La perspectiva sugerida por el título gana validez cuando se ponderan las circunstancias y factores que en estos días modelan el juego electoral que en la próxima semana tendrá lugar en . Conforme a encuestas confiables ningún partido obtendrá la mayoría necesaria para concertar una sólida coalición gubernamental.

Por ejemplo, se estima que el Likud ganaría apenas 28 escaños en la Knesset y en tal caso sus entendimientos tradicionales con los sectores religiosos no serán suficientes. Deberá entonces enhebrar entendimientos con dos agrupaciones adicionales que suscitan filosos interrogantes.

Una es la neokahanista jefaturada por Ben Gvir que exige la anexión inmediata de los territorios hoy bajo supervisión militar, aspiración que si es satisfecha conducirá a filosas tensiones con la Autoridad Palestina y, en particular, con Washington. Por añadidura, es difícil imaginar al líder de este partido compartiendo lugar en el gabinete con el actual ministro de Policía cuyas preferencias sexuales le resultan intolerables.

La segunda agrupación representa a parte de los ciudadanos árabes y es dirigida por Abas Mansur a quien Netanyahu le habría prometido un alto puesto ministerial si se inserta en su coalición. En tal caso cabe preguntar si esta figura acertará a compartir el poder con un personaje como Ben Gvir para quien el odio visceral al árabe forma parte de su formación ideológica.

Si estos entendimientos no son factibles cabe imaginar un alternativo aunque difícil entendimiento gubernamental. En este caso, el liderazgo sería ejercido por líderes- hoy en franco duelo- como Saar, Bennet y Lapid que coinciden- más allá de las diferencias que vocean – en resistir el gobierno de Netanyahu por considerarlo corrupto. A este improbable entendimiento se uniría la fracción de Ganz si obtiene el mínimo necesario para ingresar a la Knesset.

Son escenarios que exhiben en los días que corren flacas perspectivas. Si algunos de ellos no cristalizan, un quinto torneo será imparable e implicará ingratos resultados en la economía, en la defensa  y en la unidad del país.

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Invitado por la UNAM llegué a México desde Israel en 1968 para dictar clases en la entonces Escuela de Ciencias Políticas y Sociales ( hoy Facultad). Un año después me integré a la CEPAL con sede en México para consagrarme al estudio y orientación de asuntos latinoamericanos. En 1980 retorné a Israel para insertarme en las universidades Tel Aviv y Bar Ilán. En paralelo trabajé para la UNESCO en temas vinculados con el desarrollo científico y tecnológico de América Latina, y laboré como corresponsal de El Universal de México. En los años noventa laboré como investigador asociado en el Colegio de México. Para más amplia y actualizada información consultar Google y Wikipedia.