Diario Judío México - La mirada inquisitiva del pasado que ha caracterizado la migración de israelíes al exterior y la cual se ha visto atemperada a lo largo de los últimos años, podría ser reemplazada por una mirada de ‘convivialidad’ (del inglés, ‘conviviality’) a partir de la cual la población israelí en el extranjero pueda ser concebida y apreciada como valioso recurso, para propósitos de las diásporas judías y de las relaciones -.  Cierto es que para que los israelíes en el exterior constituyan una especie de “frontier guides” entre y las diásporas judías, deben organizarse y asumir roles de liderazgo[1] al mismo tiempo que hacerse visibles a los ojos de las autoridades comunitarias locales.

A la israelí en los le llevó un largo tiempo agruparse. El doble rechazo sufrido por los migrantes israelíes, peyorativamente denominados ‘yordim’, tanto por parte del gobierno y la población israelí como por parte de la comunidad judía americana, produjo fragmentación, poca exposición y la no conformación de un colectivo, por lo menos hasta hace pocos años atrás.  Misma situación se reprodujo en otras diásporas judías. Las instituciones centrales que vincularon siempre a con las comunidades judías locales –el gobierno de , la Agencia judía, el JNF, etc.— todos ellos se encargaron por décadas de marginalizar a la población israelí en el exterior. Como consecuencia de ello, el intento de incorporarse a la sociedad receptora, y en particular a las comunidades judías locales, fue realizado bajo una estrategia individual y no grupal, con las consabidas dificultades que se desprenden de ello.

En el caso de diversas localidades tanto al este como al oeste de los la atmósfera ha cambiado y varios factores han contribuido para que la población israelí comience a ser considerada en términos de un colectivo, con un papel a jugar en la vida judía comunitaria. Situación similar se ha vislumbrado en Canadá y más específicamente en las ciudades de Toronto y Vancouver, las cuales concentran la mayor cantidad de israelíes del país. La UJA Jewish Federation y las JCC Association decidieron cada una de ellas –en su momento y lugar— convocar activamente a la que ellos consideran una comunidad significativa y en crecimiento en términos numéricos, aunque alienada del acontecer judío comunitario. Y si bien la judeidad latinoamericana dista mucho –en términos comparativos—de parecerse a la norteamericana, aún así la población israelí que reside en los países del continente representa un recurso valorable, el cual se encuentra, como en varias otras diásporas judías, ignorado y/o subestimado.

En el caso específico de , el país cuenta con una israelí de alrededor de 3,000 personas, las cuales carecen de organización o institución alguna que las convoque y/o los represente. Se trata de una población prácticamente invisibles tanto a los ojos de las autoridades israelíes como frente a la comunidad judía local. Un nuevo emprendimiento, precursor en la materia, incentiva un posible cambio de dirección. Siguiendo los hallazgos de previas investigaciones los cuales indican que el 85% de las familias en “re-alocation” se encuentran migrando por el trabajo de los maridos siendo las mujeres las encargadas y responsables de establecer vínculos sociales[2], tres mujeres israelíes se han abocado a la tarea de organizar un espacio de encuentro para mujeres israelíes que viven en la ciudad. El supuesto que promueve dicha convocatoria es responder, ante todo, a la necesidad de congregarse. Indudablemente,  los avances en los medios tecnológicos y de comunicación han permitido que muchos connacionales puedan escoger voluntariamente vivir fuera de los límites del país, sin que ello implique una ruptura con su identidad, sus ideales y su cultura. Así mismo, dicha iniciativa refleja el interés de ser parte integral de la sociedad receptora y jugar un papel activo dentro de la misma. Tanto en términos de sujetos particulares como de grupos potenciales, la población israelí en el país podría constituir indefectiblemente un recurso único e invaluable.  Para que ello pueda concretarse deberán ante todo constituirse, como colectivo. Por otra parte, y como contracara de una misma ecuación, la comunidad judía local y sus autoridades deberán hacerse conscientes de su existencia y abrir las puertas a su participación, tanto como grupo o como individualidades.

 

Nota: El artículo “ Judía, Israelí y niveles de convivialidad” fue publicado en el primer número del Co-Act International Journal de la UH.

https://uhebraica.edu.mx/publicaciones/coact-international-journal/

[1]  Dra. Perla Aizencang ([email protected])

Licenciada en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA); Master en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Hebrea de Jerusalem (HUJI); Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de (UNAM). Trabaja actualmente temas relacionados con el fenómeno de la migración transnacional, vidas transnacionales e identidades en procesos migratorios.

[1] “It is Time for the Diaspora to step up and assume its leadership role” in E-Jewish Philanthropy, November 28, 2018

[2] Handwerker H. “Le mi karatem Yordim”?, Haaretz, 12.3.18 (Hebreo).

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