Nació el 22 de octubre de 1907 y falleció el 5 de octubre de 2001, fue la esposa de Oskar Shindler, al lado de quien ayudó a salvar las vidas de entre 1,200 y 1,700 judíos en el marco del Holocausto, pero lejos del mito que se creó, en parte, gracias a la cinta de Steven Spielberg, esta mujer sabía que su esposo no era el hombre que se creía.

Emilie Pelzl nació en el pueblo de Alt Moletein, que entonces era parte del Imperio Austrohúngaro y ahora de República Checa; fue hija de Josef y Marie Pelzl, tuvo un hermano mayor, Franz, de quien era muy cercana.

Los primeros años de Schindler en Alt Moletein fueron felices, ella se interesaba en los gitanos, que algunas veces solían quedarse cerca de su localidad.

Emilie vio al apuesto Oskar por primera vez en 1928, cuando este llegó a Alt para vender motores eléctricos a la casa de su padre. Tras sólo seis semanas de conocerse, la pareja decidió casarse el 6 de marzo de 1928 en una posada a las afueras de Zwittau, ciudad natal de Oskar.

El matrimonio no tuvo el éxito que se esperaba, Oskar gastó 100 coronas checas en la dote, una suma importante para ese entonces.

En 1938, Oskar se unió al Partido Nazi y se mudó a Cracovia, dejando a Emilie en Zwittau, ahí adquirió el control de una fábrica propiedad de judíos que producía bienes esmaltados, la Deustche Emailwaren Fabrik, donde empleó a obreros judíos porque eran los más baratos, sin embargo, pronto se dio cuenta de las atrocidades que hacían los nazis e inició, junto a Emilie, la protección encubierta de sus trabajadores.

Cuando las condiciones de la guerra empeoraron y se quedaron sin dinero, Emilie tuvo que vender sus joyas para comprar comida, medicamentos y ropa, además instaló un sanatorio clandestino para ayudar a las víctimas.

Uno de los sobrevivientes, Maurice Markheim, recordó más tarde: “Ella consiguió un camión entero de pan de algún lugar del mercado negro. Me llamaron para descargarlo. Ella estaba hablando con la SS y por la forma en que se volteó y habló, pude deslizar un pan debajo de mi camisa. Vi que ella lo hizo a propósito. Una tajada de pan en ese momento era oro… Hay una vieja expresión: Detrás del hombre, está la mujer, y creo que ella fue un gran ser humano”.

Gracias a la familia Schindler, 1, 200 judíos se salvaron de los campos de exterminio, y para mayo de 1945, cuando las tropas soviéticas llegaron a Brünnlitz (Brněnec), los Schindler dejaron a los judíos en la fábrica y se fueron a esconder por temor a ser aprehendidos debido a los vínculos de Oskar con el partido nazi.

Tras la guerra, los Schindler huyeron a Buenos Aires, Argentina, junto con la amante de Oskar. Emiliesabía de esta relación y no le quedó más que aceptarla. En su viaje también iban algunos judíos que se establecieron en 1949 en la ciudad, en una pequeña parcela, donde trabajaron como agricultores.

En 1957, Schindler se quedó en bancarrota, se separó de Emilie y viajó de regreso a Alemania solo, se mantuvo alejado de su esposa durante más de 17 años y finalmente murió en 1974.

Emilie volvió a ver a su esposo hasta 37 años después, cuando fue a verlo a su tumba en Jerusalén, donde le dijo: “Por fin nos reunimos de nuevo… No he recibido ninguna respuesta, querido, no sé por qué me abandonaste … Pero lo que ni siquiera tu muerte o mi edad puede cambiar, es que todavía estamos casados y así es cómo estamos delante de Dios. Te he perdonado todo, todo, todo.”

Emilie vivió por más de 40 años en San Vicente, cerca de Buenos Aires, recibió una pensión y policías la vigilaron para protegerla de muchos antisemitas.

La viuda de Oskar narró su historia en el libro Una memoria donde la luz y la sombre se encuentran, en la que cuanta las razones por las cuales su esposo no era la persona que se esperaba.

“A pesar de sus defectos, Oscar [sic] tuvo un gran corazón y siempre estuvo dispuesto a ayudar a quien estuviera necesitado. Era afable, amable, extremadamente generoso y caritativo, pero, al mismo tiempo, inmaduro. Constantemente mentía y me engañaba para luego volver como un niño atrapado en una travesura, pidiendo ser perdonado una vez más , y, a continuación, empezaba todo de nuevo.”

Gracias a La lista de Schindler, película de Steven Spielberg, la mujer volvió a estar en los diarios, pero sólo como la acompañante de aquel hombre, no como el rol importante que tuvo.

 era, más allá del héroe, a nivel personal un desastre…