Diario Judío México - La derecha ha insistido en que López Obrador es igual que Chávez y que no dudará en convertir a México en la Venezuela II. Sin duda que la derecha solamente rescata las imágenes perturbadoras de la propaganda anti chavista, no mencionan ni por casualidad aquello positivo que hizo el régimen, que sin duda lo hay, como atender a los más desprotegidos, a esos que esta misma derecha no duda en hundir hasta lo más profundo de la inopia como han hecho en México.

Hay que reconocer, como en el caso cubano, que es difícil actuar en contra del asedio de Estados Unidos, y este no solamente no es un tema secundario sino que podría ser lo principal del debate.

La condición en que se encuentra Venezuela, con dificultades económicas e intentos de golpe de Estado son cortesía del bloqueo de Estados Unidos, que sin duda debe tener un interés mayor en el petróleo venezolano y mucho menos que en la promoción de la democracia. Señales de esto nos han dado en Iraq, Afganistán y dónde han inventado fantasmas para invadir y llenarse los bolsillos. ¿Los cientos de miles de muertos? No se preocupen, esos son efectos colaterales.

El nuevo embate contra AMLO utiliza la presencia del periodista Ramos en la conferencia mañanera del presidente, donde se presentó, al parecer sin acreditación; ambos debatieron sobre las cifras de homicidio en el país. AMLO mostró disposición de diálogo, le dio el micrófono para que se escuchara bien su voz durante el intercambio, nada pudo ser más democrático.

Pero no fue así para la derecha que se regodeó diciendo que el presidente había sido puesto en ridículo. Aceptemos que las percepciones difieren, pero luego según su práctica cotidiana pasaron a la mentira. Lanzaron la campañita que sostenía que el gobierno le había quitado la credencial de periodista a Ramos. Quién emite credenciales son los medios de comunicación como forma de abrir puertas y proteger a los miembros de la prensa. Más de uno ha abusado de su credencial, pero eso es parte de la cultura de impunidad nacional, dónde todo mundo busca una cuota, por pequeña que sea para tener influencia.

El gobierno acredita periodistas para dar un cierto margen de seguridad y control y evitar en la medida de lo posible que se cuele alguien que quiere dañar. Por lo visto no es un control muy rígido porque Ramos entró con todo y cámara sin estar acreditado. Así que Ramos nunca fue despojado de lo que no tenía: acreditación. Tampoco fue despojado de ninguna credencial. Tampoco le quitaron su derecho de preguntar o rebatir. Hasta aquí todo lo que no sucedió, pero en las manos de la oligarquía y sus loros que no cesan en su campaña para tratar de desestabilizar al gobierno se distorsionó la verdad y el periodista dejó correr la mentira, para que ésta causara todo el daño posible, con eso se hizo cómplice de este esfuerzo cacerolista y golpista.

A muchos les gusta Ramos porque Trump lo corrió de una conferencia de prensa, otros lo consideran un periodista arrogante que le negó una entrevista a un candidato hispano que no era lo suficientemente importante para él. Otros más están de acuerdo con su trabajo periodístico, pero su entrada a la guerra sucia lo saca del cajón de los periodistas honorables, que los hay aunque en México escasean.

Es correcto y pertinente que los periodistas cumplan con su trabajo hasta el extremo de acorralar políticos de cualquier rango. Es correcto mostrar cifras y discrepar de las que presenta o maneja el gobierno, lo que no es correcto, es animar la mentira para tratar de descalificar al gobierno, y mucho menos convertirse en instrumento de la desestabilización, como hacen cotidianamente los comentocratas mexicanos que salivaban por los billetes que les mostraban desde el gobierno.

Esta campañita busca generar turbulencia, caos, inestabilidad, tratan de tirar al gobierno para llevarnos al Brasil, Argentina, Uruguay de los gorilas dónde se desaparecía y se asesinaba a la gente porque cometía el pecado de pensar distinto.

La oligarquía mexicana es golpista y es nuestro deber atajarla. Nadie dice que no se critique al poder y especialmente al presidente. Pero por ningún motivo podemos permitir que se trate de entorpecer al gobierno para promover una agenda de privilegio e impunidad que ha hundido al país en la pobreza y los ríos de sangre y mucho menos que se nos trate de llevar al mundo de los gobiernos militares y totalitarios, aunque la oligarquía añore a su Pinochet.

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Chair, International Advisory Board for Immigration Studies. U.S.-Mexico Research Program. UCLA. Director asociado de la revista Araucaria. Director del semanario El Reto. Testigo experto en juicios de asilo político y para frenar deportación de mexicanos en Estados Unidos. Posdoctorado en Historia, University of California, Los Angeles. Doctor en Ciencias Política (UNAM). 35 libros publicados y más de 1,000 artículos. Traducido al inglés, francés e italiano. Pionero en varias áreas de investigación: análisis de redes políticas, estudios sobre humor político, democratización en México, temas fronterizos (agua, migración y seguridad) y sobre Crimen Autorizado.