Este año 2021 se celebra el aniversario del nacimiento de Alfonso X el Sabio. Un rey que nació en en 1221 y murió en Sevilla en 1284. Cuando accede al trono el territorio cristiano se había extendido de forma notable hacia el sur de la península ibérica lo que permitió a los cristianos acceder a la cultura andalusí de manera mucho más amplia de lo que se había realizado en siglos anteriores.

El grupo de científicos

Y en , en la segunda mitad del siglo XIII, el rey impulsó la creación de un grupo de estudiosos árabes, judíos y cristianos que, basados en la tradición existente en la ciudad, buscaron y estudiaron los textos más importantes con la ayuda de la Escuela de Traductores de Toledo. Dice Sánchez Ron en su libro El país de los sueños perdidos. Historia de la ciencia en España que la posteridad tiene al rey Alfonso X como el único rey científico de la historia de España.
Y el conjunto de obras científicas que se asocian al rey Alfonso X fueron consecuencia del grupo de trabajo que el rey impulsó en Toledo. Y por ello dice Alfonso X en su libro General Estoria: “El rey faze un libro non por quel escriua con sus manos, mas porque compone las razones d’el e las emienda e yegua e enderesça, e muestra la manera de como se deuen fazer, e desi escriue las qui el manda, pero dezimos por esta razón que el rey faze el libro. Otrossí quando dezimos el rey faze un palacio o alguna obra, non es dicho por lo que el fiziesse con sus manos, mas por quel mando fazer e dio las cosas que fueron mester para ello”.

La Astronomía
Durante el reinado de Alfonso X se escriben dos obras importantes para la Astronomía: las Tablas alfonsíes y Los libros del saber de la Astronomía. Las tablas calculaban la trayectoria del Sol y estudiaban las posiciones de los cuerpos celestes para el meridiano de para el año 1252. Aunque las Tablas originales no se conservan hay diferentes copias y adaptaciones a otros meridianos como los de Marsella, Toulouse o Novara.

Los astrónomos alfonsíes corregían posiciones estelares del Sol, la Luna y los cinco planetas conocidos en ese momento (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno). Con ellas se podían calcular posiciones zodiacales, eclipses solares y lunares lo cual permitía calcular la duración del tiempo y definir calendarios y la duración de meses y años.

El libro del saber de Astronomía contiene versiones en castellano de dieciséis tratados traducidos del arameo o el árabe realizados entre otros por Yehuda al- Cohen y Guillén Arremón. Un libro que tal y como figura en el Libro del quadrante se terminó en 1277 y se completó en 1279. La primera parte estudia las figuras de las estrellas que son fixas en el octavo cielo con un catálogo de estrellas que conforman las constelaciones y el zodíaco, algunas de ellas que no estaban en el Almagesto de Ptolomeo. Estudia después los instrumentos astronómicos con diferentes obras de astrónomos árabes, especialmente de Azarquiel. Y finalmente se estudian los sistemas de construcción de relojes astronómicos de distintos tipos. Los títulos de los libros son especialmente sugerentes: Libros de la piedra de la sombra, Libros del relogio del agua, Libro del relogio argén vivo, Libro del Palacio de las horas. Estos cuatro títulos son obra de Rabizag y el Libro del relogio de la candela de Samuel Levi de Toledo.

En la exposición que presentaba el Museo Arqueológico Nacional en 1992 sobre El legado científico andalusí había un manuscrito de la Biblioteca del Monasterio de El Escorial, una copia del siglo XVI de los “Libros del Saber de Astronomía”. La red de una lámina universal, instrumento diseñado en en 1071 por Alí Ibu Jalaf al-Sayyar que mejoraba las dos adafeas de Azarquiel.
La localización de los lugares en el globo exigía un meridiano de referencia y el primer meridiano, en las Tablas de Alfonso X, pasaba por que, en aquel momento, era capital de Castilla. Mercator lo situó en las Azores en la segunda mitad del siglo XVIII. En España se utilizó uno que pasaba por Cádiz y en ocasiones se situaron en París o Salamanca.

La Escuela de Traductores de
La capitulación de ante Alfonso VI de Castilla en 1085 permitió el acceso a las bibliotecas de una ciudad con una importante población mozárabe que conocía el latín y hablaba árabe, elemento esencial puesto que muchos de los libros estaban en árabe. Y ello movilizó a numerosos estudiosos que llegaban desde diferentes lugares de Europa a para crear la Escuela de Traductores de Toledo. Platón de Tivoli, Adelardo de Btah, Robert de Chester, Hermann el Dalmata, el judío converso Mose Sefardí de Huesca que cambiaría su nombre por el de Pedro Alfonso, Rodolfo de Brujas, Juan de Sevilla y Gerado de Cremona eran algunos de los integrantes de esta Escuela. Probablemente el pionero fue Domingo Gundisalvo llamado por el arzobispo Raimundo de Toledo. Al principio Gundisalvo trascribía lo que el judío converso Juan Hispalense traducía de palabra, aunque más adelante al conocer mejor el árabe la traducción la realizaba el mismo. Y así se incorporan obras del griego o del castellano al latín y más adelante del árabe al castellano o al latín. Toda una inteligente estructura de apoyo a la ciencia que el rey supo impulsar con su interés y las ayudas necesarias.

Los médicos judíos
La medicina fue una de las actividades más cuidadas por los judíos cultos y menos atendida por los españoles cristianos. En Córdoba nació uno de los dos grandes nombres de la cultura árabe: el médico, filósofo y astrónomo judío sefardí Maimónides. El mestizaje cultural judío árabe y cristiano enriqueció la cultura científica y humanística de los reinos cristianos, de los que Alfonso X es un especial ejemplo. Los judíos contribuyeron a la cultura árabe sin dejar la suya y más tarde a la cultura cristiana, Américo Castro dice en su estudio que los judíos llegaron a representar el 50% de los médicos de la España cristiana mientras que apenas llegaban al 10% de la población. Aportaciones que quedarán truncadas con la expulsión por los Reyes Católicos.

Las Universidades que nacen en estos siglos tienen también un apoyo del rey Alfonso X. El Studium generale de Salamanca, Studii Salmantini fue fundado por Alfonso IX en 1218 incluyendo las facultades de Artes, Derecho y Medicina. Fernando III la consolidó como universidad regia y fue Alfonso X el que la dotó de estatutos y de seguridad económica y una especial organización. Se organizan entonces las cátedras de Derecho canónico y civil, Medicina, Lógica, Gramática y Música. Años después en 1255 el papa Alejandro IV le concederá licentia ubique docendi con un reconocimiento universal de sus títulos. En este año de celebraciones de ochocientos años del nacimiento de Alfonso X está bien recordar sus aportaciones esenciales al desarrollo de la ciencia en nuestro país.