Diario Judío México - Salvo excepciones como Robinson Crusoe, el YO (personalidad o carácter) es algo que siempre se negocia con los otros. En algunos casos es una negociación muy larga que llega hasta la ancianidad. La biografía de Francisco Franco, el que fuera dictador de España durante cuarenta años, es sin duda, la de alguien que peleo con fiereza por su imagen pública (su YO), durante la mayor parte de su existencia.  Su apariencia poco viril lo puso, desde muy jovencito ante la desventaja de no poder mantener actuaciones convincentes ante los demás. Como atestiguan con profusión sus biógrafos, los compañeros de colegio le llamaban “cerillito”, su padre alcohólico, se dirigía a él como “paquita y marica”, y sus colegas del ejercito usaban el diminutivo “Paquito”, que no es propio para un militar. Siendo ya el general más famoso de España, el golpista rival Gonzalo Queipo de Llano se jactaba de llamarle “paquita la culona”. Y años después, tras el encuentro que mantuvo personalmente en Hendaya con Adolfo Hitler, este lo califico sin ambages de amanerado.

Paquito logro sobreponerse al  bullying de su infancia y adolescencia, y llego con 14 años a la Academia Militar de Toledo, siendo el cadete más joven de España. Posteriormente fue el teniente más joven del ejército español y ascendió a general de brigada a los 33 años. Supo aprovechar la guerra colonial de España en el norte de Marruecos para dar una gran representación de una actuación convincente denominada “heroísmo”, en la que es imposible no ver una venganza contra todos los que cuestionaban su personalidad o carácter heterosexual. Franco se ganó los ascensos militares combatiendo como un suicida, siempre al frente de sus subordinados, exponiéndose como ninguno a la muerte. Como recogen sus biógrafos este comportamiento extendió entre los mercenarios musulmanes que lideraba, la idea supersticiosa, de que poseía una especie de “baraka” que lo hacía inmune a las balas.

Gracias a la Sociología (Erwing Gofffman) sabemos que la coerción física y la violencia funcionan como una exhibición destinada a persuadir al auditorio (la sociedad), y suele ser un medio de comunicación y no simplemente un medio de acción. Es muy tentador ver en el “soldado espectáculo “en el que se convirtió Paquito en la guerra colonial como “la conducta compensadora” que todo ser humano tiene a su alcance para sobreponerse a los de su especie, cuando se encuentra en situaciones de inferioridad.  Alejandro Magno, Julio Cesar, Napoleón Bonaparte y Thomas Edward Lawrence, fueron convincentes actores y coreógrafos del espectáculo de la violencia, lo que les permitió encontrar en la milicia el camuflaje idóneo para sobrevivir a los suyos, con un elevado estatus personal.

La psicóloga Judith Rich Harris ha propuesto una hipótesis, en su obra “No hay dos iguales”, de porque los seres humanos somos tan diferentes unos de otros, en nuestro carácter, personalidad o en nuestro YO. Especialmente sorprendentes son estas diferencias en el caso de los hermanos. La argumentación de Judith es que el cerebro humano, lejos de ser unitario, está constituido por módulos que defienden intereses propios y divergentes. El módulo de la socialización es el que se interesa por que aprendamos las reglas que nos hacen iguales a los demás. Este módulo es especialmente activo en la adolescencia. Compitiendo con el anterior, existe el módulo del estatus, que es el que busca con ahínco los patrones de comportamiento que nos hacen diferentes (y eventualmente superiores) a los demás, para poder conseguir una mayor porción de los recursos que nuestros competidores. El módulo de la socialización es el responsable de que sobrevivamos en sociedad y el módulo del estatus es el encargado de que nos llevemos la porción del pastel más grande (o lo intentemos) a costa de los que nos rodean. El módulo de la socialización cohesiona a las sociedades y el módulo del estatus busca individuos excepcionales de aporten valor añadido (y eventualmente progreso).

Para cualquier ser humano sometido a bullying como Francisco Franco, está claro que la mejor estrategia individual es la preponderancia del módulo del estatus por encima del modulo de la socialización. Para la mayoría de los humanos, sin embargo, suele ser más seguro la preponderancia, en su cerebro, del módulo de la socialización, especialmente en sociedades muy conservadoras. Camuflar la individualidad en la masa es una forma económica de sobrevivir y forma parte de nuestra herencia biológica animal. Los insectos sociales, como las hormigas y las termitas, ya probaron con éxito, mucho antes de la aparición del homo sapiens, la utilidad de la supresión de la individualidad en el seno de animales que viven en sociedad. No obstante, un módulo de socialización bien asentado en el seno de los individuos que conforman una sociedad, junto con una baja disidencia (módulos de estatus débiles) ha facilitado históricamente grandes cataclismos sociales, como por ejemplo las grandes migraciones,

Hace unos 4.500 años, una migración masiva de nómadas procedentes del sur de Rusia, montados sobre carros arrastrados por caballos, atravesó Europa y llego a España, donde prácticamente extermino a todos los hombres (haciendo desaparecer su rastro genético masculino), quedándose sin embargo como propietarios de las mujeres. Los españoles de hoy (y muchos europeos) somos los descendientes de estos migrantes degolladores de hombres. Esta es la historia de los Yamnayas, que empieza a conocerse a partir de un estudio de la Universidad de Harvard dirigido por el genetista David Reich. Aunque estos migrantes, que además trajeron consigo las lenguas indoeuropeas, parece que esperaron a que las primeras epidemias generalizadas(peste) debilitaran a las sociedades de agricultores europeas, para lanzar su asalto generalizado. No cabe concebir un asalto masivo tan coordinado sin el módulo de la socialización bien instalado en cada uno de los sanguinarios jinetes yamnayas, hecho que sin duda fue facilitado por la invención de una estructura social fuertemente jerarquizada, desconocida para los agricultores del neolítico. Las sociedades de hormigas y las termitas, precedieron evolutivamente a los jinetes indoeuropeos, y hace 100 millones de años ya saqueaban las colonias rivales esclavizando a las larvas y matando a los adultos.

Europa, a lo largo del siglo XIX colonizo , situación que duro hasta después de la Segunda Guerra Mundial.  A partir de 1945 los países de comenzaron paulatinamente a conseguir la independencia. El balance de estas décadas de autogobierno nativo es bastante miserable, comparado con cualquier otro continente. El mayor éxito de los jóvenes estados africanos es una tasa de crecimiento de la población desmesurada, conseguida gracias a dos factores; primero por los avances facilitados gratuitamente por la cultura europea (hospitales, vacunas, asepsia, anestesia, microscopio, rayos X, etc.), y en segundo lugar por la explotación despiadada de las mujeres africanas sometidas a tasas de fecundidad propias del ganado doméstico. Los estados post coloniales, sin apenas excepciones, no han logrado producir riqueza, ni mejorar la educación y la sanidad, ni dotar de derechos democráticos a sus habitantes.  Los migrantes que vienen a las costas de Europa llevan como principal bagaje cultural un fracaso personal y colectivo en sus sociedades de origen. El fracaso colectivo de su cultura lo traen de fabrica en sus cerebros ya que sus reglas culturales están fabricadas por su MODULO DE LA SOCIALIZACION, y que a la vista de los logros de otras culturas (China, India, Vietnam,) poco tiene que ver con su pasado colonial.

El asalto actual de los africanos a las fronteras de Europa solo busca una mayor apropiación de recursos de la manera más barata posible. Vistos como individuos, los migrantes que llaman a la puerta de Europa, no son ciudadanos que hayan desarrollado comportamientos compensatorios para salir de su desventaja, como hizo Francisco Franco, más bien son masas de gente muy conservadora, que viene con sus reglas de vida fracasadas, basadas en la explotación de las mujeres como ganado doméstico y mano de obra no remunerada. Es sorprendente que la descolonización de haya acentuado el conservadurismo del continente y cabe preguntarse si una prolongación del colonialismo no hubiera sido más razonable, para al menos la mitad de la población africana. Desde luego para las mujeres africanas una prolongación del colonialismo hubiera sido más compasiva. Cuando Europa descolonizo tal vez fue una estrategia precipitada, habría sido más sensato un régimen gradual. De nuevo el ejemplo de Francisco Franco el africano viene al encuentro. Si lo comparamos con la pléyade de dictadores africanos, nuestro “cerrilito” hubiera sido una bendición para cualquiera de los países inventados a partir de 1945. Si le hubieran dejado gobernar cuarenta años en Marruecos, hoy nuestro vecino del sur tendría una solida red de pantanos construida, un monopolio de petróleos y un sistema de salud nacional digno de tal nombre. Ahora volvamos la historia sobre sus pasos y sustituyamos a Muamar el Gadafi, Mengistu Haile Mariam, Huari Bumedian, Idi Amin, Youweri Museveni, Jean Bedel Bokassa, Mobutu Sese Seko, Jafar el Numeiri, Charles Taylor, Idris Deby ,Teodoro Obiang , Robert Mugabe , Habib Burguiba o Hassan II por Francisco Franco Bahamonde ¿No sería un continente mejor donde vivir?

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