Esta prohibición parece algo superflua, siendo que, en todas las indicaciones respecto a la monarquía, se establece el carácter de común mortal de quien pudiera ser rey.

El asunto tiene que ver con la percepción del público respecto a sus autoridades. Si bien un rey, o cualquier gobernante está sometido al escrutinio público y a la contraloría de los poderes del estado, no debe dejarse de lado que es una autoridad que merece respeto, el mismo respeto que logra infundir en virtud de su investidura.

La semana pasada, el 7 de julio de 2021, asumió la presidencia del Estado de Israel de manos de Reuven Rivlin.  Ambos presidentes son bastante sencillos, por decirlo de alguna manera. Ambos tienen diminutivos por los cuales son conocidos. Herzog es “Boogie”, Rivlin es “Rubi” y así se les sigue llamando, a pesar de algunos intentos de voceros que señalan no seguir llamando “Boogie” al nuevo presidente.

El acto de entrega y asunción en la residencia presidencial fue simple y con características de protocolo, respeto y majestuosidad.  Es la primera vez que la presidencia de Israel se asume en un acto de estas características y llama la atención que ocurra justo cuando algunos han llamado a eliminar el cargo.  Un cargo que es más decorativo que funcional, pero que en los últimos años ha venido cobrando inusitada importancia. Claro, tener de presidente a Shimon Peres con su estatura histórica, y luego a Reuven Rivlin con su trayectoria política y personalidad, nos lleva a concluir que el hábito no hace al monje, pero el monje engalana el hábito.

La entrada de los presidentes y ambos discursos resultaron en algo que se ha desvanecido un poco del agresivo panorama político de Israel. Rivlin dio una calurosa bienvenida a Herzog y, además de elogiarlo le deseó, con genuino sentimiento, el mayor de los éxitos. Herzog le extendió su solideo, su kipá, para cubrirse la cabeza, cundo Rivlin pronunciaba una bendición para el Estado y no conseguía la suya propia. Ya la recitación de una bendición en un acto de naturaleza secular representa una señal de profundo respeto y consideración respecto a las raíces religiosas del estado judío. Por su parte, Herzog fue generoso en sus palabras para con el presidente saliente. Rivlin recordó que fue el abuelo de Herzog, un destacado rabino, quien pronunció el discurso de su Bar Mitzvá. Cabe destacar que Rivlin y Herzog han estado toda la vida en partidos diferentes y en campos ideológicos que se adversan. El primero has ido siempre una figura destacada del Likud, y Herzog casi llega a primer ministro por parte del laborismo.

Mientras en la Knéset, el parlamento israelí, los partidos de gobierno y oposición se enfrascan en una lucha sin cuartel, la presidencia da un ejemplo de civismo y tolerancia. Lo grave de la Knéset no es el enfrentamiento de ideas y posiciones, algo que debería fortalecer la dinámica democracia israelí.  Lo grave es la falta de respeto entre los miembros de distintos partidos, la agresión y descalificación a personas y posiciones.

Enseñar el torso desnudo a todos no es muestra de naturalidad o sencillez. Es una forma de incentivar agresividad e intolerancia, justificar ataques a personas y situaciones personales, inmiscuirse en asuntos de la vida privada que no deben ser objeto de la atención pública. Degradar el debate político, sembrar la desconfianza en las autoridades. Promover una sociedad violenta.

Sí, se requiere tomar el ejemplo de los presidentes. Optar por una institucionalidad con majestad. Con el torso cubierto.

FuenteAurora

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