Diario Judío México - El affaire o caso Ilan Halimi tiene que ver con el asesinato de un joven judío francés de 23 años después de haber sido secuestrado y violentamente torturado en enero del 2006, por una pandilla o banda, llamada El Gang de Barbares. La banda estaba compuesta por una veintena de personas, a la cabeza Youssouf Fofana. El móvil de semejante horror, según el cabecilla, era pedir una recompensa por el joven, debido a su pertenencia a la comunidad judía, lo que significaba que su familia tendría dinero para pagar dicha recompensa al devolverles al joven Halimi.

Por demás está decirles que este caso conmovió a toda , y el estado francés tomó cartas en el asunto debido al nivel de racismo y que se desprendía de cada acción y de cada afirmación de los componentes de la banda, y sobre todo del nivel tan espantosamente cruel de venganza con que trataron a la víctima.

El juicio se llevó a cabo à huit clos, siendo menores dos miembros de la pandilla en el momento en que asistieron a los tribunales.

Ilan Halimi trabajaba en una tienda de telefonía móvil. La banda envió a una joven para que cortejara a Ilan y lo invitara a salir con ella. De esa manera actuaban, y seguirían actuando en otros casos futuros que ya habían previsto.

El 21 de enero del 2006 lo secuestraron en las afueras de París y lo torturaron durante tres semanas seguidas, en un apartamento, en bajos, del suburbio de Bagneux, Hauts-de-Seine. El muchacho fue descubierto en plena agonía, lo habían tirado en una vía férrea, en Sainte-Geneviève-des-Bois, en el Essonne. Ilan no llegó al hospital vivo. Los médicos declararon después de la autopsia que su cuerpo había sido quemado en un 80 por ciento, que presentaba numerosas contusiones y hematomas, una llaga en la cara hecha con un cutter y dos heridas en el cuello de arma blanca. El médico legal aseguró que ninguna de las heridas había sido mortal, Ilan había fallecido a causa de las torturas propinadas durante tres semanas. Su cuerpo entero hacía sido quemado, lentamente, con alcohol.

Esto ocurrió en un momento en el que la policía había registrado violaciones de cementerios judíos en diversas ocasiones, casos de agresiones en las calles, en las que el agresor preguntaba el apellido de la víctima y si correspondía con un apellido judío arremetían a golpeaduras salvajes contra la persona en cuestión. La alta clase francesa dio la alarma mayor de un posible regreso del en el país. La mayoría de las instituciones y organizaciones de partidos, y no gubernamentales, se movilizaron.

Algunos -otros- pensaron que esto tenía que ver con el efecto Dieudonné, el cómico que había hecho un sketch (más bien un pujo) en la televisión, de carácter abiertamente antisemita, y que continuaba y continúa emitiendo declaraciones antisemitas en el extranjero y dentro del país.

Como dije antes, el crimen, en apariencia por supuesto, tenía el móvil del chantaje, pedirían a la familia Halimi una suma de 450.000 euros, al inicio, ya que claramente judío quería decir rico, y la familia estaría, según ellos, podrida en plata, lo que no era el caso. Encargaron a un rabino a reunir el dinero en la comunidad judía. El motivo, según el jefe, Fofana, no era racial, era porque, como señalé con anterioridad, “un judío igual a rico”. De más está añadir que Halimi y su familia vivían en la misma banlieue que sus extorsionadores, y que de rico nada de nada. Eso debieron tenerlo claro desde el inicio Fofana y su banda. El móvil del dinero yo no me lo trago ni un segundo, aquí hubo ensañamiento racista, criminal, y ejemplarizante. Sin duda alguna. Aunque es cierto que, en años anteriores, habían racketeado a médicos, y a personalidades, a los que doblegaban a través de las amenazas y el terror.

En febrero, la cadena de televisión iTele anunció un scoop, una entrevista con el asesino que se encontraba detenido en Côte d’Ivoire adonde había conseguido fugarse, lo nunca visto en y prohibido legalmente cuando un caso judicial se halla en pleno trámite. Quienes debían haber sido entrevistados fueron sus abogados, esto provocó una reacción firme del presidente Nicolas Sarkozy y del gobierno.

En marzo del mismo año el periódico Le Monde publicó varias de las declaraciones de los pandilleros, incluidas algunas de Fofana, donde explicaba que el blanco era la comunidad judía Esto acentúa el lado racista, antisemita, del caso. Los magistrados retuvieron entonces, a partir de múltiples declaraciones, el móvil del como principal.

Voy a dar los nombres porque siempre es bueno conocerlos: Yossouf Fofana, cerebro de la banda, nació en 1980, en París, sus padres vienen de Costa de Marfil, viven en un gran apartamento en Bagneux. Christophe Martin Vallet, martiniqueño, Jean-Christophe Gavarin, menor en el momento de los hechos, fue el que más torturó a Halimi, Jérôme Ribeiro, Alcino Ribeiro, padre del anterior, Christine G., gardienne del inmueble, esposa de Ribeiro, Samir Aït Abdelmalek, Yahia Touré Kaba, Fabrice Polygone, Giri Oussivo N’Gazi, Francis N’Gazi, Nabil Moustafá (librador de pizzas), Cédric Birot Saint-Yves, Gilles Serrurier (gardien del inmueble donde fue secuestrado el joven, fue quien les prestó el apartamento), Jean-Christophe Soumbou (compartió prisión con Fofana con anterioridad), Franco Louise, de las Islas Mauricio, Almane ou Alhassane D., Kamel F., Jérémy Pastisson, Yassin N., Tiffen Gouret, Emma Arbabzadeh, alias Yalda, fue la que enamoró a Ilan para engatusarlo y conducirlo a sus raptores, Audrey Lorleach, Sabrina F., Murielle Izouard, Leila Apollinaire, Alexandra Sisilia, violada por Fofana, sirvió de carnada en otras ocasiones para raptos anteriores, Isabelle Mensah, Ruth, 15 años en el momento de los hechos, también sirvió de carnada al servicio de Fofana en otras oportunidades, Sarah, igualmente. Estos son los implicados.

Tras los hechos Fofana se escapó a Costa de Marfil donde fue detenido en el mismo mes de febrero, pretendía poseer la nacionalidad marfileña, fue defendido allí por cinco abogados marfileños, que invocaban la doble nacionalidad, aunque Fofana hubiera nacido en , y porque su padre no. Fue finalmente repatriado a , puesto que es efectivamente nacido en este país, y viajó al país donde pretendía refugiarse con un pasaporte francés, e incluso debió de pedir un visado. Fue acusado de cometer actos bárbaros de tortura y asesinato con el agravante de que estos actos fueron ejecutados a una persona en virtud de su extracción racial, perteneciente a una etnia, a una nación, a una religión, a una raza determinada.

El comportamiento del acusado desde los inicios fue de una falta de respeto y de un descaro tremendo. Entró en el tribunal sonriente, empezó a soltar provocaciones verbales, hizo un signo grosero con el dedo del medio, y otros de grosería similar, voceó que “Alá vencerá”. Ese 29 de abril cuando le pidieron que se identificara, contestó: “Arab africain islamiste salafiste”, y en lugar de dar su verdadera fecha de nacimiento dio la de la muerte y el lugar en donde torturaron a Ilan Halimi.

El 10 de julio del 2009 Youssouf Fofana fue condenado a la pena máxima de la justicia francesa, o sea cadena perpetua, obligatoria de seguridad máxima de 22 años.

¿Quiénes fueron los abogados de Fofana? Los mismos que los de Carlos el Chacal, Ilich Ramirez Sánchez (íntimo amigo de Hugo Chávez), el terrorista venezolano condenado a perpetuidad en . Los mismos abogados, sí, como lo están leyendo, salvo Isabelle Coutant-Peyre, quien, por cierto, contrajo matrimonio con su cliente, el Chacal, y que en un principio perteneció al grupo de abogados que defendía a Fofana, pero al tener una pelea fuerte con éste renunció a su defensa, o Fofana la despidió, no me quedó claro.

Por supuesto, Fofana apeló. La familia de la víctima, parte civil principal del proceso, sin embargo, encontró demasiado indulgente el veredicto, con lo que estoy sin duda de acuerdo, el veredicto debió haber sido condena perpetua con máxima seguridad sin derecho a apelación.

El abogado de la familia Halimi, abogado de renombre, Francis Szpiner, se encontró en una situación bastante delicada por el hecho de haber insultado, dicen, a sus colegas, notablemente al abogado general del proceso, llamándolo “traidor genético”.

Mi análisis y conclusión –que no servirán de mucho, desde luego– concuerdan con el de otras personas con las que he hablado: el móvil del secuestro no fue exclusivamente el dinero, a mi juicio el móvil poseía un claro carácter racista y antisemita, lo que declararon el mismo Fofana y sus secuaces; pero sobre todo Fofana no actuaba solo, y cuando digo “solo”, no actuaba sin un apoyo más contundente detrás, que el de una simple pandilla. Las organizaciones y grupos terroristas islamistas, pienso, pudieran estar detrás de todo eso. Contratan, pagan, para secuestrar y matar a judíos, y a “infieles”. Escuelas existen en Europas dirigidas a implantar de nuevo el horror. Estoy segura, al menos eso espero, que las autoridades europeas lo tengan claro; porque de otra manera, como escribió Oriana Fallaci, vamos sin escala a una Eurabia donde el terror se impondrá, y las mujeres (las niñas) y los judíos seremos víctimas favoritas.

No me ha costado trabajo reunir esta información, la hice mediante personas que han trabajado en la investigación para las publicaciones sobre el caso, y que han sido editadas después en libros, mucha de esa información, que luego se volcó en internet, en múltiples sitios, ha sido desvirtuada para mal, desde luego, para crear confusión. Como he notado, por ejemplo, en la página de Wikipedia, en la que entran constantemente personas con la intención de cambiar los hechos a su antojo, y el antojo casi siempre responde del lado de Fofana. Es algo de lo que me percaté porque mi biografía también me la cambian a menudo. Como sabrán, es una averiguación policial que se puede hacer y uno consigue saber quiénes son las personas y de qué computadoras provienen esos cambios fijos y usuales Los cambios en la información del caso Halimi son, sin embargo, en apariencia leves, apenas claros, siempre quedan en la ambigüedad, que es una forma muy asumida de trabajo de parte de los islamofascistas.

El affaire Ilan Halimi continúa, porque nos concierne a todos, porque todos estamos en peligro, y porque los políticos, los presidentes, los gobiernos, olvidan con harta e insoportable frecuencia que el horror comienza siempre por esos actos en apariencia aislados, enmascarados invariablemente en actos de delincuencia, entonces, nuestro deber es recordárselo. Y eso ha hecho el cineasta Alexandre Arcady con su filme 24 jours.