En su edición #35 la Feria Internacional del Libro de Guadalajara tuvo no únicamente una mujer de la comunidad judía mexicana exponiendo acerca de su perfil y obras dentro del marco del festival de las letras, sino también de su perspectiva y empoderamiento de la sororidad que ha sido afectada durante la pandemia, y nos referimos a .

Justamente en el día de arranque de la feria, sostuvo una mesa redonda muy relevante titulada “Literatura en la pandemia: sororidad en el encierro”, compartiendo panel con las escritoras Ethel Krauze, Cristina Liceaga, Mónica Castellanos y Mónica Salmon. En este espacio, Goldberg compartió a la audiencia su perspectiva del impacto de COVID 19  a la comunidad de escritores, lectores, y en general, a toda la comunidad perteneciente a la constructiva industria de la lectura, con las siguientes palabras:  “dentro del mundo de la literatura, la trajo con su encierro, la frustración de presentaciones de libros canceladas, de firmas con lectores pospuestas y de promociones suspendidas, pero en el lado positivo, nos regaló tiempo, ese que nunca era suficiente para leer y que ahora nos acercaba a los libros como compañía”. Por otro lado, en la parte complementaria de abordaje durante la mesa, de parte de Diario Judío, se le acercó la intención de profundizar en el tema de la sororidad, a lo cual con la sencillez que caracteriza a la escritora, nos compartió lo siguiente ante nuestra ingenuidad o ignorancia acerca del concepto y su evolución: “Hablar de Sororidad es plantear una especial forma de apoyo, es la amistad entre mujeres que ni siquiera son amigas pero que hacen alianzas para compartir, y sobre todo, para incorporar temas relevantes y hacerlos visibles”.

Uno de los puntos más relevantes de su experiencia en el tema de la conexión entre la literatura y la sororidad fue el haber compartido a la audiencia que justamente, el dieciocho de octubre del año pasado, diecisiete autoras y promotoras de la lectura mexicanas se unieron por zoom para festejar el Día de las Escritoras; de ese encuentro salió el movimiento ahora conocido como “Las hijas de la pandemia” , con el que esperan reivindicar la escritura femenina, generar conversaciones, visibilizar el mundo de la literatura e inspirar otros espacios.

compartió ante el foro tapatío un texto que escribió inspirado en estos encuentros de sororidad y que con gusto también lo comparte a sus lectores en Diario Judío:

Ensartando vulnerabilidades

Además de escritora, mañosa psicóloga tenía que ser quien prendiera la mecha en este grupo de mujeres unidas por una misma pasión, la literatura. No que se necesite mucho para provocar un diálogo profundo y pleno de metáforas en un grupo así, pero la pregunta, que parecía hecha con ligereza y al aire, llevaba intención. Perceptivas como somos, la cachamos no sólo con el oído, sino con todos los sentidos.

¿Qué les angustia en esta pandemia?

Valientes, maduras, terrenales, honestas y sensibles, las respuestas fueron tomando su turno.

Yo escuché con atención, atraída por la variedad de miradas, de conceptos y de sentires que se desencadenaron ante la interrogante; haciendo además un ejercicio empático que me comenzó a calar.

Me tocó hablar al final y boquiabierta por las experiencias que cada una de estas admiradas mujeres relató, tomé la palabra:

Agradezco no ser una niña. En mi memoria subsisten los recuerdos de juegos callejeros, de lamer la paleta de mi amiga, de abrazar a mis abuelos. Jugué con las manos sucias, me quejé de tener que despertar temprano para ir a la escuela, acudí a todo tipo de clases por las tardes, y al circo y al parque a andar en bicicleta. Me angustian los niños que, a su corta edad, se tienen que preocupar por un virus que no se ve, pero que está tan presente que se ha dedicado a robar infancias y sonrisas detrás de una careta. En su niñez vivirá por siempre un monstruo con Corona.

Agradezco no ser una joven novia cuya boda ha sido aplazada ya tres veces dejando en una funda vestido, velo e ilusión.

Agradezco no ser una adolescente que se quedó sin brindis, sin toga y sin birrete.

Agradezco no ser un adulto mayor, cuyos últimos días corren en la soledad de un sillón.

Agradezco el oficio, las letras y la palabra que me han mantenido cuerda, que han dado quehacer a mis días y a infinidad de noches en vela.

Agradezco el tiempo, y que no se me hayan hecho añicos las ilusiones.

Agradezco no tener prisa y estar en esta cadencia de calma que he decidido perpetuar, con o sin encierro.

Agradezco que en esta debacle, que ya marcó un antes y un después, nos hayamos encontrado.

Agradezco el ensamble de diálogos que unen nuestras voces en la frustración compartida de limitaciones impuestas.

Agradezco su capacidad auditiva y poder expulsar el enojo en un lugar seguro cobijado por amistades añejas y por otras recién descubiertas.

Agradezco “Nuestro Rancho”, ese confesionario en el que encaramos miedos, temblando, pero juntas, con la confianza de que nuestros rasgos son transparentes, aún detrás de la pantalla que nos une y nos separa.

Encuentro de plumas que lo pueden todo mientras garabatean ideas y construyen una memoria común. ¿Nos habríamos encontrado en circunstancias normales? ¿Habríamos creado nuestro lugar? Nunca lo sabremos, pero la verdad, lo dudo, así que, una cosa más que agradecer.

Y como el escritor es un escucha y observador de la vida, para luego interpretarla en tinta, aquí les dejo mi texto, traducción de esa noche en que nacimos Las hijas de la pandemia.

Integran este grupo: Ethel Krauze, Sophie Goldberg, Victoria Dana, Tamara Trotner, Sofía Segovia, Mónica Hernández, Mónica Salmón, Gabriela Riveros, Cristina Liceaga, Rayo Guzmán, Mónica Castellanos, Claudia, Marcuceti, LigiaUrroz, Paulina Vieitez y las promotoras y booktubers Nadia Jimenez, Valentina Trava y Maura Gómez.

Para la escritora de obras tan sugeribles como Vida y Pasiones, Lunas de Estambul y Jardín del Mar, esta FIL también representó una agenda muy vibrante, teniendo acercamiento con sus lectores y audiencia interesada en su propuesta de sororidad literaria en Librerías Gonvill, Club Atlas Colomos y Sanborns en la serie Charlas con Café. Asimismo, aprovechó encuentros muy significativos para conversar acerca de sus libros con John Boyne, autor de el niño de la pijama de rayas, y con el gran novelista, Francisco Martin Moreno, quien escribió en la contraportada de su novela “El jardín del Mar”.

Gracias por su atención y espero su respetuosa opinión en el espacio de Diario Judío o en la cuenta de twitter de un servidor:  @PabloQZepeda

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Licenciado en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente. En cuanto a experiencia internacional ha tenido estudios de intercambio con la Universidad de San Diego, California; y la Universidad Alberto Hurtado en Chile. Estudió el idioma alemán en la ciudad de Münster, Alemania y trabajo para el Consejo de Promoción Turística de México en la ciudad de Frankfurt. En aspectos relacionados con el judaísmo ha colaborado con el Proyecto Shagriria de Argentina (Jóvenes Embajadores de Israel en la Diaspora), con el Proyecto Judische Stammtisch en Münster, Alemania; con Jewish Experience y Honestly Concerned en Frankfurt, Alemania. También ha participado en diálogo entre árabes e israelíes en la organización YaLa Young Leaders, parte del Shimon Peres Centre for Peace Institute. En medios de comunicación ha trabajado en funciones administrativas y de producción para Radio Fórmula Guadalajara, en conducción y análisis de temas internacionales para Megaradio, y ha colaborado con Diario Judío como columnista y periodista desde Agosto del 2015, cubriendo temas de: política internacional, inclusión, innovación, juventud y negociaciones de paz entre Israel y los países árabes. Además ha trabajado en la cobertura en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.