Del año 1063 son las primeras referencias a una comunidad judía en Monclús, y en un documento del año 1258 mencionan también, la existencia de musulmanes en la localidad.

De la relevancia de la aljama judía de Monclús nos habla la fiscalidad, en el año 1315 abonaron 450 sueldos y los cristianos de Monclús 50 sueldos, seguramente la comunidad judía de Monclús contaba con unos 150 miembros, mientras los cristianos deberían ser algo más de 250. La comunidad judía dinamizaba la vida económica de las comarcas de Sobrarbe y del Somontano (Aragón), llegando a exportar vino -Joan de Monclús, cristiano y Salamó Aluleyex enviaron 300 gerras de vino el año 1319 a Barcelona-, la comunidad judía de Monclús era un tesoro para los reyes de Aragón, el año 1287 había abonado 3.000 sueldos.

Cuando argumentan a favor de la naturaleza irracional, incluso histérica, de los actos violentos contra las minorías, los medievalistas invocan a menudo tanto la Cruzada de los Pastorcillos de 1320, en la que se atacó a los judíos, como los ataques a leprosos y judíos del año siguiente. A principios de 1320 muchedumbres de “pastorcillos”  integradas por pobres, en su mayoría adolescentes, que como mucho tenían una organización rudimentaria y que subsistían en gran parte gracias a la limosna de los fieles cristianos, se reúnen en Normandía. La documentación papal y aragonesa llama la atención sobre la presencia de mujeres, matrimonios, clérigos y miembros de la baja nobleza. Durante su avance hacia el sur atacaron castillos reales, funcionarios reales y señoriales y clérigos, agotes y leprosos, hecho que preocupó mucho al Papa.

La atención de los pastorcillos recayó con mayor espectacularidad sobre los judíos, a quienes convirtieron o mataron en Saintes, Verdún del Garona y en las diócesis y ciudades de Cahors, Toulouse y Albi. También se tiene  constancia de masacres en Castelsarrasin, Grenade, Lézat, Auch, Tabastens, Montguyard y Gaillac. Es posible que en muchos de estos lugares los ciudadanos y los funcionarios municipales apoyaran a los pastorcillos e incluso tomaran parte en sus atrocidades.

Los documentos conservados en los archivos indican que la entrada de los pastorcillos que deseaban participar en la cruzada contra el rey moro de Granada, se produjo a través del “puerto de Jaca”, Broto, Bielsa y Gistaín. Se dice que los pastoreaux entraron por separado y divididos en numerosos grupos. El rey Jaime II ordenó a varios funcionarios de la frontera pirenaica que les impidieran la entrada, ya que temía que, como la cosecha de cereales no había sido buena, provocaran con su numerosa presencia una hambruna.

Destacan el ataque a la judería de Jaca que fue pasto de las llamas -según el cronista Yosef Ha-Cohen, en este año fenecieron 400 o 410 judíos y sólo pudieron salvarse una decena- y sobre todo el asalto a la judería de Monclús.

El 16 de junio se convocó desde Zaragoza la guerra contra los musulmanes de Granada, para posteriormente el 25 de junio desconvocarla, al saberse que los moros de Granada, finalmente, no atacarían el Reino de Valencia.

El 2 de julio, alrededor de 5.000 pastorelli se reunieron en Aínsa. El 3 de julio sitiaron y atacaron la judería Monclús y asesinaron a miembros de la comunidad judía refugiados en el castillo de Monclús. Fue en la judería de Monclús, al parecer con la complicidad (consentiistis in aliquibus interfeccionibus aliquorum judeorum) del castellán García de Bardaxí (lugarteniente del alcaide Martín Pérez que estaba en Huesca) y los habitantes de la villa donde el horror y los asesinatos alcanzaron el cénit.

La aljama judía de Monclús se recuperará después de fallecer asesinados unos 35 miembros el 3 de julio -las crónicas hablan de 337 judíos asesinados, pero en Monclús debían residir unos 150-. Parece ser que perdonaron a los niños y los convirtieron a la fuerza, se convirtieron algunos adultos, hombres y mujeres, en total unos diez judíos.

Mediano, desde el castillo de Monclús.
Mediano, desde el castillo de Monclús.

Llevado, sin duda, por razones teológicas, Jaime II no mandó restituir a la aljama judía a los niños judíos bautizados: el 7 de julio escribió a García Pérez de Cabañas, alcaide del castillo de Monclús, mandándole que estos niños fueran criados en el barrio cristiano, por familias cristianas, y no en la judería. La Corona muestra interés en la recuperación de la comunidad judía, pero no existe ninguna posibilidad de reintegrar a la comunidad judía a los niños bautizados.

De Monclús  pasaron a Naval, y el mismo día 3 de julio, asaltaron y saquearon la morería con la ayuda de los cristianos de la localidad.

El rey ordenó a todos los funcionarios y municipios que protegieran a los judíos. En aquel momento, el 6 de julio, el rey y el príncipe Alfonso tomaron la inusitada decisión de ordenar que cualquiera que golpeara o insultara a un judío, o a un musulmán, fuera ahorcado sin remisión.

Todo esto hizo que   Jaime II tomara medidas severas y encargara al infante Alfonso, heredero del trono, que se desplazara a Barbastro para aplastar la invasión. El 6 de agosto, decapitación de Juan de Pisa y tres persones más acusados de colaboración en los incidentes contra las comunidades judías.

La banda de cruzados que atacó Monclús y Naval fue derrotada por el sobrejuntero de Ribagorza antes del 13 de julio, y fueron dispersados y perseguidos hasta Huesca, Jaca y Navarra, muchos de ellos decidieron regresar directamente a Francia, pero el miedo a los pastoreaux viajó más lejos que ellos mismos: los funcionarios de toda Cataluña recibieron cartas al respecto.

Antes del 16 de julio, el príncipe Alfonso había decidido ajusticiar como escarmiento en Barbastro a cierto número de los que habían atacado Monclús -finalmente fueron 40- y a los naturales de Aragón que los habían ayudado. En el caso de Monclús, se acuso a unos setenta individuos que fueron sancionados con multas, un buen número de localidades pagaron  cantidades que oscilan entre 100 sueldos jaqueses, caso de  Revilla y 1.000 ssjj, caso de l’Aínsa.

Éste episodio, excepcional en Aragón, consternó a los judíos de Monzón, Barbastro y Lleida que se acercaron a enterrar a los mártires una vez pasada la tormenta, de manera que enojados, cortaron árboles, destruyeron el puente del pueblo, insultaron a los vecinos cristianos y abatieron las puertas de algunas casas de judíos asesinados.

Monclús en la actualidad.
Monclús en la actualidad.

Las multas fueron considerables. La aljama de Fraga fue sancionada  con 5.000 sueldos, Monzón con 8.000 y Barbastro con una cantidad similar. Los judíos de Lleida que habían participado en los disturbios huyeron de sus hogares por temor a la justicia del príncipe.

El 22 de julio de 1320, Jaime II declaró francos a los sobrevivientes que fijaran sus domicilios en Huesca o Barbastro hasta que lograran recuperar sus bienes. El 22 de agosto no concedió a los cristianos de Monclús apropiarse de las casas y posesiones de los asesinados. El 13 de diciembre mandó no fueran castigados los judíos de Barbastro, Monzón y Lleida por la represalia.

Fragmento de lápida judía de Monclús, hallada en el término de Monclús

por el Sr. Jesús Cardiel. Museo Paleontológico de Sobrarbe. Lamata.

El 28 de julio fueron reclamados para responder a querellas por los hechos de Monclús y Naval: 26 ciudadanos de l’Aínsa (los 26 huyeron a Francia y posteriormente sus bienes subastados para intentar recuperar 500 sueldos por cada judío asesinado.

El 7 de julio de 1321, se concedió franquicia a los judíos que permanecieran en Monclús y a los que fueran a repoblar la judería por un período de diez años; dispuso que las heredades de los muertos fueran dadas a sus más próximos parientes o, si no los había, repartidas entre los repobladores. Y  durante el período de franquicia, que la judería sólo pagara 300 sueldos jaqueses con destino a la reconstrucción del recinto amurallado.

 

Los sobrarbeses de religión judía que residían mayoritariamente en Monclús, l’Aínsa y Bielsa, disfrutaron pasado el verano de 1320 de una existencia condicionada por la tragedia de los asesinatos, desaparecidos y convertidos a la fuerza en Monclús, protagonizada por los pastorcillos (pastorelli). Hay que destacar que los cristianos de Monclús no participaron activamente en los asesinatos de sus vecinos judíos, -finalmente sólo 4 cristianos de Monclús fueron acusados-.

El año 1328, el procurador de la aljama judía de Monclús era Samuel del Rap, y aún se negociaban las reparaciones por los desastres protagonizados por los pastorcillos.

El año 1336, Pedro IV prorrogó en quince años las exenciones de impuestos a los judíos de Monclús y confirmó los privilegios, fueros, franquicias y libertades concedidas por su padre. Más tarde, en 1341, en una carta de Pedro IV los privilegios de los judíos de Huesca se conceden también a los judíos de Monclús, para ayudar a superar los desastres provocados por los “pastorcillos”.

A pesar de los esfuerzos de los reyes de Aragón por mantener la aljama judía de Monclús, esta desapareció el año 1357, aunque continuaron viviendo familias judías en Monclús, también había comunidades judías en Bielsa, l’Aínsa y Naval.

La historiografía judía prácticamente inexistente en los siglos XIII y XIV, aporta algunos escritos a finales del siglo XV principios del XVI, y en el Sefer Shebet Yehudah (La Vara de Jehudah) de Salomón ben Verga, se relata el ataque a la aljama judía de Monclús:

En el reino de Aragón se encontraron en grave apuro y se reunieron todos en las ciudades fortificadas. Asimismo, enviaron un legado al Papa, quien ordenó a todos los obispos de su jurisdicción que promulgasen una excomunión contra los pastores para que desistieran de su empresa; pero no sirvió. El obispo de Tolosa (debe leerse Toledo. Don Juan, hijo del rey de Aragón, fue arzobispo de Toledo desde 1319, no de Tolosa ni de Toulouse) era hijo del rey de Aragón y auxilió a la comunidad de Lleida, y se salvaron.

Marcharon los pastores por todo el reino de Aragón y estuvieron a punto de perecer todos los judíos, si no hubiera sido por el rey de Aragón, rey misericordioso, que se armó para la liberación de las comunidades de su reino y puso caballeros y guardas en todas las provincias. A pesar de todo esto no se hubiera llegado a un resultado favorable sin que el señor Don Alfonso, hijo del rey de Aragón (fue el futuro rey Alfonso IV que reinó entre 1327 a 1336), expusiera su vida por aquella justa causa. Fue a la ciudad de Huesca, apresó a cuarenta pastores y los ahorcó de un árbol por mandato de su padre. Asimismo, en el monte Segur (Pobla de Segur) capturó a muchos de ellos y los ahorcó, y los pastores desaparecieron de su reino. También el rey de Francia promulgó en todos sus dominios que todo pastor que fuese hallado sería matado. Salieron los pastores del reino de Aragón, entraron en el reino de Navarra, y llegaron a la comunidad de Pamplona. A tres leguas de allí está el lugar de Monreal, habitado por muchos judíos, que causaron a los pastores gran matanza, y éstos se marcharon de allí.


Assis, Yom Tov., Jewish Economy in the Medieval Crown of Aragon, 1213-1327, Leiden, 1997.

Baer, Yitzhak., de los judíos en la España cristiana, Barcelona, 1999.

Durán Gudiol, Antonio., La judería de Huesca, Zaragoza, 1984.

Lascorz Arcas, Francisco Andrés., Las comunidades judías en Sobrarbe, Boltaña,

Nirenberg, David., Comunidades de violencia (La persecución de las minorías en la Edad Media), Barcelona, 2001.

Pita Merce, Rodrigo., Una lista de judíos de Monzón en el año 1397, Lleida, 1983.

Riera i Sans, Jaume, Fam i fe. L’entrada dels pastorells (juliol de 1320), Lleida, 2004.

Verga, Selomoh ibn., La Vara de Yehudah (Sefer Sebet Yehudah), Introducción, traducción y notas por María José Cano, Barcelona, 1991

 

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