El matrimonio formado por Julius Rosenberg y Ethel Greenglass alcanzó notoriedad internacional en los primeros años de la década de 1950 por su protagonismo en uno de los episodios más lamentables de la Guerra Fría. Acusados de entregar información secreta sobre armamento nuclear a la Unión Soviética, durante el proceso judicial fueron condenados por espionaje y pasaron dos años en el corredor de la muerte antes de convertirse en los primeros ciudadanos civiles estadounidenses ejecutados por este delito en tiempos de paz. Aunque siempre mantuvieron su inocencia, los numerosos estudiosos del caso coinciden en señalar que los Rosenberg fueron víctimas de una conjura política y de un sistema legal ineficaz.

Julius Rosenberg había nacido el 12 de mayo de 1918 en el seno de una familia judía de Nueva York. Cumplidos los 16 años ingresó en el City College y en 1939, poco antes de casarse con Ethel, se graduó en Ingeniería Eléctrica a pesar de que su familia había proyectado para él un futuro como rabino. Su origen humilde, la preocupación por las desigualdades sociales y raciales en su país y el rechazo hacia el régimen nazi le acercaron a los postulados del comunismo y, durante su época de estudiante, fue activista de la Liga de las Juventudes Comunistas. En 1940 logró un empleo como ingeniero civil en el Servicio de Comunicaciones de la Armada y, un año después, logró promocionarse al puesto de ingeniero inspector.

En 1942, los Rosenberg ingresaron en las filas del Partido Comunista Americano junto a David Greenglass, el hermano menor de Ethel. Pocos meses después abandonaron el partido pero, a comienzos de 1945, Julius fue despedido de su trabajo por negar su adscripción a la ideología comunista. El 17 de junio de 1950 fue arrestado bajo sospecha de espionaje, después de que su cuñado, David Greenglass, lo implicara en una supuesta red de información que proporcionaba secretos nucleares a la Unión Soviética.

Ethel Rosenberg, que había nació el 28 de septiembre de 1915 en Nueva York con el apellido Greenglass, compartió el origen humilde de Julius. Como él se crió en el barrio neoyorquino de Lower East Side en un hogar judío que luchaba por salir adelante en una dura época de depresión económica. Abandonó los estudios con 15 años para emplearse como secretaria en una compañía naval, donde cobraba un salario de siete dólares a la semana. Sensibilizada desde su juventud con las injusticias sociales y laborales, aún no había cumplido los 20 cuando su participación en la organización de una huelga empresarial le costó el puesto. Consiguió la readmisión y, por aquellos años, ingresó en la Liga de las Juventudes Comunistas. Su trayectoria ideológica continuó después ligada a la de su esposo. El 11 de agosto de 1950 fue arrestada, por su presunta implicación en un caso de espionaje.

Proceso Rosenberg

En 1949, un año después de que los rusos probaran su primera bomba nuclear, un agente del FBI descubrió que el KGB tenía en su poder un informe del “proyecto Manhattan”, el plan secreto estadounidense de fabricación de la bomba atómica. El autor del informe, Klaus Fuchs, era un físico de origen alemán que había trabajado en el proyecto atómico norteamericano en Los Álamos (Nuevo México) y que confesó sus simpatías comunistas y su labor como espía para los rusos. En 1945, Fuchs entregó a su contacto en , un tipo apodado Raymond, los documentos secretos del desarrollo de la bomba testada en Nuevo México. Raymond, que resultó ser un químico llamado Harry Gold, fue interrogado por el FBI y denunció a su superior inmediato, Anatoli Yakovlev, el vicecónsul soviético en Nueva York. Gold también confesó que por orden de Yakovlev viajó en 1944 a Los Álamos para encontrase con David Greenglass, que trabajaba como mecánico en el “proyecto Manhattan”, a quien entregó 500 dólares a cambio de algunos documentos con esquemas y datos técnicos sobre la estructura de la bomba atómica.

El 15 de junio de 1950 David Greenglass fue detenido por el FBI y confesó su papel en la conspiración pero también la implicación de su cuñado, Julius Rosenberg, a quien acusó de haberle captado para participar en la trama de espionaje, y de su hermana, Ethel Rosemberg, quien según su declaración se encargaba de mecanografiar con una máquina portátil Remington los datos secretos que iban a enviarse a Moscú. Los Rosenberg fueron arrestados y el 6 de marzo de 1951 comenzó el juicio. A lo largo de todo el proceso, Julius y Ethel mantuvieron su declaración de inocencia y aunque no se obtuvieron evidencias sólidas para sostener la acusación, el veredicto fue unánime e implacable. El juez Irving R. Kaufman dictó sentencia y los Rosenberg fueron condenados a morir en la silla eléctrica por conspiración para cometer espionaje. David Greenglass, que según los expedientes oficiales, había cooperado con la policía para lograr que su esposa fuera exculpada, logró una condena menor de 15 años de cárcel y en 1960 consiguió la libertad provisional. Después se estableció con una identidad falsa en Nueva York.

Desde que se dictó sentencia, el matrimonio pasó dos largos años en el corredor de la muerte del penal neoyorquino Sing Sing y, en todo este tiempo, la policía y el FBI vigilaron de cerca a la pareja con la esperanza de lograr una confesión que nunca llegó. Para el entonces director del FBI, J. Edgar Hoover, no había ninguna duda de que Julius Rosenberg era el líder y organizador de una red de espionaje que había permitido a la Unión Soviética fabricar su propia bomba atómica. Para una gran parte de la opinión pública internacional, sin embargo, los Rosenberg estaban siendo utilizados como instrumentos de propaganda anticomunista en los años más duros de la Guerra Fría y se multiplicaron las manifestaciones de protesta y las peticiones de clemencia para el matrimonio. Las 23 apelaciones presentadas por la defensa, siete de ellas ante la Corte Suprema, no lograron salvar a los Rosenberg de la ejecución, a pesar de que siempre mantuvieron su inocencia. El 19 de junio de 1953 murieron en la silla eléctrica. Dejaron huérfanos a dos niños de seis y nueve años. Un año después, el Congreso de aprobó una nueva ley que convertía en crimen capital el delito de espionaje en tiempos de paz. Inevitablemente, la norma fue bautizada como “ley Rosenberg”.

En el verano de 2001, casi cincuenta años después de la ejecución de la sentencia, David Greenglass, el hermano de Ethel, reconoció que había cometido perjurio en el juicio. Sin remordimiento alguno, Greenglass confesó su falso testimonio en el libroEl Hermano, donde aseguraba que, instigado por el fiscal adjunto Roy Cohn y con el objetivo de salvarse a sí mismo y a su esposa, mintió cuando implicó a los Rosenberg, aunque nunca pensó que su hermana y su cuñado iban a ser condenados a muerte. Dos años después, Robert Rosenberg, el menor de los hijos del matrimonio, también recogió su experiencia en el libro de memorias Ejecución en la familia: la jornada de un hijo.

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