Diario Judío México - Emérico “Chiki” Weisz fue el hombre clave en la conservación para la historia de los negativos de Robert Capa, el agitado caso del “Maletín Mexicano” , que recientemente ha tomado resonancia. Mimetizado por su trabajo en el cuarto oscuro, siempre ha ocupado un lugar de secundario en la historia. Quedó primero a la sombra de su compañero de lucha , exilio y profesión. Y después fue ensombrecido por la apabullante dimensión de su esposa, la pintora Leonora Carrington .

El fotógrafo Emerico “Chiki” Weisz, quien durante 61 años fuera esposo de la pintora surrealista Leonora Carrington, falleció en Enero de 2007, al decidir cerrar los ojos a los 95 años de edad, víctima de una enfermedad renal que lo mantuvo recluido en su hogar.

Weisz Schwarz -sus apellidos- significan en alemán “blanco” y “negro”- nació en Budapest el 21 de octubre de 1911 y su vida estuvo determinada por su nombre desde el origen.

La Primera Guerra Mundial lo dejó sin padre y la Segunda lo condenó a un mutismo y un encierro voluntario por el resto de sus días. Lo negro, lo oscuro de la violencia humana, lo marginó y una amnesia deliberada acalló casi todo su pasado.

Lo poco que se sabe de su vida son esbozos que algún día narró a Gabriel y Pablo, los dos hijos que tuvo con Leonora Carrington.

“Sólo a tirabuzones le sacábamos los detalles que conocimos”, señala Pablo, médico patólogo radicado en Richmond.

La historia se remonta a su infancia de orfandad. Abraham Armin Weisz, su padre, talabartero de profesión, cayó de un caballo desde el que transportaba cañones durante la Primera Guerra Mundial, se infectó con el estiércol del animal y murió dejando en la orfandad a cuatro hijos. El menor era Chiki. Su madre, sin dinero, optó por mandar al pequeño de cuatro años a un orfanatorio.

“Esa separación y la sensación de abandono lo marcarían para siempre. Jamás quiso salir de , se encerró con sus fantasmas. Llevo 33 años viviendo fuera de y jamás vino a visitarme. Decía que no tenía pasaporte. Hoy sé que no era cierto. Lo renovaba continuamente, pero por la sombra del nazismo jamás se atrevió a dar un paso fuera de su hogar”, lamenta Pablo.

En 1931, al salir del hospicio húngaro, Chiki quiso estudiar ingeniería, pero fue rechazado por ser judío. Con Ernö Andrei Friedman, dos años menor y también judío, quien llegaría a ser el más famoso fotógrafo de guerra del siglo 20 con el pseudónimo de Robert Capa, decidió abandonar la turbulenta Hungría, envuelta en odios antisemitas.

A pie y sin dinero, Capa y Chiki llegaron a Berlín. Cuando en 1933 Adolfo Hitler subió al poder, partieron también caminando a París, donde conocieron al fotógrafo David Seymour, quien les consiguió trabajo como reporteros gráficos en la revista Regards, para cubrir las movilizaciones del Frente Popular español.

En julio de 1936, al estallar la Guerra Civil española, empeñados en presenciar la lucha antifascista y solidarios con la causa republicana, se trasladaron al frente. Junto con Maurice Ochshorn, también fotógrafo, estuvieron en los principales frentes de combate, desde los inicios de la guerra en Madrid hasta la retirada en Cataluña.

“Muchas de las fotos de la Guerra Civil, que se adjudican a Capa, fueron producto del trabajo conjunto de los tres amigos. Mi padre nunca quiso reclamar ningún crédito. Adoraba a Capa, sobre todo porque le ayudó a escapar a ”, afirma Gabriel Weisz, poeta.

En 1940, Emerico Weisz regresó a París, donde trabajó para Magnum, la agencia fundada por Capa.

“Contaba que vivía en el mismo edificio de Picasso y que, como no había secadora de fotos, todas sus reproducciones las colgaba en el vidrio de las ventanas y luego tenía que recogerlas del patio donde se caían”, recuerdan sus hijos.

El régimen de Vichy perseguía a los refugiados de la Guerra Civil española en Francia, donde Weisz es apresado en 1940. Tras varios meses de encierro en un campo de concentración francés en Marruecos, logró escapar para ocultarse en Marsella. Ahí se relacionó con refugiados pertenecientes al movimiento surrealista, como el poeta Benjamín Peret y la pintora Remedios Varo.

Capa consiguió un permiso a través del ex Presidente Lázaro Cárdenas para que Chiki viajara a , le dio dinero y así logró embarcarse en el Serpa Pinto, el último barco que salió de rumbo a América. Viajó con Peret y Varo, arribando a Veracruz el 1 de octubre de 1942.

“Llegó sin equipaje. Sólo traía consigo un cepillo de dientes, un abrigo y un documento falso que aseguraba que no era húngaro, porque no tenía relaciones con ese país”, apunta Pablo.

Pudo comenzar a trabajar tras conseguir su primera cámara con el apoyo de una organización judía. Senya Fleshin y Mollie Steimer, judíos rusos hermanados bajo el acrónimo Semo, quienes fotografiaban entonces a las luminarias del cine mexicano, a los muralistas, escritores y políticos, le prestaron su estudio y su laboratorio para iniciarse en la fotografía.

En 1944, en una reunión en casa de José y Katy Horna, Chiki conoció a Leonora Carrington, quien vivía con Remedios y Peret en la calle Gabino Barreda.

“Mi madre había estado casada con Renato Leduc, quien la ayudó a escapar de España, y bajo mutuo acuerdo se separaron. Muy pronto se unió con mi papá y duraron 61 años bajo el mismo techo, hasta su muerte el domingo”, señala Pablo.

El grupo de refugiados se reunía a menudo en la colonia Roma, y a los surrealistas se unieron republicanos españoles como Gerardo Lizárraga, pintores como Gunther Gerzso, fotógrafos como Maurice Ochshorn, y la misma Katy Horna, a quien Chiki conocía desde Hungría.

En , Chiki se casó, fue fotógrafo de prensa, tuvo a sus hijos y decidió nunca más partir. Trabajó en la revista Hola, en el Núcleo Radio Mil, en la XEW, la compañía Herdez y con Emilio Azcárraga Vidaurreta. Instaló su cuarto oscuro en su propia casa de la calle de Chihuahua y ahí fue atesorando en silencio sus recuerdos, que incluían fotografías con Cantinflas y María Félix.

En los ochenta, su vista se deterioró y se quedó sin trabajo. Ese fue el principio del fin. “Lo que más le dolió es no tener qué hacer”, dicen sus hijos.

Sus últimos años los pasó en silencio, frente al televisor. No hablaba ni siquiera con Leonora. El domingo, después de padecer una seria retención de líquidos, dejó de respirar. Ese día, Chiki, quien jamás hablaba de la muerte, dijo a su cuidadora al terminar de comer: “¡Nunca pensé que sería tan difícil llegar al final!”.

Fue enterrado en el Panteón Israelita, rodeado sólo de contados amigos, de Leonora Carrington y sus hijos. En su lápida se escribirá en hebreo: “Esto también pasará…”, y una poesía de Gabriel Weisz:

“Las voces de tus ancestros te cantaron durante la dudosa identidad de la muerte.

Este largo camino llegó a su fin.

Te cubren las ropas de piel, de tela, de madera, de tierra y cemento.

En nuestra mente se viste la figura de tu presencia durante la dudosa identidad de la vida”.

“Chiki fue un hombre muy hermético. Lo recuerdo como un padre ejemplar. Nos llevaba a andar en bici al Parque México, nos leía cuentos y era él quien nos revisaba las tareas. El resto del tiempo se encerraba en su laboratorio, trabajando de sol a sol, escuchando Radio Universidad”. Pablo Weisz Carrington, médico patólogo.

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Es Premio Nacional de Periodismo 2005 en la categoría de Crónica, por la serie “Yo sobreviví al tsunami”, y tres veces semifinalista del Premio Nuevo Periodismo de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, presidida por Gabriel García Márquez. Publica crónicas seriadas, entrevistas de largo aliento y reportajes especiales de temáticas nacionales e internacionales de índole cultural, política, científica y social, especialmente en los periódicos del Grupo Reforma. Es autora de: Entre la historia y la memoria (Conaculta, 2000), Trazos y revelaciones. Entrevistas a diez pintores mexicanos (FCE, 2004), Una vida por la palabra. Entrevista a Sergio Ramírez (FCE, 2004), Examen final. La educación en México 2000?2006 (Crefal, 2006), Al grano. Vida y visión de los fundadores de Bimbo (Khálida Editores 2008) y Por la izquierda. Medio siglo de historias en el periodismo mexicano contadas por Granados Chapa (Khálida Editores, 2010). Su entrevista a Octavio Paz titulada “Soy otro, soy muchos”, forma parte del Tomo 15 de las Obras completas del Nobel de Literatura.