Aunque ya hace algún tiempo que el Muro de Berlín desapareció de la ciudad reunificada, su recuerdo se mantiene vivo. El 13 de agosto de 1961 amaneció la ciudad de Berlín dividida. Soldados comunistas transitaban por la ciudad, bloqueando calles y levantando barricadas. En los 28 años que el muro de Berlín se mantuvo en pie, 100.000 personas intentaron huir, de ellas solo 5.075 lo lograron y 136 perdieron la vida en el intento, muchas de ellas, asesinadas. Esta semana pasada se cumplió el 50º Aniversario de su construcción, celebrándose con ese motivo diversos actos en los que también estuvo presente la Canciller Angela Merkel.

Los ciudadanos judíos en la RDA eran una minoría incomoda de gran importancia política. Formaban parte de una red de expectativas políticas que daban poco margen, asegurándose con ello la supervivencia. El mayor espacio libre en el que se podría sentir completada la minoría aislada era en el aspecto religioso. Todas las otras ambiciones eran vistas con sospecha o impedidas. Cuarenta años de judía en la República Democrática Alemana se puede ver al mismo tiempo de forma opresiva e impresionante a través de los momentos clave de la de la RDA y algunas de sus contradicciones internas.

En Berlín, la mayoría de los judíos vivieron primero en el sector soviético de la ciudad. El antiguo casco histórico con la parcialmente destruida sinagoga en la Oranienburgerstrasse, el cementerio de Weissensee, y otras instalaciones eran un punto de confluencia para los sobrevivientes y los repatriados, que se congregaban alrededor del rabino Martin Riesenburger. También existieron celebridades como Anna Seghers, y otros retornados con menor notoriedad que se establecieron con la esperanza de encontrar un orden social reformado en el la parte oriental del país. El número de judíos en el área de la zona dominada por los soviéticos, incluyendo el este de Berlín, se redujo en 1946 de 2.400 judíos a sólo 1.150 en 1949, como consecuencia de la formación de la Republica Democrática Alemana (RDA).

Tres años más tarde se redujo aún más la población quedando en menos de 1.000 personas. Las comunidades más grandes, se ubicaban en Leipzig, Dresde y Magdeburgo, otras como Halle, Erfurt y Chemnitz apenas reunían unos 100 miembros, y las más pequeñas halladas tales como las que se situaban en Zittau, Zwickau y Plauen se disolvieron pronto. Estos judíos habían sobrevivido a los campos de concentración bien por haber vivido en la clandestinidad o porque habían formado “matrimonios mixtos”. Una considerable parte de la población había regresado del exilio a la zona de ocupación soviética, porque aguardaban la esperanza de poder realizar su ideología comunista, encontrándose entre estas personas algunos de los personajes más relevantes del espectro político, científico o cultural de la RDA: Albert Norden, Hermann Axen, como miembros del partido y del gobierno, Eisler Gerhard, Gerhard Leo como los principales periodistas, Rappoport Mitja y Wollenberger Albert como científico, Ernst Bloch, Zweig Arnold, Anna Seghers, Stefan Heym, Victor Walter, Walter Felsenstein, Weigel Helene, como artistas y filósofos.

Para los judíos en la RDA este elenco de famosas e influyentes no llegaron a jugar un papel destacado en sus vidas, al no manifestar su pertenencia al pueblo judío de manera pública, dándole más relevancia a su puesto ocupado en la sociedad que a sus orígenes. Inmediatamente después de la guerra, las fuerzas soviéticas de ocupación se manifestaron de forma generosa con los sobrevivientes del holocausto. En el mes de mayo de 1945 celebro el rabino Martin Riesenhuber su primer servicio del sábado en la sala de ceremonias del cementerio judío de Berlín-Weissensee. Aproximadamente 1.000 judíos aprovecharon la ocasión para salir de sus refugios con el fin de asistir a la celebración. Pero en 1947 comenzó la persecución de los judíos por parte de los comunistas: El primer presidente de la comunidad judía de Berlín, Erich Nelhaus fue detenido por la policía secreta soviética y condenado a 15 años de prisión, por supuestamente favorecer a los desertores soviéticos.

En 1950 la Federación del Consejo Central de Judíos en , contaba con una comunidad de aproximadamente 15.000 miembros repartido por diversos puntos del país. En el Proceso Slansky (Praga, 1952), resultaron ejecutados doce dirigentes del Partido Comunista Checoslovaco inocentes, en un juicio que tuvo connotaciones paranoicos (once eran judíos), donde pretendieron mostrar a la población judeo – germana que les podría sobrevenir lo mismo en la República Democrática Alemana no importándole a nadie la suerte que estos pudiesen correr.

Después de la Guerra de los Seis Días (1967) vino una respuesta antisemita por parte de la nomenclatura del SED (Sozialistsche Einheitspartei Deutschlands), el partido único de la RDA, que simbolizó la huida de buena parte de los ciudadanos judíos del país. En el mismo sentido, causo un profundo impacto la noticia de la revocación de la ciudadanía y expulsión de los judíos polacos en 1968. Se trató de un proceso injurioso que incluyó a comunistas que eran parte del apparatchik de la talla de Leopold Trepper, líder de la red antinazi clandestina más grande de la II Guerra Mundial, conocida como “La Orquesta Roja”, o filósofos de renombre como Zigmund Bauman.

La de los judíos de la

La actualidad

La caída del Muro de Berlín, el desmembramiento de la Unión Soviética y la reunificación alemana trasformaron drásticamente a la sociedad alemana y también a su comunidad judía. En la ex-RDA resurgieron a partir de 1990 las comunidades judías en las grandes ciudades. Y en toda se acrecentaron las comunidades y los habitantes de origen judío. Dejando de lado las originas exógenas, hubo de parte del gobierno alemán de esos años una política manifiestamente benefactora de la inmigración judía a este país. Mientras los gobiernos de Kohl (1990-1998) endurecían la política inmigratoria alemana en general, autorizaban con gran afabilidad, cursos de integración idiomática, facilidades laborales etc., a los judíos (especialmente a los provenientes de la ex-Unión Soviética) que se habían afincado ahí. Según el análisis de algunos observadores, se debía favorecer el resurgir de las comunidades judías en como parte del precio a pagar ante la comunidad internacional, para que esta no se resistiera a la reunificación de las dos Alemania. Evidencia de esto es que actualmente viven en alrededor de 125.000 judíos, siendo la comunidad judía de este país la que tiene la mayor tasa de crecimiento en el mundo.

Entre 1990 y 2010 se han inaugurado en suelo alemán 19 sinagogas nuevas. Hoy la vida judía en

Una de las condiciones principales es que la presente composición de las mismas no se ve representada en los niveles directivos del Comité Central de los Judíos en Alemania. Como en otras comunidades judías de la diáspora, existen también los rivalidades sobre los matrimonios mixtos, la relación con el Estado de Israel y aquí principalmente sobre el futuro de las relaciones judeo-germanas a largo plazo.

En otro aspecto, la caída del muro supuso que salieran archivos a la luz, relacionados con los crematorios de Auschwitz, que hasta entonces estaban en mano de Moscú. Pero la unificación no fue tan positiva para la comunidad judía existente. En Leipzig y otras ciudades de la antigua RDA, bandas de neonazis salieron a la calle tras la caída del telón de acero, siendo miembros de la Defensa Antifascista de Berlín gritando “Al diablo los judíos” (International Herald Tribune, 6 febrero 1990). La reunificada volvió a desatar su odio antisemita. En 1990 hubo 270 ataques neonazis antisemitas, pero en 1992 los ataques habían aumentado hasta los 2.000, con un saldo de 17 muertos y 452 heridos, según datos del Bundestag. En 1992, 77 monumentos judíos fueron profanados, 50% más que en 1991. En 1993, 80 cementerios judíos, sinagogas y memoriales a las víctimas del nazismo fueron profanados, mientras se sucedían agresiones físicas contra inválidos, inmigrantes y homosexuales. La policía popular, la Stasi y la milicia obrera comunista, que hubiesen defendido la legalidad antifascista, habían sido desmantelados y los nuevos nazis campaban a sus anchas, amparados por el régimen burgués alemán, eufórico, victorioso y revanchista por haber destruido la socialista.

La unificación de también supuso que Israel admitiera a cerca de 1 millón de judíos soviéticos, y aproximadamente, 200.000 judíos argentinos. La cuestión judía, en cierto sentido un problema de índole nacionalista, siguió siendo sui generis. Aunque constituían no más del 1% de la población soviética, los 2 millones de judíos eran, pese a la persistente discriminación en la admisión a las universidades, el grupo nacional más culto de la antigua URSS y parte indispensable de la elite tecnócrata. En 1970, el 6,9% de todos los trabajadores científicos y académicos del país eran judíos, y en los niveles más alto de estas áreas, en particular la física, las matemáticas y la medicina, el porcentaje era aún más elevado. La mayoría de los judíos no estaban ya muy interesados en la cultura yidis ni en las prácticas religiosas judías, no obstante, la victoria de Israel en la guerra de 1967 y la ruptura simultanea de relaciones entre la URSS e Israel señalo el inicio del resurgimiento del sentimiento nacional judío en la Unión Soviética. Los judíos automáticamente se volvieron ciudadanos de Israel y el arribo masivo de los residentes en la URSS provoco un nuevo reajuste en el área asignada a los palestinos.

La recuperación de las propiedades que se le habían sido arrebatadas casi nunca fue recuperada. El régimen “sovietizado” era opuesto a elaborar programas de devolución o de indemnización por las pérdidas sufridas. Aducían, bien la desolada situación de la economía, bien las dificultades técnicas, o bien lo injusto de tales pretensiones especiales de los judíos. Hasta el año 1996 no consiguieron las organizaciones judías acceso a la documentación de los bienes robados a los judíos que los nacionalsocialistas habían depositado en bancos suizos. Y en otro cabe decir de los tesoros artísticos que, en Francia y en otros sitios que se encontraban bajo ocupación alemana, fueron substraídos durante el saqueo de los bienes judíos.

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María José Arévalo Gutiérrez (1967) nació en Goslar (Alemania), siendo hija de emigrantes, retornando a España en el año 1985 donde reside en El Puerto de Santa María (Cádiz). Diplomada en Turismo, cuenta con un amplio currículum académico, donde se especializo en el sector Vitivinícola (Master) y Gestión de Empresa (MBA). Su carrera profesional se ha realizado durante más de dos décadas en el sector turístico y últimamente se esta desarrollando en el ámbito de la docencia. Su inquietud e interés por el mundo judío, le vienen desde la juventud, entrando en contacto históricamente con el holocausto en Alemania, donde efectuó los estudios obligatorios. Su enamoramiento por Andalucía y su diversidad cultural, le llevaron a investigar los aspectos históricos - culturales en el ámbito mas cercano, entre ello la cultura sefardí. Colabora en varios boletines y revistas especializadas con el fin de aportar con su trabajo a la difusión de la información recabada.