Diario Judío México - En Bloomberg, el analista norteamericano Eli Lake escribe sobre el poco conocido hecho de que el reformismo iraní recibió un golpe de muerte en 1999; de mano del actual presidente de la República Islámica, Hasán Ruhaní, jaleado por tantos en Occidente como un confiable moderado.

Lo de que la iraní del presidente Trump ha alienado y debilitado a los moderados del régimen [de Teherán] no es más que un reconfortante espejismo promovido por numerosos críticos de la misma.

(…)

Quienes sostienen eso harían bien en estudiar lo que sucedió hace veinte años en la Universidad de Teherán. La rebelión empezó con unas manifestaciones estudiantiles por el cierre judicial del periódico reformista ‘Salaam’. (…) El 9 de julio de 1999 las fuerzas de seguridad del régimen irrumpieron en una residencia de estudiantes (…) Se llevaron a unos 1.500 jóvenes. Hasta el día de hoy no se tienen noticias de decenas de ellos. (…)

Las manifestaciones y las ulteriores batidas represivas no son infrecuentes en (…) Pero las protestas de 1999 en la Universidad de Teherán son particularmente relevantes (…) porque el entonces presidente del país, Mohamed Jatami, abanderaba la clase de reformas que los estudiantes demandaban.

(…) Quien lideró la [represión] fue el secretario del Consejo de Seguridad Nacional iraní, Hasán Ruhaní. En aquel momento un clérigo relativamente desconocido, Ruhaní dijo a sus seguidores que los estudiantes que demandaban reformas eran “enemigos del Estado”. (…) Por supuesto, Ruhaní es hoy presidente de . La Administración Obama, que confió en él para negociar el acuerdo nuclear de 2015, lo promocionó como un (…) moderado. Es revelador que en 1999 fuera la cara de un régimen que socavó al único presidente reformista [que ha tenido ] desde la revolución de 1979.

El fracaso de Jatamí a la hora de proteger a [aquellos] estudiantes es una de las razones por las que tantos activistas iraníes que creyeron durante años en la perspectiva de una reforma incremental creen ahora que el único camino posible es el del cambio radical.

Pnina Shuker, del Instituto para los Estudios sobre la Seguridad Nacional israelí, sostiene que los políticos y militares israelíes subestiman la capacidad de resistencia a la adversidad de la ciudadanía de su país, y que eso está influyendo negativamente en la toma de decisiones relacionadas con la seguridad nacional del Estado judío.

Desde los años 80 del siglo pasado, los cambios registrados en el ámbito de los valores, en la legislación y en los medios de comunicación han llevado a una creciente percepción de que la sociedad israelí no está tan dispuesta como antes a aceptar el coste en vidas y heridos de las operaciones militares. (…) La percepción de que el frente doméstico se ha vuelto más sensible a las pérdidas ha ido abriéndose paso gradualmente en los ámbitos de decisión gubernamentales y militares; y su influencia en la manera en que se gestionan los militares se sigue sintiendo hasta hoy.

Pero estudios llevados a cabo en años recientes indican que esa percepción no refleja exactamente la realidad. Un análisis de las operaciones a gran escala de las FDI [Fuerzas de Defensa de ] en [el siglo XXI] –la Segunda Intifada, la Segunda Guerra del Líbano, la operación Plomo Fundido, la operación Margen Protector– muestra que todas ellas disfrutaron de principio a fin de un gran apoyo público en todos los sectores. El consenso en torno a una operación depende de cuánto dure y cuántos muertos y heridos genere. Pero los datos muestran (…) que el apoyo sigue siendo fuerte si la opinión pública percibe que la guerra es justa, los objetivos son vitales y hay opciones de éxito.

(…)

Si las escaladas [en Gaza] apuntan a una operación terrestre, quienes toman las decisiones deben recordar que la protección de la vida de los civiles tiene preferencia sobre la protección de la vida de los soldados, y que la sociedad israelí es sensata y leal, como ha quedado demostrado en el pasado. Así que, aunque sin duda debemos pugnar por minimizar las pérdidas, esto no debe convertirse en un objetivo de la guerra.

Muy interesante artículo del analista paquistaní Saad Hafiz, que pide a las autoridades de su país que dejen a un lado los prejuicios ideológicos y, por el bien superior del Estado, entablen relaciones con .

El interés colectivo del Estado debería ser lo más importante. Si aceptamos este principio, entonces la posición tradicional de Pakistán contra el establecimiento de relaciones diplomáticas con tiene poco sentido. (…)

Es interesante observar que, en un primer momento, las políticas exteriores de Pakistán e estuvieron basadas en razones de seguridad similares. Ambos países veían un entorno hostil con el amenazante potencial de destruir el Estado. (…)

(…)

(…) uno se pregunta qué beneficio estratégico obtiene Pakistán de mantener en suspenso la apertura hacia en aras de conseguir el favor del mundo árabe. Incluso los pakistaníes más crédulos deben de estar hartos de escuchar que Pakistán se creó para servir a la causa del Islam. Desde el principio, nuestros hermanos árabes han tratado a Pakistán con una mezcla de condescendencia y desprecio.

(…)

En cuanto a la cuestión palestina, (…) Pakistán no está en condiciones de moderar la conducta israelí o influir en la resolución del (…) conflicto. Es ilógico que Pakistán espere a que la complicada situación en Oriente Medio se resuelva por sí sola para establecer relaciones con Israel.

Por otro lado, las relaciones de Pakistán con Israel no deberían analizarse bajo el prisma de sus relaciones con otros Estados y, de hecho, deberían desarrollarse independientemente. Por ejemplo, la India disfruta de buenas relaciones con el mundo árabe, e Israel. Desarrollar relaciones sobre la base de un interés propio sensato (…) es crucial para Pakistán en estos tiempos.

(…)

Pakistán necesita reconfigurar su exterior en la era post 11-S. Para sacar provecho de la cambiante situación geopolítica en la región, Pakistán debe desarrollar un enfoque múltiple. Contrabalancear las relaciones con el mundo musulmán y con Israel puede optimizar los intereses paquistaníes. Israel puede asimismo obtener provecho de una asociación económica con Pakistán, sin comprometer su boyante relación estratégica con la India.

FuenteRevista El Medio
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