El  será el más grande e importante de la , y también uno de los pocas galerías sobre el horror nazi dirigidas por una comunidad judía en todo el mundo. En este lugar se narrará la vida de los judíos que vivieron en la ciudad antes, durante y después de la tragedia.

El primer espacio permanente sobre el de la península es un proyecto impulsado por la Comunidad Judía de (CJP/CIP), una organización integrada por alrededor de 500 judíos procedentes de 30 países. Las pertenencias de sus antepasados, víctimas de la Inquisición y del nazismo, serán las piezas más personales de un nuevo museo que exhibirá y contará sus historias.

UNA COLECCIÓN DE RECUERDOS FAMILIARES

Las familias judías de han cedido una herencia atesorada durante generaciones. Los objetos, fotografías, documentos y cartas de sus padres y abuelos se expondrán como testimonios históricos de gran valor sentimental.

Las paredes y las vitrinas retratarán la faceta más humana de la ; la vivencia de los judíos portuenses que padecieron la Shoá (“la Catástrofe”, en hebreo).

Jonathan Lackman, miembro de la CJP/CIP, compartirá a través del museo el sufrimiento de su abuela, rescatada del campo de concentración donde murió Ana Frank. Isabel Lopes, otra integrante de la comunidad, dejará en estas salas la anécdota de cómo su abuelo invitaba a comer y a cenar a su abuela, una refugiada que atravesó los Pirineos para afincarse en Oporto.

El museo albergará un jardín vertical que simboliza la vida judía antes del nazismo, seguida de una reproducción de los claustrofóbicos dormitorios de Auschwitz y una habitación con las paredes grabadas, desde el suelo hasta el techo, con los nombres de cientos de víctimas del . Un memorial con una llama siempre encendida las honrará eternamente.

Entre todas estas piezas se encontrará también una valiosa compilación de 400 expedientes pertenecientes a judíos que pasaron por la ciudad portuguesa, además de dos rollos de la Torah que los refugiados lograron salvar de la persecución nazi.

El cine del museo proyectará imágenes y vídeos reales de la tragedia. En el centro de estudios y la sala de conferencias se fomentará la investigación sobre el para preservar una memoria imborrable.

Hugo Miguel Vaz, conservador del Museo del de Oporto, explica a Traveler.es que “el museo no tiene intención de ser un mero equipo cultural para transmitir simples contenidos básicos, sino un ‘organismo vivo’ en el que participarán varios agentes”.

CULTURA PARA EVITAR QUE LA SE REPITA

El objetivo de la CJP/CIP, que también administra el Museo Judío de Oporto, es enseñar a estudiantes, educadores y al público general el desde la perspectiva judía: un relato de la Segunda Guerra Mundial protagonizado por refugiados y víctimas que conocieron los guetos y los campos de concentración.

La motivación detrás del proyecto, llevado a cabo en cooperación con la ONG internacional B’nai B’rith y otros museos del Holocausto (Hong Kong, Moscú, y Europa, entre otros) es impedir que el horror vuelva a suceder.

La comunidad judía de se propone, a través de este espacio, “luchar contra el revisionismo histórico que busca negar el y trivializar el papel de los judíos”, así como “combatir el en todas sus formas”, según se explica en su página web.

Charles Kaufman, presidente de B’nai B’rith, define el nuevo museo del como “un testimonio de la herencia judía y de su resiliencia”, y expresa su deseo de que sirva como “un faro para y el resto de Europa”.

LA INAUGURACIÓN, TRUNCADA POR EL CORONAVIRUS

La pandemia frenó una apertura del museo que iba a coincidir con la celebración del Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

El museo abrirá en cuanto relaje las restricciones por el coronavirus. Estará ubicado en el número 790 de la Rua do Campo Alegre, muy cerca de la Sinagoga Kadoorie, lugar de culto de la CJP/CIP que también es, curiosamente, el mayor templo judío de la y uno de los más grandes de Europa.

La entrada al museo será gratuita para todo el mundo. La comunidad espera recibir 10.000 visitas anuales, las mismas que tenía la sinagoga antes del coronavirus.