Diario Judío México - El fin del terrorismo no es solamente matar ciegamente, sino lanzar un mensaje para desestabilizar al enemigo.

Los colaboracionistas siempre han sido una figura muy controvertida, de esas que suman tantos adeptos como detractores y, normalmente, de un modo muy extremo. El problema aparece cuando el que lo juzga no separa al hombre de los actos -si procede-. Es decir, los hechos en sí. Y ahora las circunstancias hablan por sí solas. Téngase en cuenta que, cuando hablo de “prestar ayuda”, me refiero a aprovechar su inclinación por uno de los bandos en conflicto para destapar mediáticamente aquello en lo que no se cree y que se combate sin ningún análisis previo. Algo, por otra parte, que no interesa.

No se sabía a ciencia cierta cuál fue el papel de los colaboracionistas o cooperantes en tan execrable empresa. Mucho se ha dicho y escrito sobre el abordaje por parte de la Armada israelí a la llamada “Flotilla de la Paz”. Pero lo que supone una ironía, si recordamos aquellos hechos, es la denuncia de los colaboracionistas o cooperantes españoles ante las altas instancias judiciales del país. Los datos y pruebas disponibles no son suficientes para vincularlo con ninguna acción determinada como la que se denuncia por parte de las autoridades israelíes; es una locura hablar de crímenes de guerra y que las autoridades judiciales acepten este tipo de denuncia, así que no señalaré ninguna de ellas.

Acaso la posición claramente pro palestina del Ejecutivo que preside Rodríguez Zapatero que, lejos de condenar de la misma forma las acciones terroristas del Islam extremista, se convierte en un “colaboracionista” más de este atípico grupo de cooperantes.

El montaje mediático ofrecido por los colaboracionistas o cooperantes, habla por sí solo y dice todo lo que hay que decir. La denuncia presentada por estas organizaciones radicales, antisemitas y pro palestinas en España contra el Gobierno de por crímenes de guerra muestra al fin el verdadero objetivo de la llamada “Flotilla de la Paz” enviada por Turquía, que nada tenía que ver con llevar alimentos y medicinas a Gaza.

Pero creo que es interesante que todo el mundo sepa qué clase de personas forman parte de este colectivo: ortodoxia cultural oficial y pensamiento anti israelí occidental. Hablan de guerra, cuando lo único que existe es un conflicto asimétrico, y de estado totalitario -sin citar a los grupos terroristas Hamás y Hizbollah-, cuando en realidad la única democracia de Oriente Medio la representa .

Mientras este lamentable montaje, apoyado por un Occidente en horas bajas debido a sus problemas económicos, sirve como distracción, el régimen de Teherán aspira a ser reconocido -por la pasividad interesada- como la verdadera potencia en la zona. Irán, en colaboración con Siria, arma a Hamás y Hizbollah en la Franja de Gaza, pero no les suministra armas químicas ni biológicas que, más que una provocación hacia , no sería aceptado por los Gobiernos occidentales. Y es curioso, porque justo lo que denuncian los colaboracionistas, es lo que hacen las dos organizaciones terroristas en la Franja de Gaza, al negar el principal derecho a los palestinos: la libertad.

Desde 1973, ya no se enfrenta a ningún ejército regular árabe-islamista, sino a dos organizaciones terroristas: -Hamás y Hizbollah- que combaten en las llamadas “guerras asimétricas” (terrorismo). Y es a través de ellas que el régimen iraní mantiene su estrategia ante su gran enemigo, el Estado israelí. Y en obsesión por ser “políticamente correctos”, los grupos colaboracionistas o cooperantes pueden llegar a bloquear sus mentes y desvirtuar lo que realmente sucede: la provocación de Teherán para un eventual ataque del Ejército israelí a Irán.

La palabra “compasión” es tan libremente empleada como la palabra “amor”; terrible y promiscua pasión que, sin embargo, tan pocos experimentan. En realidad, y para decirlo de una vez por todas, el verdadero problema no consiste en que Occidente -a su forma- no pueda sentir compasión por el pueblo palestino; consiste en que sólo puede sentir amor por la libertad. Y este amor, celoso y casi sacrílego, lo conduce a su propia destrucción por las acciones de aquellos que dicen ser sus defensores, pero en realidad son los verdaderos colaboradores de su ruina.

Pretender justificar los desmanes de Hamás y Hizbollah con el recurso de la “astuta razón”, convirtiéndolos en “florecillas del camino” es el gran pecado de un Occidente decadente y la gran irracionalidad de nuestros gobernantes. Y éste sí es un mal camino. Porque a lo largo de la historia, los grandes enemigos de la humanidad parecen reencarnarse en cada época, vestidos con distintos ropajes, hablando diferentes lenguas, pero siempre semejantes en sus devastadoras acciones. Uno de ellos es el fanatismo fundamentalismo anti israelí, especie de enfermedad mental, que arrastra en torbellinos fatales a grupos humanos y les conduce a las más vergonzosas y criminales acciones. Parece que a Occidente no le importa la atrocidad si se culpa de ella al Estado israelí. Toda una sabiduría y virtud para tiempos que nos recuerdan épocas tenebrosas, o la curiosa colaboración del fanatismo anti israelí.

Fuente: Aurora

FuenteAurora
Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

Artículo anterior“Flotilla de la Libertad”: Rechazan a Uribe en el comité investigador
Artículo siguienteVenezuela-Colombia: Los coletazos de la ruptura