La burocracia rusa se regocija con la debacle estadounidense en Afganistán, pero los observadores aún más equilibrados se encuentran horrorizados por lo sucedido. El especialista en política exterior de Kommersant Radio Maxim Yusin, quien no confía en los talibanes, se ve sorprendido por el egoísmo de los al marcharse de Afganistán en peores condiciones que cuando entraron y tomaron la decisión sin tener en cuenta a sus clientes afganos y aliados de la OTAN. Aquellos que anteriormente dependían del apoyo estadounidense tendrán que reconsiderar ahora sus opciones.

El artículo de Yusin puede leerse a continuación:[1]

Maxim Yusin (fuente: Allpravda.info)
Maxim Yusin (fuente: Allpravda.info)

«La retirada de las fuerzas estadounidenses de Afganistán y todo lo acompañado pasará a la historia como el símbolo más gráfico, elocuente e impactante de la humillación de una gran potencia. Por supuesto, hubo precedentes previos: la retirada de los mismos de Saigón, la evacuación francesa de Argelia y la salida británica de India, que no fueron menos dramáticos y estuvieron acompañados de mayores sufrimientos humanos y de innumerables bajas.

«Sin embargo, era una época diferente para ese entonces; sin Internet, redes sociales y canales Telegram. Para ese entonces, el planeta entero no estaba al tanto de la magnitud del desastre y de los errores cometidos, la gente no seguía tales en la televisión en vivo».

«Nunca antes había sido tan público el fracaso de una gran potencia, el de sus máximos dirigentes, sus fuerzas armadas y sus servicios especiales. Las consecuencias de los hechos deben ser comprendidos por todos: Estados Unidos, sus aliados y por todos sus adversarios. Incluso es posible que este sea un momento decisivo en el tema de geopolítica: un antes y después de Kabul. Sólo el tiempo dirá cuándo y a qué costo Washington podrá liquidar el colosal peaje impuesto a su reputación y si es que puede hacerlo en su totalidad.

“Por ahora, el panorama es muy lamentable. Si se compara la situación en Afganistán con la de hace 20 años, cuando los estadounidenses comenzaron sus operaciones militares, entonces la situación actual es mucho peor.

«En ese momento, aquellos individuos radicales islámicos no tenían el control total del país. Al norte del país existía un cuasi-estado, que se encontraba bajo la autoridad de la Alianza del Norte y no estaba subordinado en lo absoluto a los talibanes aparte que cumplía el papel de ser un regulador peculiar en las fronteras con las repúblicas postsoviéticas de Asia Central. Hoy día no existe tal regulador; los talibanes han extendido su poder a prácticamente todo Afganistán y ahora están mejor armados que los ejércitos de muchos estados de la región gracias a que se quedaron con todos los equipos y armamento de los estadounidenses.

«El movimiento Talibán solía controlar principalmente áreas pastunes, ahora este movimiento ha llegado a las fronteras de Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán e Irán. Por lo tanto, existe un peligro tangible, a pesar de las garantías de los nuevos gobernantes en Kabul, de que el caos afgano pueda tarde o temprano irse de bruces más allá de las fronteras del país.

«Este escenario, sin embargo, ya no molestará más a los estadounidenses. Habiéndose retirado de Afganistán, estos han demostrado un ejemplo sorprendente de egoísmo, poniendo tanto a sus clientes afganos como a sus propios aliados de la OTAN, que han luchado codo a codo con ellos durante 20 años, ante un hecho consumado. Al decidir retirar sus fuerzas, Washington no consideró necesario, ni siquiera por las apariencias, consultar con los británicos, alemanes, holandeses, canadienses y australianos, quienes perdieron cientos de soldados en Afganistán y que debieron haber tenido al menos capacidad consultiva (aunque no ante la vista de la administración Biden). Estos ciertamente tendrán consecuencias a largo plazo.

«Y esos países y políticos, orientados hacia los y que lo consideraban el garante de su seguridad, seguramente aprenderán mucho de la historia afgana.

«Así fue como lo vio el presidente afgano Ashraf Ghani, quien ahora es ex-presidente.

«Los propios taiwaneses, preocupados por un enfrentamiento inminente con China, ya no experimentarán la confianza previa en las promesas de Washington de brindarles asistencia militar. Incluso pudieran llegar a la conclusión de que es mejor decidir el tema pacíficamente haciendo compromisos razonables, mientras Pekín todavía ofrece dichos compromisos. Y los mismos sauditas se sentirán menos confiados al enfrentarse a un Irán mucho más poderoso militarmente. La pregunta importante es si les brindará la asistencia necesaria. Y los mismos ucranianos también, en caso de un enfrentamiento serio con Moscú por conquistar Donbass o Crimea, probablemente habrá que tener en cuenta la lamentable experiencia del aliado de Ashraf Ghani los en Kabul.

«Por supuesto, cada conflicto tiene sus propias peculiaridades y cada región tiene un valor diferente ante los estadounidenses. Cada aliado, cada cliente, tendrá esperanzas de que Washington no le abandone… tal como lo esperaba el presidente Ghani en Afganistán hasta el último momento».


[1] Kommersant.ru, 31 de agosto, 2021.

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