por su parte, Japón sigue siendo uno de los países líderes en capacidad económica, científica y tecnológica. Mientras que la economía india se convierte en una de las más grandes. Incluso, el rápido crecimiento económico le ayuda a resolver su pobreza y problemas de infraestructura deficiente en cierta medida. Su desarrollo científico y tecnológico, especialmente en el sector del software se acelera. Por lo que también vemos que la periferia global en el plano internacional surge como la espuma también.

Los avances científicos y tecnológicos ocurren en los países más desarrollados, especialmente en la tecnología de materiales, nanotecnología, biotecnología, tecnología de la información y la comunicación y ciencia cognitiva. Estos avances transforman las sociedades de los países más desarrollados como lo hicieron las revoluciones agraria e industrial. Los avances científicos y tecnológicos conducen a mejoras sustanciales en casi todos los aspectos de la vida. Mientras, Estados Unidos protege su estatus de jugador más fuerte en el sector de defensa.

También, China se convierte en uno de los productores de primer nivel de la industria de defensa. Las inversiones y el comercio internacional aumentan, las instituciones internacionales se vuelven más influyentes y el sistema internacional se vuelve multipolar.

Es evidente que la configuración geopolítica es una sin precedentes históricos con ninguna de las tres principales potencias militares-Estados Unidos, China y Rusia-en posición de asumir un papel hegemónico. Por lo que la hegemonía es difícil de conciliar con la democracia y aquí radica el reto mas grande.

Es innegable que en la configuración multipolar emergente del poder, las agendas divergentes y las diversas visiones del mundo seguirán chocando y bien podrían conducir a una hostilidad abierta y una competencia destructiva. Pero también es cierto que todos los días se están produciendo formas de interacción más aperturistas y cada vez más inclusivas sobre cuestiones importantes y unificadoras a través de acuerdos multilaterales que, aunque algunos describen como únicamente liderados por Estados Unidos, en realidad reflejan un camino evolutivo pavimentado con la participación proactiva de muchas naciones sin importar su tamaño.

La “multipolaridad cooperativa” es alcanzable y puede verse como la siguiente etapa, más democrática y justa en el camino evolutivo del sistema internacional. Los logros importantes, obtenidos a través del liderazgo consistente de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, proporcionan una base firme para nuestros esfuerzos futuros. Estos incluyen la prohibición del uso de la fuerza militar, excepto en situaciones de autodefensa o de acuerdo con una autorización multilateral específica, el respeto a la universalidad de los derechos humanos, así como el cumplimiento de un vasto cuerpo de derecho internacional que establece clara y amplias obligaciones en una gama de temas, desde el comercio, las finanzas y la justicia social hasta la salud, la educación y la cultura.

De los tres “pilares” que componen la tríada del campo de actuación de la ONU-desarrollo, derechos humanos, y  paz y seguridad-es posible afirmar que un proceso de modernización y adaptación a las nuevas realidades contemporáneas avanza con éxito con respeto  a los dos primeros. Tal es el significado de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, de aplicación universal, adoptada en 2015; tal es el sentido del Examen Periódico Universal del Consejo de Derechos Humanos creado hace diez años.

En el ámbito de la paz y la seguridad, sin embargo, hay mucho que mejorar. Pero la situación no es “tan” desesperada. El militarismo de los primeros años del siglo XXI ha llegado a ilustrar las limitaciones del uso de la fuerza para enfrentar los nuevos desafíos que plantea el extremismo violento propicio al terrorismo, abriendo oportunidades de cooperación en materia de prevención (como ya mencionamos previamente). Una combinación eficaz de diplomacia multilateral y bilateral ha producido resultados constructivos al abordar cuestiones espinosas como el caso nuclear iraní (aunque a “medias” ya que Irán sigue haciendo lo que quiere en este sentido y sigue financiando al terrorismo en el Medio Oriente) y ha dado paso a que países como Israel logre-de la mano de Estados Unidos-alcanzar la paz con vecinos y ex-enemigos como Emiratos Árabes Unidos, Bahrain y Sudán.

Por supuesto, esto no es suficiente ni irreversible. La multipolaridad no conducirá a un mundo cooperativo más estable en sí mismo. Los mecanismos de gobernanza deben volverse más inclusivos y democráticos. Los más poderosos tendrán que renunciar a la inclinación a verse a sí mismos como “excepcionales” en favor de una proclividad universal, humanista, capaz de celebrar nuestra humanidad común y diversa. Los poderes democráticos emergentes pueden ejercer su creciente influencia diplomática ayudando a tender puentes a través de las divisiones ideológicas y reduciendo las muchas brechas en la comunicación y el entendimiento que separan a los países de diferentes tradiciones culturales o en diferentes etapas de desarrollo económico y social.

Las naciones de todos los tamaños necesitarán obtener beneficios de la igualdad soberana de los estados que se encuentra en el centro de nuestro sistema, a través de marcos multilaterales mejorados y más inclusivos para la toma de decisiones y la cooperación. La sociedad civil deberá disponer de canales adecuados para que sus voces sean escuchadas dentro de los estados e internacionalmente. Una convergencia entre una distribución multipolar de la influencia geopolítica e instituciones multilaterales funcionales que se fortalezcan al enfrentar desafíos colectivos y unificadores ausentes de transiciones anteriores puede conducir a una nueva multipolaridad cooperativa, internacional y sostenible. Con un liderazgo político ilustrado, ingenio diplomático y movilización social, los ciudadanos de nuestras sociedades interconectadas, que esperan estabilidad y oportunidad para realizar su potencial y buscar la felicidad, estarán dispuestos a apoyar esto. Todo en un panorama geopolítico dentro de un marco tripolar o multipolar que va en ruta a la mutación permanente del mundo.

Imagen 1

Imagen 1. Esta imagen demuestra como los distintos estados lideran y emergen en distintos terrenos como lo es el militar, el económico y el industrial. Una demostración más de las tripolaridad o multipolaridad que emerge en la arena internacional.


Referencias

  • Acharya, Amitav (2014). The End of American World Order, Cambridge: Polity Press.
  • Ban-Ki-moon, UN Secretary-General (2013). Remarks at Stanford University, Stanford, 17 January.
  • Clinton, Hillary, US Secretary of State (2010). Remarks at Christchurch Town Hall Meeting with Students and Civic Leaders, Christchurch, 5 November.
  • Deutsch, Karl and Singer, David (1964). “Multipolar Power Systems and International m Stability”, World Politics, 16, (3): 390-406.
  • Schulze, P. W. (Ed.) (2018). Multipolarity: The promise of disharmony. Frankfurt: Campus Verlag.
  • Taylor, A. J. P. (1054). The struggle for mastery in Europe, 1848–1918. Oxford: Oxford University Press.
  • Timofeev, I. (2019, August 6). A new anarchy? Scenarios for world order dynamics. Russian International Affairs Council. Retrieved from https://russiancouncil.ru/en/analytics-and-comments/analytics/a-new-anarchy-scenarios-for-world-order-dynamics/
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José es un soldado en las Fuerzas de Defensa de Israel y actualmente realiza un máster en Geoestrategia Internacional y Terrorismo Yihadista en el Instituto Internacional de Estudios en Seguridad Global-Madrid, España. Además, posee un “Bachelor of Science” en Neurociencias y un Minor en Estudios de Israel por la American University en Washington, DC. Lev ha realizado internados profesionales en la Cámara de Representantes de Puerto Rico, y el Comité Nacional de los "College Republicans" y The David Project en Washington, DC. Además de su interés por la política, la diplomacia y temas de seguridad en el Medio Oriente, José ha trabajado como coordinador de eventos relacionados a Israel para American University Hillel, como asistente de eventos para el Centro de Estudios de Israel de la American University y fue Presidente de “AU Students for Israel”. Recientemente también realizó una pasantía diplomática en la delegación diplomática del Kurdistán Iraquí en Washington, DC. Además de colaborar con este diario, José tiene un blog en el Times of Israel, y ha escrito para periódicos como El Nuevo Día (Puerto Rico), El Vocero de Puerto Rico (Puerto Rico), Latino Rebels (Estados Unidos) y Red Alert Politics (Estados Unidos). José es autor de dos libros: "Panorama Internacional: Una mirada a la geopolítica e historia mundial (2016-2017)" y "Puerto Rico: El nocivismo del insularismo y el colonialismo", y realizó su proyecto de fin de grado en Estudios de Israel sobre las "Las Relaciones de Israel con el Nacionalismo Vasco y Catalán”. José habla y escribe el español, el catalán y el inglés excelentemente, y habla y escribe bastante bien el ladino, el gallego y el hebreo.