Diario Judío México - San Sebastián, (23 septiembre 2011).- Con mucha expectación y con aplausos fue recibida la premiere mundial de Las Razones del Corazón, del director de cine mexicano Arturo Ripstein y con guión de Paz Alicia Garcíadiego, en el Festival de Cine de San Sebastián.

A primera hora fue proyectado el filme en el Teatro Victoria Eugenia y desde más de una hora antes la gente hizo cola en el emblemático Centro de Convenciones del Kursaal para esperar la segunda proyección de la película.

Al hablar de su última película, adaptación libre de los dos últimos días de Madame Bovary, el cineasta mexicano Arturo Ripstein destacó que probablemente uno de los personajes más conocidos de la mundial sea el de Emma Bovary, y al mismo tiempo, “qué duda cabe”, uno de los más desconocidos.

Aseveró que una lectora desapasionada el día de hoy de Madame Bovary, de Gustave Flaubert, nos revela a un personaje poco o nada admirable: egoísta, trepadora, infantil, ilusa, pero pocos, apuntó el cineasta, se atreven a externarlo en voz alta.

“Nadie puede rebelarse contra Emma Bovary. Mal pensar de Emma es mal pensar de Flaubert. Punto y basta”, expuso.

“Esa confusión nos ha llevado a una ecuación curiosa: reverenciar, justificadamente, una novela cruel e implacable, como injustificadamente a su personaje central, la adúltera fatua e ilusa”, añadió.

Ripstein aseguró que llegó a esas conclusiones la última vez que leyó “Madame Bovary”, hace un par de años e impulsado por la misma visión concluyó que el personaje con el que podía identificarse más fácilmente era el del marido: el señor Bovary, tan desdeñado, tan resignado.

En ese escenario, Ripstein explicó que en Las Razones del Corazón empezó a trabajar en una historia de adulterio visto desde los ojos del marido cornudo, pero aún así “Emma surgía”.

“Muchas veces traté de deshacerme de ella y centrarme en el marido desdeñado. Tantas otras volví a ella”, reveló el cineasta, quien compite por la Concha de Oro en esta edición del Festival de Cine de San Sebastián.

‘Hoy, luego de haber cedido a los reclamos de Emma, luego de haber seguido sus cuitas y sus desesperos, me pregunto cómo hizo para amarrarme a su enagua”, confesó.

‘Fue la angustia de Emma, fue su pacto morboso con la muerte a la que aparentemente estaba buscando lo que me hipnotizó”, respondió él mismo.

“Emma me enamoró con su angustia, con la certeza de las pocas horas que le quedaban por delante. Porque esta mujer de tan pocas luces y alcances, frente a la muerte alcanza una extraña lucidez y amarga sabiduría que desdicen de tajo sus largos años previos”, expresó.

“Y es en ese enfrentamiento, frío, duro y cortante con el destino que ella misma se ha perpetrado lo que al final de cuentas me llena el alma y los ojos, y uno que es cineasta responde mucho más a los ojos que al alma”, abundó.

“Puede decirse que yo y los de mi especie pensamos con los ojos, sentimos con la mirada”, hizo hincapié Ripstein al explicar su película.

Afirmó que por eso se dedicó a tratar de capturar la “rabiosa desesperación” de Emma durante sus últimas 48 horas de vida.

Traté de preservar la extraña mezcolanza de motivos que llevan a alguien, una mujer endeudada, un adolescente reprobado, un hombre despedido, a tomar una decisión irreversible: la muerte por propia voluntad, puntualizó.

“Su muerte es una gran puesta en escena. Una tragedia agridulce que resume a las paradojas de la vida misma. Luego, al margen, la vida de todos los días sigue adelante”, concluyó.


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