Diario Judío México - Según la investigación, el templo disponía de un patio donde se encontraron amplios restos de culto, incluidos un altar, una mesa de ofrendas y un pozo lleno de huesos y cenizas. Fue descubierto en el 2012 por arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades de , pero las investigaciones comenzaron en 2019.

Un complejo de templos de la Edad de Hierro, descubiertos uno encima del otro en Tel Moza, situado cerca de Jerusalén (), puso en duda la teoría de que el  fuera el único sitio de culto centralizado en la región del antiguo Reino de Judá. Esta conclusión fue revelada por una investigación recientemente publicada en la revista Biblical Archaeology Review por un equipo de arqueólogos de la Universidad de Tel Aviv y la Autoridad de Antigüedades de .

“Nuestro análisis de los hallazgos arqueológicos y los textos bíblicos demuestran claramente que el templo en Moẓa se ajustaba a las antiguas convenciones y tradiciones religiosas del cercano Oriente y las representaciones bíblicas de los lugares de culto en toda la tierra”, escribió Shua Kisilevitz, una de las principales autoras del estudio.

“Ha quedado claro que templos como el de Moẓa no solo pudo, sino que también debe haber existido durante la mayor parte del período de Hierro como parte de la construcción religiosa oficial, sancionada por la realeza”, agregó Kisilevitz.

Los arqueólogos revelaron que el lugar donde se ubica —identificado como la ciudad bíblica de Moẓa— sirvió como centro administrativo para el almacenamiento y la redistribución de los granos. Asimismo, a medida que su función como granero se intensificó, se construyó un templo para garantizar el éxito económico y fortalecer el control de los líderes locales sobre la comunidad alrededor del centro económico y cultural.

“Sugerimos que el templo de Tel Moẓa fue la iniciativa de un grupo local, que inicialmente representaba a varias familias extensas o quizás pueblos que se unían para reunir sus recursos y maximizar la producción y el rendimiento”, indicaron los investigadores.

Según se informa, el templo disponía de un patio, donde se encontraron amplios restos de culto, incluido un altar, una mesa de ofrendas, un pozo lleno de huesos y cenizas, un conjunto de vasijas y cuatro figuritas (dos de aspecto humano y dos de aspecto animal).

“Cualquier cosa que se utilice en un templo, los animales o los vasos, está impregnada de simbolismo religioso y se vuelve sagrada por sí sola cuando se usa en rituales religiosos”, señaló Kisilevitz.

Los arqueólogos pretenden seguir con las excavaciones en las próximas primaveras del 2020 y 2021, ya que partes de las paredes aún están cubiertas. Además, en sus planes entra averiguar cuándo se detuvo su uso como sitio de culto. Según la arqueóloga, sería “un tema clave” para la investigación.

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