Diario Judío México - Preservar la cultura, cualquiera que sea su doctrina, era uno de los estándares éticos del mayor mercado de compraventa de libros, Amazon. Al menos, hasta ahora: el gigante del comercio electrónico, que otrora defendía que había que vender «lo bueno, lo malo y lo horrendo», ha emprendido una caza de brujas tan feroz como surrealista contra el nazismo. En primer lugar, retirando de su catálogo varios libros por presunta apología; en segundo, borrando digitalmente las esvásticas de un libro de fotografías sobre una de sus series de mayor éxito en Amazon Prime Video, ‘The man in the high castle’… que evidentemente muestra cruces gamadas al discurrir en un universo paralelo en el que los nazis ganaron la Segunda Guerra Mundial.

Hay varios casos notables de libros de temática nazi ausentes en Amazon, tales como ‘La élite gobernante: la toma sionista del poder mundial’, de Deanna Spingola, o ‘Una historia de la banca central y la esclavitud de la humanidad’, de Stephen Goodson. En ambos casos, se trata de obras centradas en el poder en la sombra de la comunidad judía a lo largo de la historia, una de las ideas esgrimidas por el nazismo para fomentar el antisionismo hace casi un siglo.

En el caso de Spingola, también han sido eliminados los otros dos libros de su trilogía sobre ‘La élite gobernante’, en los que lleva a cabo más una crítica al belicismo expansionista de EEUU en el siglo XX que una defensa del nazismo: ‘Muerte, destrucción y dominación’ y ‘Un estudio del imperialismo, el genocidio y la emancipación’. Hay casos en los que aún se puede acceder al enlace del libro en Amazon a través de Google (que no lo ha desindexado), pero el único mensaje que se ofrece es: «Lo sentimos. La dirección web que ha introducido no es una página que funcione en nuestro sitio». Sin mención alguna al motivo de la retirada del producto.

En ‘The man in the high castle’, la escrupulosidad moral de Amazon se convierte, además, en un paradójico doble rasero. Por un lado, la serie estrenada en 2015 lleva más de cuatro años mostrando un universo en el que los nazis ganan la Segunda Guerra Mundial, EEUU cae bajo el dominio del nacionalsocialismo y en el que los símbolos como las esvásticas no solo están cosidos al brazo del general de turno, sino que que sirven de demencial guirnalda para coronar los rascacielos.

Al mismo tiempo, el libro de imágenes de la serie, publicado el pasado diciembre, omite uno de los signos distintivos de ‘The man in the castle’: las esvásticas. Hace unos meses, coincidiendo con el estreno de la última temporada, se revelaba lo que los productores hacían con los símbolos nazis de la obra. Pero, por si no fuera poco con cortar en trocitos y destruir todas las cruces gamadas utilizadas en la serie, ahora Amazon ha decidido eliminarlas con Photoshop del libro de fotografías (tanto del rodaje como del producto final), tal y como revela este reciente artículo de ‘The New York Times’.

Es aquí donde surge la gran pregunta: ¿qué se debe hacer con Hitler y el nazismo? ¿Preservar su memoria, por muy malo que sea su recuerdo, para evitar que las generaciones futuras repitan los mismos errores? O, por el contrario, ¿debemos destruir todo lo que queda del nazismo en libros, películas, etc.? Philip K. Dick, el autor de la novela homónima en la que se basa la serie de Amazon, ofrece una tercera alternativa precisamente en su obra: imaginar qué hubiera sucedido si el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt hubiese sido asesinado en 1933, el país no hubiera superado la Gran Depresión y EEUU no hubiera participado en la Segunda Guerra Mundial (entre 1939 y 1947 en la ficción).

De algún modo, su relato se convierte en una hipérbole que precisamente nos advierte de los peligros más profundos del fascismo: sin la intervención de Estados Unidos, la Alemania nazi y Japón habrían terminado ganando la contienda y dividiéndose el control del planeta en la ficción. Un mundo paralelo, en la línea con las creencias de Dick sobre la existencia de un multiverso, y en el que las esvásticas son parte nuclear de la propaganda nazi que parece evidente que podría haber eliminado por completo el pensamiento plural y democrático de nuestro planeta.

El problema tanto de ‘quemar’ libros (por cierto, exactamente lo que hacían los nazis) como de adulterar una foto ya lo advertía hace 2.000 años Cicerón: «No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños». Más recientemente, Gregorio Marañón (1887-1960) lo expresaba de un modo más adaptado a un siglo plagado de fascismos y desmemoria colectiva: «La multitud ha sido en todas las épocas de la historia arrastrada por gestos más que por ideas. La muchedumbre no razona jamás». Menos aún, si las ideas acaban simplemente alimentando la hoguera de la incultura.

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