En Jerusalén, ciudad desgarrada por los conflictos, el club de fútbol Hapoel Katamon se ha hecho un lugar entre los grandes promoviendo valores de tolerancia y mezclando jugadores judíos y árabes israelíes desde la infancia.

“Lo que nos caracteriza son nuestros valores, que son la base del club tanto para los jugadores como para los aficionados”, explica uno de los fundadores del Hapoel Katamon, Shay Aaron, exjugador profesional convertido en director deportivo del club.

“Predicamos la antiviolencia, el antirracismo, el darse uno mismo y el vínculo entre los diferentes sectores de la población”, explica.

“Para nosotros, la nacionalidad, la etnia o la religión de los jugadores no tiene ninguna importancia”, continúa, haciendo alusión al hecho de que el gran equipo del Jerusalén, el Beitar, se niega a fichar a jugadores árabes. Los árabes israelíes son los descendientes de los palestinos que se quedaron en su tierra tras la creación de .

Mahmud Awiset, de 19 años, que vive en Jaber Mukaber, un barrio árabe de Jerusalén del que son originarios varios autores de ataques contra judíos israelíes, no tuvo en cambio ningún problema para fichar por Katamon.

“Al principio, mis vecinos no entendían mi decisión pero ahora todo va bien ya que el Hapoel Katamon es un club diferente”, afirma el joven.

– ‘Antítesis de la violencia’ –

“Hoy me siento como en casa cuando estoy en Katamon, lejos de las tensiones de la ciudad”, añade el futbolista.

Jerusalén está en el centro del conflicto israelo-palestino. Desde su victoria en la guerra de 1967, el Estado hebreo ocupa Jerusalén Este, la parte palestina de la ciudad, que se anexionó. La ONU condenó esta anexión. Los palestinos quieren que Jerusalén Este sea la capital de su futuro Estado.

La Ciudad Santa es regularmente escenario de manifestaciones palestinas contra la ocupación y ataques anti-israelíes, sin contar las tensiones diarias entre comunidades.

Fundado hace unos 10 años, el Hapoel Katamon es ante todo un intento de crear “la antítesis de la violencia diaria de Jerusalén”, subraya su director deportivo.

“Para nosotros el fútbol no es solo deporte, sino también una identidad comunitaria”, afirma Aaron.

Para desarrollar estos valores, el club organiza cada mes, con el apoyo financiero de filántropos y del ayuntamiento de la ciudad, torneos de barrio para niños y jóvenes.

Estos torneos, en los que participan niñas y niños, reúnen en la cancha a alumnos de 52 escuelas judías y árabes de Jerusalén y alrededores.

“Queremos dar oportunidades a los jóvenes de los barrios judíos y árabes para que se conozcan con el objetivo de que todos se acepten sin distinción de fe, de sexo o de práctica religiosa”, explica Dafna Goldschmidt-Cohen, portavoz del club.

La joven, que es una de las responsables del torneo mensual, destaca la diversidad de los equipos juveniles de niñas.

“Cualquiera que sea el barrio, judíos contra árabes son rivales, pero únicamente en la cancha”, afirma.

– Ganas de vivir juntos –

Ese día, la final opone a las niñas de Ein Nakuba, un pueblo árabe próximo a Jerusalén, a las de Szold, una escuela judía de la parte oeste de la ciudad, que se proclamará campeón.

Dos entrenadores supervisan el torneo, uno judío y otro árabe.

“El objetivo es dar a los niños ganas de vivir como buenos vecinos, de crear vínculos entre comunidades diversas que forman todas parte de la misma comunidad, la de Jerusalén”, explica Mohamed Basha, uno de los entrenadores.

Este profesor de educación física organiza también encuentros lingüísticos entre judíos y árabes.

“A menudo hay tensiones en Jerusalén y no siempre es fácil continuar nuestras actividades, pero nunca hemos anulado un entrenamiento o un partido en los seis años que hace que existe este torneo”, dice con satisfacción.

En el ámbito profesional, el club, que ocupa la cuarta posición en la segunda división, tiene el objetivo de subir a primera.

“Pienso que los valores del club pueden unirse a la experiencia en la cancha y dentro de dos o tres años seremos un club con el que habrá que contar”, prevé Shay Aaron.

Para lograrlo, el Hapoel Katamon apostó también por futbolistas extranjeros, como un brasileño, un holandés y sobre todo Aviram Baruchyan, el excapitán del Beitar Jerusalén rival.

Baruchyan, de 33 años y 10 veces internacional con , es un símbolo para los aficionados del club.

El jugador no quiso hacer declaraciones pero para muchos aficionados, un partido Beitar-Katamon sería un sueño.

Sin embargo, Dafna, la portavoz del club, subraya: “Los resultados deportivos son importantes, pero lo que es primordial para nosotros es construir un futuro diferente para Jerusalén”.

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