Ruborizante indignación internacional con Israel por el asesinato del líder militar de Hamas, Mahmud Mabhuh. Se acusa al Mossad de haber falsificado el pasaporte de 11 ciudadanos europeos para facilitar que sus agentes secretos pudieran terminar con el terrorista.

El Reino Unido ha llamado a consultas al embajador israelí para pedirle explicaciones y el portavoz de Exteriores israelí, Igal Palmor, ha constestado que espera que unos pasaportes falsos no generen ninguna crisis entre países amigos en un conflicto tan serio.

No es ninguna novedad que se acuse a Israel y a los judíos de todo lo malo que pasa en el mundo, y que estas acusaciones, por lo tanto, deberían de tomarse con mucha calma hasta ser minuciosamente comprobadas. Un Estado democrático merece mucha más confianza y credibilidad que cualquiera de los dudosos gobiernos árabes que acusan a Israel de este asesinato.

Es también imprescindible recordar que Hamas no es un país, ni una organización benéfica, ni tan siquiera un Ejército. Es una banda terrorista que sume a Palestina en la miseria y que bombardea cualquier intento de paz y convivencia. El texto fundacional de Hamas llama a la destrucción de Israel en más de una decena de ocasiones, y en cambio en ninguna reclama la constitución de un Estado palestino.

Israel ha de tener derecho a defenderse, tanto desde el Estado de Derecho como desde las cloacas, a cara descubierta o bajo identidades falsas. Si a un país le niegas el derecho de defenderse, le niegas el derecho de existir. Si Europa y el mundo no hubieran dejado al pueblo de Israel tan solo, a lo largo de toda la Historia, tal vez las cosas funcionarían de otro modo. Con su pasado vergonzoso, resulta un escarnio que países como Alemania, el Reino Unido o Francia se atrevan con Israel a darle lecciones.

Y lo que desde luego es ridículo es que alguien pretenda que Israel o el Mossad den explicaciones. Sólo faltaría que un Estado serio tuviera que dar explicaciones sobre cómo se deshace o no se deshace de terroristas.

Cuando el entonces primer ministro británico, Winston Churchill, fue preguntado por el jefe de la oposicion, Clement Attlee, si el MI-5 (el servicio secreto británico) había protagonizado una determinada operación de espionaje, la respuesta que le dio fue contundente: «Esto que me pregunta es imposible porque, como usted y yo sabemos, señor Attlee, el MI-5 no existe»

Fuente: elmundo.es

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