Diario Judío México - En la noche gris de la Edad Media
Entre las llamas de los Autos de Fe
En caminos helados y tormentosos
Un pueblo vagabundea por sus senderos

Como un corazón ansia la alegría saciada
Como gargantas secas que añoran agua
El pueblo torpe buscaba un idioma
Con el parloteo en su lengua lo ansiaba

Tomo prestada la levadura del francés
De la Biblia una medida de miel
Que después de la fermentación y crecimiento
Algo de dulzura seguro dejaría

Un poco de maíz de los eslavos
Un cuenco profundo del alemán
Con manos maternales trabajaron la masa
De ella el Yiddish llego a ser.

De palabras sencillas como modenitas de cobre
De habla simple directa del corazón y la cabeza
La lengua-madre Yiddish surgió
Como pan nuevo fresco crujiente hecho en casa.

Escribió al principio de su poema ’Yiddish’ Leon Feinberg, nacido en Rusia en 1897, sirvió en el Ejército Rojo, fue capturado, logro huir y tras largas peripecias se estableció en Estados Unidos.

En el siglo XIII unos poetas judíos franceses tradujeron poemas litúrgicos hebreos al francés, pero los escribieron en hebreo, idioma estudiado y conocido por casi todos los hombres judíos, así se inició la escritura fonética de otros idiomas con letras hebreas.
Los judíos rezaban en hebreo, pero empezaron a usar otra forma de comunicación entre ellos hecha con retazos de varios idiomas, especialmente el alemán y el hebreo y surgió el yiddish. Pasaron siglos hasta que esa expresión vernácula llego a ser un idioma, necesito dos conflictos ideológicos.

El primero ocurrió en el siglo XVIII cuando la clase media judía de Europa Central descubrió la posibilidad de acceso a la Ilustración e inicio un movimiento paralelo en el judaísmo: La Haskala para modernizar la vida judía bajo la bandera del hebreo el idioma respetado de la religión. Mientras, el yiddish, como lengua de las masas retrasadas que vivían en el mundo semifeudal slavic y como lengua cotidiana del movimiento Jasidico, diametralmente opuesto a la Haskala, se volvió objeto de su disgusto, calificado como jerga y “derivado bastardo” del alemán.

La Haskala, igualmente hostil al concepto de cultura judía e identidad étnica, se inició en Alemania con Moisés Mendelssohn para “llevar a los judíos…a la amplia carretera de la cultura humana”, la oposición al yiddish fue uno de sus principio cardinales, en Alemania dejo de hablarse, pero en Europa Oriental, la única lengua de comunicación entre la gran mayoría de los judíos del ghetto era el yiddish y concluyeron que era más adecuado adelantar a la masa a su emancipación usando el yiddish. Los escritores cambiaron dramáticamente al yiddish, escribían en yiddish, en hebreo o en otro idioma.
1864 se ha designado como el ano de la inauguración del periodo moderno del yiddish. Reconocido como idioma formalmente con la aparición de la primera novela de Mendele Mojer Sfarim: Kleine Mentchelaj – Personas Pequeñas-,

La segunda lucha del yiddish por ser respetable ocurrió con los cambios sociales y económicos en Europa un siglo más tarde. Entre los judíos surgieron nuevas ideologías y sentimientos nacionalistas. El movimiento socialista más significativo se dio en Polonia: el Bund, cuyo impacto fue más cultural que político y fue el defensor infatigable del yiddish. En cambio, el movimiento sionista estaba profundamente entregado al hebreo como idioma nacional en la restauración de un hogar judío en Palestina. El yiddish otra vez despreciado se convirtió en representante de la Diáspora y su mentalidad.

Mientras el Bund y el sionismo luchaban por la alianza de las masas. El yiddish renació con fuerza asombrosa encabezado por escritores al frente de un numeroso grupo en el nuevo mundo a donde los había llevado una emigración explosiva.

Los logros de esos intelectuales idealistas en los primeros cuarenta años del siglo XX son extraordinarios. Su sueño era realizar una transición de la vida judía de su base de provincia a una cultura nacionalista, moderna de alcances mundiales con el yiddish como su lenguaje de vida y creatividad. El yiddish se escuchaba en las calles de las ciudades y en los caminos rurales. Se establecieron escuelas en yiddish, maduro la academia en yiddish, la prensa creció a una gran circulación y variedad, el teatro floreció y la literatura alcanza una profundidad y estatura que todavía no ha sido reconocida en su importancia.
El horror y la destrucción de la vida judía en Europa Oriental por los nazis termino con esa versión. El resurgimiento del hebreo en Israel y la “escritura judía” en otros idiomas abrió nuevos canales de creación y el yiddish parecía condenado a desaparecer….Pero…

A partir de los años 60 apareció un movimiento aislado, silencioso que fue ganando popularidad y en los 70 ya se podía hablar de un nuevo renacimiento del yiddish en las universidades y otros centros de estudio que ofrecían cursos de yiddish o literatura yiddish en inglés, en películas como el Violinista en el Tejado, en obras teatrales como el Dibuk o en libros que estudian y difunden su literatura.

La literatura en yiddish está enraizada moralmente en un pasado milenario, los judíos de Europa Oriental, aislados del mundo en torno, encontraban su fuerza en su interior compartido con otros judíos, en sus reservas espirituales, a pesar de dificultades sin fin y persecuciones violentas, sin hogar, llegaron a formar una sociedad coherente de características únicas. De su tradición ética tomo y desarrollo lo humano, la afirmación de la vida, el respeto por el hombre y se esforzó por darle cuerpo a esa ética en los patrones de su vida.

La concepción de lo que debe ser el hombre está implicada en la palabra mentcsh, cuya traducción no alcanza su significado, -ser humano o persona-. Memtch es el adjetivo de mentchlejkait, una forma de constelación de premisas y valores. Se basa en el sentido talmúdico de la inocencia original del hombre que es visto sin la carga de cualquier pecado, con su capacidad innata de responder a una inclinación al bien o al mal. Un sentido del bien que ve la victoria del mal como temporal, resultado de presiones o circunstancias exteriores o presiones interiores de enfermedad o aberración. Con la certeza de la superioridad del hombre sobre el mal, la victoria del bien resulta de la aplicación estudiada de los valores morales e intelectuales de la mentchlejkait.

No se engañaban con la inminencia del triunfo de la justicia universal, eso se lo dejaban al Mesías, pero estaban convencidos de la posibilidad de la fidelidad del hombre a su mente.
Las obligaciones y cualidades centrales están comprehendidas en la compasión: sentir el dolor de los seres vivos, la obligación de no imponer dolor innecesario al hombre o bestia, tener una gran aversión a la violencia, desconfianza profunda de su eficacia ulterior. La fuerza bestializa, la victoria es de la razón y la moralidad

Otra cualidad de igual importancia es la responsabilidad por el otro. Todos los hombres son responsables uno por el otro, es social e individual. Insiste en la responsabilidad emocional y compromiso social. El énfasis central está en el respeto fundamental a la humanidad ordinaria. Una vida moral es en sí salvación espiritual. Mentchlejkait es en sí su recompensa suficiente y el hombre por terrible que sea su pasado siempre es redimible, no por la fe, sino por sus actos.

Los objetivos de la literatura en yiddish, como literatura del siglo XX está en la variedad de sus temas, en sus intereses universales confrontando –y tal vez desconcertando- con la sabiduría del hombre como mentch

Las nuevas generaciones americanas están volviendo a la herencia intelectual de sus antepasados inmigrantes de los siglos XIX y XX, con un reconocimiento del yiddish que tal vez sea una contraparte a la búsqueda contemporánea de una inocencia perdida y de un mundo más simple, más genuino y encontrar alternativas para un mundo conflictivo

Al final de poema, Leon Feinberg dice

Nos elevamos en todos los tramos
Jóvenes y frescos vamos cantando
En borbotones de mil esfuerzos
Y doquier se escucha nuestro canto

Por encima de las alturas y las profundidades
Sin temor al peligro o a la muerte pisamos
Y la canción de nueste lengua madre yiddish
Se eleva como pan nuevo fresco crujiente, hecho en casa.