Diario Judío México - El 14 de febrero de 2005 una fuerte bomba mató al ex Primer Ministro del Líbano y líder de las fuerzas contrarias a la dominación siria en el país, Rafic Hariri, en el barrio de Hamra en Beirut y provocó otras 22 víctimas. Hariri, fue solo el último de una serie de una serie de hombres públicos libaneses asesinados, entre los cuales estuvieron entre otros el periodista Samir Kasir, el ministro de industria Pierre Gemayel, el diputado Antoine Ghanem y el oficial de la inteligencia libanesa Basam Eid. La opinión generalizada en el Líbano entonces era que todos los crímenes fueron cometidos por el todopoderoso Servicio de Inteligencia sirio y sus aliados en el Líbano, lo que provocó una indignación generalizada que llevó al retiro de las fuerzas de Damasco del país.

La magnitud del atentado condujo a la creación de un tribunal especial organizado y financiado por las Naciones Unidas. El Tribunal ha tenido una trayectoria muy accidentada pero últimamente, bajo la presidencia de Antonio Cassese, Profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Florencia, ha dado señales de reanudar en forma intensiva sus actividades y en breve estaría por presentar sus conclusiones.

Pero la realidad política en el Líbano cambió mucho en cinco años. Según lo señala Robert Worth en un artículo en el “New York Times” el 24 de julio: “Después de la muerte de su padre en 2005, el Sr.,Saad Hariri emergió como líder de una coalición política anti-siria que reclamó el desarme de Hezbollah. Pero este movimiento, conocido como del 14 de marzo (fecha de una gigantesca manifestación anti-siria) gradualmente se fue erosionando a medida que sus aliados occidentales buscaron un entendimiento con el gobierno de Damasco. Después de asumir como primer ministro de un gobierno de unidad nacional el año pasado, el Sr. Hariri se rindió a la realidad política y comenzó a establecer vínculos con Siria”.

Las acusaciones contra el gobierno de Bashar Assad, como lo señalaron múltiples filtraciones a la prensa internacional, fueron perdiendo fuerza, sea porque algunos testigos se desdijeron o porque un juez liberó a cuatro altos oficiales libaneses aliados de Siria por falta de pruebas.

Sin embargo, el Líbano está viviendo una nueva crisis ante la revelación de que el Tribunal Especial estableció que 8 de los 20 teléfonos celulares encontrados en el lugar del asesinato de Rafic Hariri pertenecían a miembros de Hezbollah.

El líder de esta organización político-militar, armada y financiada por , Hassan Nasrallah, reaccionó con singular locuacidad, lanzó una serie de amenazas y afirmó, ante la acusación a dos o tres miembros “indisciplinados” de su organización del asesinato del líder muerto en 2005, que no aceptaría que nadie de sus subordinados sea juzgado.

Pero lo que más llama la atención de los observadores políticos extranjeros es que parece existir un evidente divorcio entre Hezbollah y Siria. El columnista del diario árabe “Asharq Alwsat” de Londres, Tariq Alhomayed escribe: “Podemos decir que Nasrallah está preocupado porque Siria habría abandonado a Hezbollah para que enfrente sola al tribunal Hariri” y el bloggista libanés Elías Muhanna señala que “El Tribunal era una carta contra Siria y ahora parece que todos quieren librarse de ella. Es casi como si a nadie ya le importara quién mató a Hariri”.

Frente a esta situación, el líder de la organización fundamentalista shiíta, hizo toda clase de maniobras de distracción. Como lo tituló el diario francófilo libanés “L´Orient le Jour”: “Nasrallah quiere una comisión libanesa para dinamitar el Tribunal Especial Libanés”, pero, como era previsible, su reclamo de desacreditar al organismo de las Naciones Unidas y formar un tribunal que estaría a la merced de sus amenazas, no tuvo andamiento. Tampoco despertó el menor entusiasmo su torpe utilización del chivo emisario clásico, acusando a de estar involucrada en la matanza del 14 de febrero de 2005. Al respecto escribió sarcásticamente Michael Young principal columnista del “Daily Star” (22.7.2010): “Si existían dudas acerca de la participación de Hezbollah en el asesinato del ex primer ministro, Rafic Hariri, para mucha gente el Secretario General del Partido, Sayyed Hassan Nasrallah, pareció despejarlas, al describir al Tribunal Especial para el Líbano como un “proyecto israelí” porque podría culpar a miembros de Hezbollah”.

En su lúcido análisis de la situación libanesa explica Young que Hezbollah tuvo éxito en su tarea de servir de escudo de en caso de un conflicto con , ya que pudo rearmarse, neutralizar la oposición dentro del gobierno, controlar la mayor parte de las actividades del ejército en el Sur del Líbano así como la gestión de la Inteligencia libanesa. A juicio del periodista libanés no parece que el Tribunal tenga aún pruebas fehacientes contra Hezbollah por lo que Nasrallah se habría apurado en incriminar a su partido.

Sin embargo, en opinión de algunos observadores, las acusaciones del Tribunal internacional podrían obligar a Hezbollah a concentrarse en el frente interno, lo que eventualmente llevaría a duros enfrentamientos internos e incluso podría precipitar una renovación de la guerra civil.

Todo parece indicar que esos temores son exagerados. Aún en el caso de que Hezbollah sea expuesta como principal responsable de la masacre de Rafic Hariri y su comitiva, Hezbollah tiene una potencia de fuego muy superior a todos sus adversarios juntos y puede confiar plenamente en que su fuerza militar constituye una contundente garantía de impunidad.

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