Desde la fundación del Estado de , la cuestión de la judía y su estatus en la en general se ha planteado de manera regular. El problema aparece repetidamente cada vez que las iniciativas gubernamentales quieren promover el tema, provocando diversas reacciones, tanto positivas como negativas.

Nuestro estudio se centrará en un dilema central: si consideramos que el tradicional, en sus múltiples expresiones escritas, es esencialmente un sistema de creencias, opiniones y rituales basados en la fe en la existencia de un Creador que ha revelado su Torá y sus mandamientos, y que redimirá a su pueblo al final de los tiempos. En otras palabras, si el judaísmo no es otra cosa que un sistema religioso, acaso ¿puede tener cabida en un sistema educativo laico? Y si es así, ¿a qué necesidades sirven los estudios judíos dentro de ese sistema? Es decir, ¿Cuál es la lógica de la judía en la laica?

En la primera parte de este documento se describirá brevemente el perfil de la identidad judía que se encuentra en el sector llamado “secular” y que está acostumbrado a enviar a sus hijos a escuelas seculares.

A continuación, se presentarán las distintas concepciones de la judía que pueden ser adecuadas para este sector de la población.

En primer lugar, me gustaría aclarar que comparto plenamente la opinión del profesor Yishayahu (Charles) Liebman sobre la necesidad de desarrollar lo que él llama un “judaísmo secular” consciente de sí mismo y activo en la lucha cultural de nuestra generación, para dar forma a la comunidad judía y la sociedad israelí.

Este concepto pretende llenar el vacío cultural y espiritual creado por la lucha entre la ortodoxia religiosa y la población secular -una lucha que ha crecido a lo largo de los años- aplicando contenidos, dirección y valores que reflejen el verdadero espíritu del judaísmo israelí contemporáneo. Según Liebman, sólo la puesta en marcha de este proceso garantizará la perpetuación del carácter judío de las comunidades y el Estado democrático de Israel.

Por lo tanto, con el fin de enriquecer y espiritualizar este “judaísmo laico”, definiremos a continuación varios enfoques posibles de la judía en el sector laico.

La composición del sector secular
Muchos estudios realizados por diferentes centros de investigación a lo largo de dos décadas, y complementado por Yishayahu (Charles) Liebman Z “l durante los últimos diez años, han demostrado de forma inequívoca que, en contra de una creencia muy extendida, la sociedad judía no está dividida entre religiosa y secular, sino que está compuesta por una diversa gama de identidades judías y posturas hacia el desarrollo cultural y espiritual de nuestro pueblo. Según esta investigación, la mayoría del público judío se encuentra en algún lugar entre estos dos polos, en una zona que Liebman define como “el centro olvidado ]the forgotten center]”. El carácter judío de las comunidades no ortodoxas estará determinado por quienes ocupen esta zona, por la forma en que decidan definir la parte judía de su identidad y por su capacidad para forjar un “judaísmo secular”.

Liebman señala además que, si bien en el pasado la tradición religiosa representaba la mayor parte de la cultura judía, hoy ya no es así. La religión ha decaído y ya no es capaz de cimentar eficazmente la nación y las comunidades como antes. No ha sabido reconocer, ni afrontar, los nuevos retos que han creado la necesidad de forjar una comprensión secular del judaísmo. Así pues, los esfuerzos por secularizar el judaísmo no han surgido de un intento de negar o descartar el pasado religioso del pueblo judío, sino que reflejan el deseo de preservar su existencia, en su entorno, textura y aspectos familiares, pero en una forma moderna y adecuada a nuestros tiempos. El judaísmo secular es una extensión y renovación del judaísmo, pero con enfoques diferentes.

En los últimos años de su vida, Liebman trabajó para analizar este “centro olvidado”. Él identificó al menos tres sectores distintos de la población:

Judíos post-ortodoxos: se han distinguido por distanciarse del mundo ortodoxo, buscando una alternativa educativa a las corrientes religiosas públicas e independientes. Consideran los mandamientos halájicos de forma crítica: aunque aceptan el papel de guía asignado al rabino, no niegan su propio punto de vista, dictado por su conciencia o por la lógica.
Judíos modernistas: Este grupo, todavía marginal en pero con mayoría en los Estados Unidos y Argentina, se encuentra en constante crecimiento, y está formado principalmente por judíos reformistas o massorti (“conservadores”). El sistema educativo no responde a sus aspiraciones, ni en las escuelas públicas religiosas ni en el sector laico, a pesar de que la gran mayoría de ellos opta por enviar a sus hijos a este sector.
Judíos sefardíes tradicionalistas: se trata de una comunidad numerosa, muy respetuosa con la tradición religiosa, pero no estrictamente observante de las reglas de la Halakha. Están menos apegados a la Halakha que a los valores familiares y a las costumbres comunitarias.
Además de estos tres grupos, hay un cuarto, que llamaremos “los que buscan”. A diferencia de los anteriores, este grupo está formado por judíos que no tienen experiencia religiosa, y se encuentran en búsqueda de un vínculo con su herencia cultural judía. No pertenecen a ningún marco institucional y es entre ellos, donde se reclutan los miembros de los grupos de “avivamiento judío” que han florecido en y en Estados Unidos desde las dos últimas décadas.

Por lo tanto, son estas categorías las que conforman el “centro olvidado” mencionado por Liebman. Pero el sector secular tiene un elemento adicional: los seguidores de la sociedad de consumo occidental que, en el mejor de los casos, son indiferentes a la cultura judía o directamente hostiles. Los miembros más extremos de este grupo se prohíben a sí mismos cualquier costumbre o ceremonia que esté remotamente relacionada con la tradición judía. Son los sucesores de los fundadores del mito del “nuevo judío” y de la cultura hebrea secular del Yishuv y de los primeros años del Estado de Israel. Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, carecen de la cultura, la creatividad y la rebeldía de sus predecesores, y no tienen ningún deseo de reformular el judaísmo. Sólo les interesa mantenerse alejados de todo lo judío.

Si consideramos que un sistema educativo debe seguir siendo sensible a las aspiraciones del público, es de suma importancia identificar estos grupos del sector secular, y sus expectativas de la judía, al presentar las nuevas perspectivas de la judía en las escuelas públicas de Israel.

Posibles enfoques de la judía en el sector secular

El enfoque fenomenológico: la judía como enseñanza del conocimiento humanístico
Este enfoque fue formulado por primera vez por el erudito británico en estudios religiosos, Ninian Smart, en la década de 1950 sobre la base de que la religiosa en la enseñanza pública debe conducir a los alumnos al umbral de la experiencia religiosa, pero no cruzarlo. En otras palabras, la idea era aprender sobre la religión, no de ella. Esto significa que los alumnos reciben una visión de la religión y sus múltiples figuras, pero no la experiencia de la misma. Los alumnos adquieren así un conocimiento del judaísmo, al igual que podrían aprender sobre el islam, el cristianismo o el budismo. El objetivo de este enfoque es, pues, hacer ciudadanos educados.

El enfoque cultural: la judía como base de una cultura nacional
Este enfoque sigue la concepción fundamental de “Ahad Ha’am”, que ponía la religión judía al servicio del sionismo y concebía el judaísmo como la cultura nacional del pueblo judío. Mientras que el enfoque fenomenológico establecía una distancia entre el estudiante y el objeto de estudio, el enfoque cultural invita al estudiante a reclamar su parte de herencia en la creación espiritual y cultural de su pueblo. Escogerá lo que le convenga, lo reinterpretará y destilará un nuevo significado, a partir de un corpus de obras religiosas que respondan a las preguntas de hoy, para poder transmitirlo a la siguiente generación cuando llegue el momento. Así, este enfoque pretende formar a un individuo que combine el conocimiento del judaísmo con un sentido de pertenencia cultural, de continuidad y de implicación personal.

El enfoque de los valores: la educación judía como enseñanza de valores universales.
Aquí, la educación judía se considera un trampolín para el aprendizaje de valores. El individuo que conoce el judaísmo es juzgado no sólo por sus conocimientos, sino también -y quizá lo más importante- por su personalidad y sus cualidades morales. Este enfoque hace hincapié en el conocimiento, pero también en el individuo, su comportamiento y sus objetivos morales. Su objetivo es formar a un estudiante que conozca los valores fundamentales del judaísmo en lo que respecta a las relaciones humanas y que los utilice para moldear su vida.

El enfoque étnico: la educación judía como “cemento” de la nación.
Este enfoque se basa en la idea de que la educación judía debe cultivar sentimientos de pertenencia, de lealtad al pueblo judío, para generar una especie de “afiliación tribal” en el alumno. El judaísmo se ve aquí desde un punto de vista histórico: el pueblo judío vive una continuidad basada en una memoria colectiva, en un conjunto de lenguas, destinos y aspiraciones comunes. El vínculo entre generaciones se basa en el sentimiento de pertenencia a una gran familia. Tras la Shoah, y ante los peligros a los que se enfrentan y parte de la diáspora, el mantenimiento de una filiación, una existencia y un destino compartido garantizará la unidad nacional. Esto ayudará a resistir la adversidad y a superar las amenazas a la existencia y continuidad de la nación. Fomentar la hermandad entre los judíos de y de la diáspora es esencial si se quiere detener el creciente proceso de alienación mutua entre estas dos comunidades. Sólo un retorno cuidadosamente orquestado a las fuentes comunes de inspiración y a los valores compartidos, fomentará esta solidaridad. El fruto que se espera de este enfoque educativo es la aparición de un “tipo” de estudiante que sea consciente de su responsabilidad en la perpetuación de la existencia física y espiritual del pueblo judío, y que trabaje para fortalecer la nación fomentando la solidaridad entre los judíos israelíes y de la diáspora.

El enfoque espiritual: la educación judía como instrumento de desarrollo espiritual
Los defensores de este enfoque creen que cada individuo tiene una pregunta esencial sobre el significado, la fuente y el propósito de la vida. Del mismo modo, aspiran a conocerse mejor a sí mismos, a comprender su forma de ser, sus aspiraciones, miedos y esperanzas. Son estas preocupaciones las que habrían dado lugar a la creación espiritual, principalmente en los escritos religiosos y en todos los pueblos del mundo. Este es ciertamente el caso del pueblo judío: la biblioteca judía clásica está llena de obras que tratan de la esencia, el propósito y el significado de la vida. Los alumnos de primaria en el ámbito laico no suelen estar expuestos a estas cuestiones. Por lo tanto, un encuentro cuidadosamente dirigido con los escritos clásicos producidos por los Sabios de a lo largo de los tiempos, puede llevarlos a esta confrontación y a enriquecer su capacidad para discutir asuntos espirituales, incluyendo los relacionados con la existencia de Dios. Este enfoque educativo aspira a producir un estudiante espiritualmente sensible que se inspirará, entre otras cosas, en la obra de los pensadores judíos para debatir con inteligencia las principales cuestiones, al tiempo que intensifica el papel de la espiritualidad en su desarrollo personal.

Conclusiones
¿Cómo puede una mejor comprensión de la composición del sector secular y de las diversas concepciones posibles de la educación judía ayudar a los profesores de las escuelas públicas israelíes a elevar el nivel de la educación judía?
Al darse cuenta de ello:
1. Un análisis de la identidad judía característica de la población que envía a sus hijos a la laica, revela que, en contra de la creencia popular, la mayor parte del público quiere que la educación judía se aborde más seriamente.
2. La de las distintas concepciones de la educación judía muestra que ésta no sólo interesa al público religioso: tiene la capacidad de contribuir significativamente al desarrollo cultural y espiritual, a los valores y a la formación de la identidad del alumno en el currículo educativo.
3. Una comprensión más clara de la población a la que va dirigido el programa de educación judía permitirá a los centros escolares ofrecer una educación judía que satisfaga las expectativas de los padres. Si el programa consigue cumplir estas expectativas, es probable que los profesores encuentren menos oposición por parte de los padres y puedan contar con su colaboración activa en el proceso educativo.
4. Una definición clara de los objetivos de la educación judía en las escuelas permitirá elegir el perfil de los profesores, los métodos de aprendizaje y evaluación y los de texto.
5. En general, los debates sobre la educación judía en el sector laico siguen siendo vagos y superficiales. Se espera que el modelo propuesto fomente parámetros claros para el debate público y mejore la calidad del mismo.

El Dr. Eitan Chikli actualmente es Rector de la Universidad Hebraica de México.

Es Doctor en Letras Hebreas en Educación Judía por el Jewish Theological Seminary of America en Nueva York. Su investigación central se intitula: «La educación Tali: el desarrollo y la realización de un concepto educativo en el contexto de realidades cambiantes».
Cuenta con un Máster en Administración Pública por la Kennedy School of Government, en la Universidad de Harvard y una Maestría en Letras Hebreas por el Jewish Theological Seminary of America y el Jewish Seminary of Judaic Studies en Jerusalén.
Por 26 años fue Director Ejecutivo del Fondo de Educación Tali, organización autorizada por el Ministerio de Educación de para proporcionar orientación y recursos educativos a todas las escuelas de TALI y la cual ha dejado en días pasados para incorporarse a la Universidad Hebraica como Rector.
El Dr. Chikli ha sido conferencista y profesor en temas de educación judía en el Schechter Institute of Jewish Studies y en el Oranim Academic Teachers College; ha sido instructor en el Mandel Institute of Leadership; profesor en el Levinsky Teachers College, director educativo en el Hanatton Kibbutz Education Center y en el campamento de verano de Ramah en Israel.
Además, cuenta con diversas certificaciones en Consultoría Organizacional, como entrenador de PNL y como Master Coach por la Asociación Israelí para Coaching.
Sus investigaciones y publicaciones se centran en temas sobre educación judía y relaciones entre diversos grupos de la sociedad israelí.