Diario Judío México - Marie Langer, llamada Mimí por sus allegados, abrazó las tres grandes doctrinas del compromiso intelectual del siglo XX: el Freudismo, el marxismo y el feminismo. Altiva, inteligente y valiente, así como sensible al sufrimiento físico y la miseria económica, durante toda su vida luchó contra el fascismo y la esclerosis del Freudismo ortodoxo, sin perder sus cualidades de clínica.

El 31 de agosto de 1910 nació Marie Langer en el seno de una familia judía de la alta burguesía de Viena, de padres ateos, pacifistas e ilustrados. Se crió en una Viena “roja”, con gobierno socialdemócrata, donde la gente cantaba en las plazas La Internacional junto con el himno austriaco. Pocos años después, el ascenso del nazismo oscurecería el panorama político.
Marie Langer terminó su carrera de medicina en 1935 y trabajó como anestesista con un ginecólogo comunista. Pese a venir de una familia rica y muy educada, le pesó ser judía pues, entre otras cosas, el creciente antisemitismo le impidió ingresar a estudiar psiquiatría en un hospital. Este obstáculo la enfiló hacia el psicoanálisis. Dividida entre su activismo clandestino y su proceso analítico, agradeció que su analista la diera de alta, pues “mientras ardía el mundo no era tiempo de mirarse el propio ombligo”.

En julio de 1936 estalló la guerra civil española. Junto con su compañero, Max Langer, se sumó a las Brigadas Internacionales. Ella negaba que su decisión hubiera sido un acto heroico pues en realidad le salvó la vida al evitarle ser perseguida por los nazis. Pese a todo lo que vio en España, Marie Langer fue feliz el tiempo que estuvo ahí. Al contrario, su estadía en Francia, adonde los Langer habían ido a comprar para los republicanos unos aparatos para hacer prótesis, fue la peor época de su vida: el dinero para las máquinas no llegaba, la República iba perdiendo la guerra, y después de un parto prematuro se había muerto su hijita. Cuando Lázaro Cárdenas abrió las puertas de para los refugiados, los Langer decidieron venir. Pero el consulado tardó tanto en hacer efectivo el ofrecimiento que partieron primero para Uruguay. Al arribar a Montevideo, les llegó el visado para . Pasarían casi 40 años para que Marie Langer se asilara en nuestro país refugiándose del fascismo, ahora del argentino.

De Montevideo la familia Langer emigró a Buenos Aires, donde Marie colaboró en la fundación de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Cercana a las posturas de Melanie Klein, estudió los mecanismos psicosomáticos del embarazo, el aborto espontáneo y el parto prematuro para publicar en 1951 su famoso libro Maternidad y sexo. La maternidad, la propia (seis hijos) y la de las demás mujeres, sería una de sus inquietudes primordiales.

En 1965 muere su marido y eso le permite involucrarse más en el activismo de izquierda. Su radicalismo la lleva a cortar con la organización que fundó, la APA, de la cual sale en 1971 haciendo una renuncia política con el grupo Plataforma. En plena dictadura entra como profesora a la cátedra de psicología médica, de la Facultad de Medicina, pero en octubre de 1974 la situación argentina empeora y la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) la amenaza. Todos, familiares y amigos, la empujan a venir a .

Marie Langer, se exilia en la Ciudad de en 1974, donde muchos de sus amigos y “formandos” le dan las facilidades para establecerse. A partir de entonces, comienza a colaborar en varias instituciones de formación psicoanalítica como la AMPAG (Asociación Mexicana de Psicoterapia de Grupo), el CPM (Círculo Psicoanalítico Mexicano), los Centros de Integración Juvenil, y por supuesto en la Universidad Nacional Autónoma de .

Llega en pleno despegue del feminismo de la segunda ola. Participa en el Año Internacional de la Mujer como ponente ante la ONU y colabora solidariamente con nuestras causas. Adelantándose a las feministas interesadas en el psicoanálisis y a las psicoanalistas interesadas en el feminismo, Marie Langer abrió vasos comunicantes entre ambos campos. Defendía el psicoanálisis frente al enojo feminista por el supuesto patriarcalismo de Freud. Nos convenció de que “no es para tanto, el psicoanálisis sirve para tantas cosas, para autoconocerse, para pensar la vida y la política…” Muchas se lo agradecimos entonces y se lo seguimos agradeciendo hoy en día.

Pero más que el feminismo, lo que realmente volvió a apasionarla fue la lucha de los sandinistas en Nicaragua. “Es la tercera vez en mi vida que escucho el ¡NO PASARÁN!, y pasaron dos veces: en España y en Chile. No puedo permanecer pasiva ante tan inmensa e impune agresión”. Desde acá armó el Equipo de Mental -Nicaragua que iba todos los meses a trabajar en el proceso de reconstrucción. “Sabes”, me dijo una vez, “allá no soy joven ni vieja, soy… atemporal. Lo vivo como si la República española, la vieja República, hubiera ganado la guerra y yo estuviera colaborando en la reconstrucción”. Por suerte no vivió el decepcionante proceso de corrupción y deterioro del gobierno sandinista actual. Con esa extraordinaria capacidad que tenía para juntar los pedazos de su vida, y sabiendo lo irremediable de su enfermedad, Marie Langer quiso regresar a Argentina, a la casa donde había pasado los mejores años de su vida familiar. Murió allí el 23 de diciembre de 1987, a los 77 años.

Marie Langer enfrentó de manera valiente y admirable los conflictos inherentes a la condición femenina, en general, y a los de una clase ilustrada en particular. Su vida apasionada y comprometida, sus inquietudes intelectuales y políticas, sus desafíos y logros como mujer, como madre, como profesional y como internacionalista han quedado en la memoria de muchos. Al cumplirse cien años de su natalicio, quienes la conocieron, respetaron y amaron le rindieron homenaje el martes 31 de agosto de 2010 en el Auditorio Luis Lara Tapia de la Facultad de Psicología de la UNAM.

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