Diario Judío México - Cuando a uno lo escogen, por su aspecto y en el cine, para hacer el papel de malo reiteradamente, algo de ese rol se pega al carácter. Tanto más cuando el actor o la actriz en cuestión se empeñen en hacer de buenos y dedicar parte de su tiempo a las causas nobles. Son como esas empresas que hacen grandes donaciones para disimular sus robos. Bardem y sus amigos artistas, muy preocupados por lo de Gaza, en lugar de apagar el fuego con imparcialidad- después de todo Hamás no es una sociedad de beneficencia-, en lugar de mostrarse ecuánimes, atizan las llamas sumándose así a la larga lista de ilusos izquierdistas que se han vuelto cómplices del integrismo islámico. El fácil empleo de la palabra genocidio en relación a Gaza nos ofende a los judíos ya que no se emplea para criticar la situación siria o, ni siquiera, la más feroz de Irak. Para esos artistas sólo existe, a la par que no debería existir, , a quien si acaso conceden que se defienda debe hacerlo pero poquito. Bardem y sus amigos pertenecen a la calaña de los antisemitas de toda la vida disfrazados ahora de gente de conciencia limpia. Acostumbrados a las imágenes de ficción que contribuyen a crear, quedan atrapados por las imágenes terribles de la realidad que Hamás contribuyó a desatar. No les interesan las causas, los motivos, las razones de uno y otro lado, no les interesa la Historia con mayúscula. No les importan las palabras y los argumentos claros. Aún son prisioneros del buenismo de Zapatero y su alianza de civilizaciones.

¡Qué alianza de civilizaciones se puede hacer con el ISIS y los dementes asesinos del califato iraquí, con Hamás o con Boko Haram! ¡Qué alianza de civilizaciones se puede forjar con quienes adoran la muerte y se vanaglorian de tener, contra su voluntad, escudos humanos civiles para salvar su propio pellejo! se defiende de la acusación de antisemita larvaria, acusación que le molesta mucho-después de todo trabajó en una película del judío Woody Allen-sosteniendo que ella desea un mundo con bastante coraje como para vivir la paz y la concordia, o sea lo mismo que los israelíes a quienes no se le permite hacerlo. En cuanto al vano reclamo de las fronteras de 1967 , regresando a las cuales se acabaría el mal originario y todos serían felices, estos artistas españoles, ignorantes y prejuiciosos, muchos de los cuales nacieron después de esa fecha, ignoran que si el pequeño país de los judíos no se hubiese adelantado entonces atacando a los ejércitos árabes que querían destruir por completo su nación, hoy no existiría. Los palestinos no se conforman con un retorno a esas fronteras, por lo demás si no inexistentes poco claras entonces. Lo quieren todo, todo o nada como parece desear Hamás.

Bardem y Cía, sociedad de irresponsabilidad ilimitada, tienen bastante dinero, de modo que pueden-si quieren- ayudar a Palestina de un modo más objetivo elevando su compasión por encima de su desprecio, su comprensión por encima de su odio innato. Su equilibrio por encima de su latosa postura. Que apadrinen niños palestinos sin padres, que envíen alimentos, parte del cual irá a manos de Hamás; que manden medicamentos, suero, literas, tiendas, todo lo necesario para sobrevivir en condiciones extremas antes de llenarse la torcida boca con el nombre de , quien de una vez y para siempre debería dejar de exhibir las películas en las que actúan sus enemigos. ¿Para qué aplaudir a quien no te quiere y a quien no le importan en absoluto las amenazas que se ciernen sobre ti? ¿Por qué admirar a un cineasta que reiteradamente te desprecia? La santidad de los artistas es la cosa menos fiable del mundo.

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Poeta, narrador, ensayista y traductor, nació en Coronel Pringles, Buenos Aires, en el seno de una familia de origen hebreo. En 1970 se trasladó a Jerusalén para estudiar Cábala y en 1978 se estableció en Barcelona, donde se licenció en Filología Hispánica. Hoy combina la realización de seminarios sobre Cábala con su profesión de escritor.Incansable viajero, ha recorrido Estados Unidos, buena parte de Sudamérica, Europa e Israel.Publicó su primer libro de poemas, Los cuatro elementos, en la década de los sesenta, obra a la que siguieron Las frutas (1970), Los peces, los pájaros, las flores (1975), Canon de polen (1976) y Sámaras (1981).En 1976 inició la publicación de Planetarium, serie de novelas que por el momento consta de cinco volúmenes: Sol, Luna, Tierra, Marte y Mercurio, intento de obra cosmológica que, a la manera de La divina comedia, capture el espíritu de nuestra época en un vasto friso poético.Sus ensayos más conocidos son El arte de la naturaleza, Umbría lumbre y El ábaco de las especies. Su último libro, Azahar, es una novela-ensayo acerca de la Granada del siglo XIV.Escritor especializado en temas de medio ambiente, ecología y antropología cultural, ofrece artículos en español para revistas y periódicos en España, Sudamérica y América del Norte.Colaborador de DiarioJudio, Integral, Cuerpomente, Más allá y El faro de Vigo, busca ampliar su red de trabajos profesionales. Autor de una veintena de libros e interesado en kábala y religiones comparadas.