Erika Landau, psicoterapeuta, educadora y escritora, nació en Czernowitz, Rumania en 1931. Vivió una infancia feliz, se sentía querida, protegida y pensaba que nada podía herirla. De pronto todo cambió, llegaron los nazis y fue sumergida en el horror y el sufrimiento. Llevaron a la familia caminando a un campo de trabajo, perdió un zapato en el lodo, quiso recuperarlo y se calló, un soldado alemán empezó a golpearla; miró a su padre, parado, impotente, llorando, su dolor se duplicó. El dolor continúo durante 4 años en campos de concentración.

En medio de la desesperación y el hambre, su madre le enseñó poemas, murmuraban música y con sus dedos congelados la tocaba en sus piernas como si fuera el piano que había desaparecido. A los 10 años tuvo que aprender seis idiomas en el esfuerzo por defenderse del fascismo. Sobrevivió y conservó las experiencias vivas hasta convertirlas en elementos de su creatividad y su generosidad.

Emigró a en 1947 y se casó un año después. Decidió nunca tener hijos; después del Holocausto no podía liberarse del sentimiento de que la catástrofe esperaba a la vuelta de la esquina. Contemplando su pasado nunca se arrepintió de su decisión:” Tengo muchos hijos, dijo, que amo y ayudo de muchas maneras, no tienen que ser míos.”

Estudió en la Universidad de Tel Aviv y obtuvo la licenciatura en historia y psicología, el doctorado lo recibió en la Universidad de Múnich בםמ su disertación sobre la creatividad.

Uno de sus recuerdos persistente era la entrada intempestiva de los soldados a su barraca en la búsqueda de mujeres para violarlas o llevárselas. Su madre la empujó a un nicho, “no me podía mover, relata, o apoyarme en la roca áspera, pase la noche de pie, cansada, asustada y me dolían los pies. Trate de aligerar el peso de mi cuerpo con movimientos pequeños que me daban segundos de alivio, mover un dedo de un pie, la cadera, levantar un hombro.

Años más tarde, descubrir las diferentes formas que use para mantenerme mentalmente equilibrada esa noche. Ahora enseño a buscar siempre por lo menos una forma más de ver las cosas o solucionar un problema porque no hay un marco, por pequeño o estrecho que sea, en el que no haya alternativas.

Aprendí que se necesita valor para aceptar los recuerdos y controlar los sentimientos, entonces se puede descubrir la fuerza que poseemos, sentir compasión por nosotros y por los otros, entender, darle sentido a tu vida, perdonar, pero, no olvidar.”

Ser significa seleccionar, funcionar, actuar, intentar una y otra vez sin estar segura de antemano de que las selecciones son buenas o correctas porque algo puede ser cierto hoy y mañana no. El objetivo de la educación o el tratamiento es darle al individuo la confianza de que tiene la fuerza, no solo de adaptarse al entorno, sino, también de lanzarse y enfrentar retos. Aceptar la ansiedad de pacientes y estudiantes, ayudándoles a vivir activamente en el presente a pesar de sus angustias e inseguridades, preparándolos para un futuro creativo.

Tanto en estudiantes, como en pacientes, lo primero que busca la Dra. Laudel es su fuerza para hacerla crecer para que puedan confrontar sus debilidades. Es válido equivocarse, lo que no se debe hacer es no aprender de lo ocurrido. Fallar, equivocarse, puede ser el principio de algo nuevo, para la Doctora lo más importante es la forma de las preguntas para que el individuo busque por sí mismo el camino a las soluciones, preparándose para desarrollar el camino creativo en su vida.

Cuando un niño pregunta, se quiere conectar con la persona que interroga y se le debe preguntar qué significa el tema para él, así aprende a expresarse y a pensar antes de preguntar. La educación debe descansar en las preguntas que abren el mundo, mientras el conocimiento mecánico lo cierra. Una pregunta bien formulada contiene la mitad de la respuesta. Se le debe permitir que tenga la experiencia de las cosas y prepararlo para vivir; con esto se cumple el objetivo de la educación. Cuando se aprende solo con la mente, se olvida lo aprendido, pero cuando el aprendizaje se acompaña de emoción, nada es olvidado.

Con su método, la Dra. Landau ayuda al niño superdotado que necesita estímulos, apoyo en la soledad de su carrera de larga distancia; estimula a adultos y ancianos para que continúen buscando sus habilidades, su creatividad; ayuda a enfermos en el último periodo de sus vidas a vivirlos a ‘su estilo’. En todas las edades, el reto común es encontrar nuevas alternativas en su propio marco como descubrió en aquel nicho en la roca. “La creatividad existencial no consiste solo en romper limite, sino en encontrar alternativas dentro de los limites, nos dice, Creatividad es una actitud de vivir y sobrevivir con nuestra participación, afirmando y escogiendo alternativas”

Su visión de la experiencia de vivir es un balance entre intelecto y emociones, esto es creatividad, un dialogo entre el mundo interior y el exterior, ser parte de lo que se hace, de lo que se elige, ser socia de su destino para crear la propia realidad que comprehende al mundo exterior como un proceso sin fin de ser.

“Espero mantener este balance creativo en mi vida y tener la habilidad de pasarlo a mis estudiantes, pacientes y, especialmente, a los niños superdotados.”

Con su especial metamorfosis del sufrimiento en creatividad, la Doctora fundó, en 1969, el Instituto para Jóvenes para la Promoción de Creatividad y Excelencia que funciona en el campus de la Universidad de Tel Aviv. Los estudiantes superdotados o talentosos trabajan desde el jardín de niños hasta la secundaria.

La doctora sostiene que los niños superdotados deben convivir con otros niños porque las emociones se desarrollan lentamente en los niños. Si se les aísla a los 5 o 6 años antes de establecer sus relaciones con el jardín de niños, la escuela, el vecindario, se frustra su sentido de pertenencia que está desarrollando y más tarde sentirá que no pertenece a ningún grupo.

En nuestra sociedad conformista, no se distingue a los niños por sus habilidades y se pretende educarlos a todos igual sin tomar en cuenta sus habilidades, cuando los niños son talentosos, precoces, inteligentes, las formas de actualizar sus capacidades deben ser selectivas.

El Instituto fue creado para ayudar a los niños talentosos y superdotados a vivir en una sociedad que no puede aceptar niños que no se ‘conforman’ y preguntan más, que son inquietos y se aburren fácilmente porque aprehenden cosas fácil y rápido. El objetivo es, en primer lugar, satisfacer las necesidades del niño y aceptarlo como lo que puede ser y no imponerle como debe ser. Otros objetivos son: entender el ser superdotado y descubrir talentos. Ayudarles a ser conscientes y desarrollar sus habilidades y necesidades intelectuales, emocionales y sociales mediante estímulos a todos sus potenciales con talleres en ciencias exactas, humanistas y sociales, en artes.

Los niños más talentosos necesitan el apoyo de su medio ambiente y estimulaciones adecuadas para desarrollar su potencial. Si no, pueden retrotraerse y aun tratar de destruir su potencial de llegar a ser felices. Ignorar al niño superdotado lo puede convertir en un ser interrumpido, frustrado, marginado de la escuela, de la comunidad, de la vida pública y, a veces, de la vida misma. Las capacidades maltratadas también pueden ser usadas para propósitos antisociales, usando los talentos para los fines “equivocados”.

El niño dotado de hoy puede ser el líder de mañana, se le debe dar la oportunidad de ser consciente de su potencial, de recibir los estímulos necesarios, de sentirse responsable de sus actos. Despertar su interés en su sociedad, despertando la aspiración de actualizar su potencial para su bien y el bien de la sociedad. Los medios son el uso creativo de los conocimientos en ciencia y tecnología para conformar el futuro y no como fines. No se le puede dar conocimiento del futuro, pero se puede darle los instrumentos para enfrentarse a lo que le traiga el futuro.

“Para mí, expresa la doctora, no es solo un país donde vivir, como una niña del Holocausto, me devolvió el derecho de existir como ser humano, de ser una ciudadana interesada. Siento el deber de ayudar a los niños superdotados a actualizarse para su bien y el bien de la sociedad.”

El instituto atiende a 800 niños superdotados cada semestre en la universidad, por sus talleres han pasado miles de alumnos, por encuestas se ha comprobado que muchos de ellos no solo actúan de acuerdo con su potencial, sino que han alcanzado reconocimiento en sus campos de trabajo y generalmente son más jóvenes que sus colegas. Cuando tienen hijos, los traen al Instituto.

Desde 1973, el Instituto atiende a 500 alumnos, más o menos, en los alrededores de Tel Aviv, en áreas menos cultivadas. De acuerdo con los participantes y el reflejo en sus vidas, los resultados han sido buenos y gratificantes.

La Doctora Landau ha expuesto sus ideas, investigaciones y métodos en 36 artículos en revistas especializadas y 9 libros ya traducidos a diferentes idiomas. Ha participado en la Academia Mundial de Arte y Ciencia, en consejos internacionales dedicados a los niños superdotados, en trabajo editorial y en investigaciones sobre el futuro de la sociedad mundial.

La Doctora Erika Landau murió el 6 de agosto de 2013.

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Nació en la Ciudad de México, terminó sus estudios de Filosofía en la UNAM, es Escritora y traductora. Actualemente reside en Israel.