Diario Judío México - Eretz y/o Palestina está situada en Oriente Medio, en la costa del Mediterráneo Oriental. Se trata de un territorio de reducidas dimensiones y con unos recursos naturales limitados: una estrecha franja costera fértil, un interior montañoso y desértico, y en el que el agua es un bien muy preciado.

Por su ubicación en la costa mediterránea, entre el foco cultural del Nilo y el de Mesopotamia, este territorio ha tenido una larga y rica historia de ocupación humana. Desde la antigüedad, por él han desfilado diferentes pueblos y civilizaciones, creando una realidad multiétnica y multiconfesional que pervive hasta hoy. Esto también le ha dotado de un enorme valor simbólico, pues ha sido la cuna de tres grandes religiones monoteístas que siguen viéndolo como su lugar fundacional: Palestina es la Tierra Santa de los cristianos, es la tierra bíblica de los judíos y en ella se encuentran varios lugares sagrados para los musulmanes.

Los inicios del conflicto se remontan al período colonial y al surgimiento de los movimientos nacionalistas en Europa y en Oriente Medio. Desde finales del siglo XIX, en las provincias árabes del Imperio otomano se desarrollaron movimientos nacionalistas que reivindicaban la autodeterminación de la población autóctona haciendo valer su identidad árabe. Asimismo en Europa, al calor de la ola de nacionalismos, se articuló un movimiento singular, el sionismo, que propugnaba la creación de una entidad estatal para los judíos dispersos por el mundo. A pesar de ser un movimiento eminentemente laico, el sionismo vio en Palestina, tierra donde se fundó el judaísmo, el lugar ideal para realizar su proyecto nacional. En la Conferencia de San Remo (1920) Gran Bretaña recibió un mandato sobre Palestina entre los años 1920 y 1948 (el sistema de mandatos fue establecido por la Sociedad de Naciones en las colonias de las potencias derrotadas en la Primera Guerra Mundial; que debían ser preparadas para su independencia).

El antagonismo entre árabes (que buscaban que Gran Bretaña dirigiera el país hacia la independencia, de acuerdo con los deseos de la mayoría árabe) y los judíos (que el gobierno de Londres cumpliera con la Declaración Balfour (1917), en la cual Gran Bretaña se comprometía a favorecer la creación de un Hogar Nacional judío en Palestina). Se manifestó inmediatamente, la lógica consecuencia del choque de dos nacionalismos que estaban llegando a su madurez y de dos sistemas sociales instalados en un mismo territorio.

Conscientes de la importancia decisiva de la demografía, los judíos fomentaron la inmigración. Las primeras migraciones del año 1883 no provocaron a los árabes, sin embargo, ocho años después, desde Jerusalén pidieron al sultán del Imperio Otomano que gobernaba Palestina que prohibiera la inmigración judía. Sin embargo, la corrupción de los funcionarios turcos posibilitó para 1907, se pudiera establecer el primer Kibutz: granja colectiva.

Las primeras revueltas antisionistas estallaron en 1921 con tal virulencia que el entonces Ministro de Colonias británico Winston Churchill publicó una declaración en la que aseguraba que su gobierno no ha pensado en ningún momento en la desaparición o subordinación de la población árabe, de su lengua y su cultura en Palestina.

Como resultado de una investigación británica que concluyó que la hostilidad hacia los judíos es tan real, tan extendida y tan violenta que no se debe considerar de una manera tan superficial.

Ante la exasperación de los árabes y la matanza de judíos que se produjo en 1929, tras un incidente en el Muro de las Lamentaciones, Londres publicó un Libro Blanco (1930), en el que reafirmó los límites de la inmigración según “la capacidad económica de absorción”. Pero los sionistas ejercieron tales presiones que el primer ministro británico escribió a Jaim Weizman exponiéndole una interpretación liberal de las restricciones inmigratorias. Esta “Carta Negra”, como la llamaron los árabes, envenenó la situación.

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Realizó varios estudios en Historia Universal, Literatura Universal y Hebrea. Más tarde siendo autodidacta sus conocimientos sobre Historia de Israel se destacaron en producciones escritas, en un principio por medio de artículos en "Foro" a partir de 1993 y posteriormente en la publicación de su libro "Encrucijada".

Ha incursionado también en géneros como poesía, cuento y novela histórica. Desde el 2006 escribe también en la revista "Expresiones" y en 2007 obtuvo el premio APEIM de periodismo.