Diario Judío México - “Democracia” es un palabra que no forma parte del vocabulario del (griego: demos = “pueblo” y cratos = “poder” o “gobierno”). La idea, es un compuesto de varios conceptos que se encuentran (entre otros lugares) en los componentes básicos de la ; es decir, elaborados mucho antes de que la idea griega fuera concebida.

El concepto “democracia” resulta de embalar varias ideas en un solo paquete. Aunque no existe una definición universalmente homogénea, algunos componentes son esenciales para determinar su presencia en una sociedad.

Podría decirse que la idea democrática más esencial es la creencia en la igualdad, un concepto magníficamente descrito en el libro de Levítico capítulo 24 versículo 22 (y unas 23 más veces a través de toda la literatura fundacional de ):

“ Una sola ley regirá, tanto para el nativo como para el extranjero.”

La palabra “igualdad”, sin embargo, puede ser engañosa. Todos los seres humanos no son iguales: son diferentes.

Como el difunto científico político Harold Laski lo señalara: la democracia se basa en las similitudes entre los seres humanos, no en sus diferencias.

Una vez más, desde sus inicios el propuso la poderosa idea de que lo que todos los seres humanos comparten en común es el haber sido creados a la imagen de Dios. Esto tiene menos que ver con la imagen de Dios que con el hecho de que todos los seres humanos tienen algo en común (entiendáse como se quiera entender la expresión: “imagen de Dios”).

Hay, por supuesto, una brecha entre el mundo de las ideas y lo que los seres humanos hacen en la práctica.

Douglas A. Knight. profesor de Biblia Hebrea y Estudios Judaicos de Vanderbilt saca la conclusión:

“Los reiterado mandatos bíblicos referente a los extranjeros sugiere que en la realidad, no fueron tratados igualitariamente, ni en el culto, ni en otros lugares.”

Las leyes no son carteles de propaganda: son las expresiones de las aspiraciones de una cultura.

Ninguna sociedad, constituida por seres humanos reales, es perfecta. No existen sociedades totalmente igualitarias de la misma manera que no hay sociedades totalmente democráticas.

Dado el hecho de que las sociedades están constituidas por seres humanos que necesitan ajustar sus ambiciones a las necesidades de los demás, lo que más cuenta es lo que la sociedad se dice de sí misma lo que ambiciona ser.

La prueba de sus verdaderas intenciones son las instituciones y las garantías que pone en marcha para alcanzar sus objetivos sociales, a la vez que las estrategias y esfuerzos que impone para que sus ideales se conviertan en realidades.

La profesora de literatura comparada de la Universidad de Harvard, Ruth R. Wisse comenta con agudeza, que:

“Una de las grandes fuerzas de la civilización judía es su insistencia en mantener viva la memoria de sus propias malas acciones y errores del pasado como medio para asegurar, por lo menos, una cierta mejoría en su civilización.”

Varias veces al año, no importa en que país se encuentre, el judío toma conciencia a través de la lectura del TaNaKh de las fallas del pasado, la visión de sus líderes y las luchas de las sociedades judías en lograr algo que no es definible a través de objetivos idealistas inalcanzables, sino que lo es a través de los auténticos imperativos judíos de justicia y responsabilidad.

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

Artículo anteriorUna delegación jurídica encabezada por el presidente del Poder Judicial del DF visita Israel
Artículo siguienteElijo
Moshe Pitchon es un pensador judío y el director de BY un centro de estudios e investigación del judaísmo contemporáneo basado en el sur de la Florida en los Estados Unidos.