Obsequio de Yerahmiel Barylka.

Orden de la oración

Que se hizo en la sinagoga hispano-portuguesa, en esta ciudad de Londres, el viernes 13 de diciembre de 1776, que corresponde a 3 de tevet, 5537.

Este fue el día del ayuno que se celebró por orden de su majestad el rey Jorge, para humillarnos delante del Omnipotente Dios, implorando perdón por nuestros pecados, la Divina Asistencia a los ejércitos de su majestad por mar y tierra, y la restauración de la paz y la prosperidad en estos reinos.

C O N EL SERMÓN PREDICADO EN ESE DÍA por el H. H. R. MOSEH COHEN D’AZEVEDO RABINO DEL K: K: DE SHAAR-HASHAMAIM.

Impreso por recomendación de los muy ilustres señores del MAHAMD.

D E D I C A T O R I A

A los magnánimos e ilustrísimos señores del Mahamad, de esta sagrada congregación de SHAAR HASHAMAIM, que Dios aumente,

El señor Mordechay Rodrigues Lopes, presidente.

El señor Joseph de Ishac Capadoce.

El señor Ishac Gomes Serra.

El señor Semayah Nunes.

El señor Imanuel de Jab. Baruh Lousada Gabay.

Muy señores míos:

En conformidad con su recomendación, he hecho imprimir la oración que se hizo en nuestra sinagoga, en el día de ayuno ordenado por su majestad junto con el Sermón que prediqué ese día.

Lo dedico a ustedes como ilustres regentes de nuestra congregación para suplicar su patrocinio y al mismo tiempo para manifestarles los motivos que me movieron a escoger el asunto que traté.

La oración que incumbe hacer delante de su Creador a todo israelita, en los tiempos señalados, es uno de los principales puntos de nuestra religión. Pues la plegaria es el culto más agradable que supera a todos los sacrificios que antiguamente ofrecíamos en nuestro sagrado Templo. Ello es debido a que es el medio por el que expresamos nuestras creencias y veneramos al Omnipotente y Soberano Dios que creó y que con su providencia mantiene todo el universo.

La oración es el firme pilar que sostiene la esperanza del hombre en toda situación y más aún en los tiempos conflictivos. Es además el medio más eficaz para que el pecador alcance el perdón de sus transgresiones y se restablezca en la Divina Gracia. Por lo que es muy adecuado a la solemnidad de este día de oración y ayuno ordenado por su majestad, exponer algunas de las principales circunstancias y puras intenciones que nos deben acompañar cuando nos ocupamos en el ejercicio de la oración.

Soy consciente de que este Sermón no va adornado con términos de gran elocuencia, ni con perspicaces agudezas de ideas elevadas. Sin embargo, espero que la importancia del asunto tratado supla esa deficiencia, y más teniendo en cuenta que, como la oración es y debe ser obligación general de todos los israelitas, el discurso que recomienda su observancia debe ser inteligible y adaptado a todas las mentalidades.

En su carácter de nobles dirigentes y prudentísimos guías de nuestra congregación, a quienes debo todo respeto y atención, he explicado a ustedes tanto mi procedimiento como las razones por las que hice este Sermón. Si logré que causara alguna impresión en la mente de los que lo oyeron, me consideraré muy dichoso. Pero si por mis modestos méritos falté en el efecto, espero merecer consideración por las buenas intenciones que me acompañaron en su redacción.

Y como se me ha presentado esta ocasión de tener la dicha de dirigirme a ustedes, aunque sea ofender su modestia, no quiero pasar en silencio sin mencionar el aplauso general que tienen de toda nuestra congregación, por su recta administración y la infatigable y asidua diligencia con que nos gobiernan. Y así, imploro a la Soberana Majestad se sirva colmarlos de todo bien, les conceda salud, prosperidad y satisfacción y que en el futuro sigan ocupando cargos tan meritorios para satisfacción general.

Q. S. M. B.22

M O S E H C O H E N D’A Z E V E D O

Londres, 15 de shevat, 5537.

25 de diciembre de 1776

B

נשא לבבנו אל כפים אל אל בשמים. איכה ג’ מ”א. איתא בירושלמי

מסכת תענית פרק ב’ דרש ר’ בא בר זבדא נשא לבבינו אל כפים ואיפשר

כן? אית בר נש דנסב ליביה ויהיב גו ידיה? אלא מהו נישא? נשוי ליבינן

לכף ידינן ואחר כך אל אל בשמים

“Levantemos nuestro corazón sobre las manos al Soberano Dios de los cielos”. Lamentaciones de JEREMÍAS27, 3:41.

En el Talmud de Jerusalén, cap. 2 del tratado de Taanit, se comenta un breve y lacónico sermón del muy docto R. Ba, basado en el texto que citamos, “Elevemos nuestro corazón sobre las manos”.

El sabio reflexiona: “¿Cabe esto en lo posible? ¿Hay algún humano que pueda tomar su corazón y ponerlo sobre sus propias manos? ¿Cuál será pues la intención del profeta en esta exhortación? No debe ser otra que decirnos que igualemos nuestro corazón con nuestras manos y que, entonces, nos presentemos delante del Soberano Dios de los cielos”.

La excelente doctrina de nuestro tema nos descubre la intención del santo profeta en su exhortación: elevar a Nuestro Creador con total sinceridad “el corazón sobre las manos” נשא לבבנו אל כפים, y nos sirve de preparación para el asunto propio de este solemne día. En virtud de la orden expresa de su majestad, nuestro invicto monarca, debemos reunirnos para humillarnos con abstinencia y quebranto delante del Omnipotente Creador, para implorar su asistencia a los ejércitos de nuestro rey, a fin de que logre feliz éxito y victoria sobre las Colonias

Su texto es alfabético y se refiere a la catástrofe bélica, y al duelo por la destrucción de la ciudad y el templo y la hambruna y muerte de sus habitantes.

Americanas que le niegan la obediencia debida, y se han alzado en rebelión contra su autoridad y la constitución de este reino.

También debemos orar para que su infinita clemencia se sirva inclinar los ánimos de esos engañados vasallos a que vuelvan a la lealtad y reconocimiento de su ofendido monarca, para que lo más pronto posible todos volvamos a gozar de la paz, el sosiego y la tranquilidad más completas.

Este es el real edicto de nuestro monarca, que nos incumbe obedecer no solamente como leales sujetos y fieles israelitas (caracterizados siempre en todos los lugares y épocas del Exilio por ser ejemplo de lealtad y fidelidad a los respectivos soberanos) sino también por ser muy conforme a lo que nos manda Nuestra Santa Ley.

La guerra es un azote terrible para la humanidad. Además del derramamiento de sangre que generalmente ocurre en todas las confrontaciones, siempre viene acompañada por otras calamidades que también alcanzan a todos los individuos de una u otra manera. La ruina del comercio, la pérdida de fortunas y opulentos estados, el aumento de impuestos y tasas que necesariamente impone el gobierno para los pagos de intereses de los fondos necesarios para sostener la guerra… todo contribuye a causar una carestía general de los alimentos y demás cosas necesarias de la vida, de manera que todos padecemos en mayor o menor grado.

Si esto ocurre cuando la confrontación bélica sucede entre países contrarios, ¿cuánto mayores son las calamidades y desgracias propias de las guerras civiles? Pues sea cual fuere el resultado, la pérdida y el daño son ciertos y seguros, mientras que el posible beneficio siempre será muy dudoso e incierto. En este tipo de antagonismos se padecen las peores desgracias, sin lograr ninguna de las posibles ventajas que a veces se obtienen en la guerra con otros países, donde suele suceder que lo que se pierde en una parte se recupera en otra.

Pero nunca es así en la guerra civil, donde el país entero padece y todos los individuos la sienten en carne propia de una u otra manera. Es como una familia de muchos hermanos y parientes que sucediendo querellas y diferencias entre algunos de ellos, redunda en el daño y menoscabo de todo el conjunto. En esta consideración que la guerra civil es una de las mayores calamidades que puede sobrevenir a un país.

Es caso bien lamentable y como tal no hay remedio más seguro que acudir a implorar la clemencia del Supremo Creador para que semejante guerra, en caso de existir, nunca sea duradera. Como ocurre ahora, que siguiendo las instrucciones reales rezamos para que los insurgentes de las Colonias Americanas se dispongan a admitir el perdón de su majestad, que hasta el momento han rehusado con toda obstinación.

En los textos que preceden al que hemos elegido como tema de nuestro Sermón, nuestro profeta Jeremías manifiesta claramente que la oración es el único remedio en tiempo de conflicto, pues es indudable que semejantes sucesos vienen dirigidos por la Omnipotente Mano del Señor para la corrección y enmienda de todos nosotros. מי זה אמר ותהי אדני לא צוה “¿Quién puede anunciar algo y hacerlo realidad sin que el Señor dé la orden?” Lamentaciones de Jeremías 3:37.

¿Quién será el audaz y atrevido que afirme, cuando sobrevienen tales acontecimientos34, que ocurren sin la expresa orden del Supremo Ente? ? מפי עליון לא תצא הרעות

והטוב “¿No es acaso por mandato del Altísimo que acontece “Evenementos”, prétamo lingüítico del inglé evenements (sucesos, acontecimientos). Lo bueno y lo malo?” 3:38 ¿Quién habrá que diga que los males y el bien no vienen por decreto del Omnipotente Ser?

Si es infalible pues que la Divina Providencia lo gobierna todo y así dispone los sucesos ¿Por qué y de qué debe quejarse el hombre? ¿Por los castigos que le vienen por sus pecados? ¿Por qué habría de quejarse el hombre durante su vida por sus pecados? 3:39

מה יתאונן אדם חי גבר על חטאיו?

Así debemos convencernos de nuestra propia obstinación, y si deseamos remediar tanta calamidad, debemos analizar nuestras obras, investiguemos nuestras propias acciones y enmendemos cada uno de nuestros errores. Volvamos hacia Dios en oración, juntando la acción de nuestras manos y las intenciones de nuestro corazón, uniendo firmemente nuestro pensamiento y nuestras acciones, para intentar así merecer la Divina Clemencia.

נחפשה דרכנו ונחקרה ונשובה עד ה’

“Hagamos un examen de conciencia y volvamos a Dios” (3: 40) Aquí tienen, hermanos, cómo el Divino Ministro nos enseña a actuar en tiempos de inquietud, y prosigue con el tema de nuestro Sermón נשא לבבנו אל כפים אל אל

בשמים “PRESENTEMOS NUESTRO CORAZÓN SOBRE LAS MANOS AL SOBERANO SEÑOR QUE RESIDE EN LOS CIELOS”. El exponer el modo, e investigar la intención del profeta según la doctrina de nuestro aforismo, será el asunto de este36 Sermón para el que les pido su acostumbrada indulgencia y atención.

Para acertar en la interpretación humildemente invocaré primero la Divina Asistencia, con las palabras del penitente y más devoto Príncipe חליתי פניך בכל לב חנני

כאמרתך. Salmos 119:58 “De todo corazón busco tu rostro; compadécete de mí conforme a tu promesa”.

2º37

La sinceridad es un punto principal de nuestra religión, particularmente en la oración. Más aún, cuando imploramos el perdón de pecados, pues si sólo oramos con la boca, si nos contentamos con la simple articulación de las palabras, teniendo la mente (que es el corazón) entretenida pensando en otras cosas, es imposible hacernos creer a nosotros mismos que esa plegaria va a ser aceptada. Así se quejó el profeta príncipe Isaías (29:13) por ser éste el pecado más frecuente de los israelitas de su época, ויאמר אדני יען כי נגש העם הזה בפיו

ובשפתיו כבדוני ולבו רחק ממני ותהי יראתם אתי מצות אנשים מלמדה:

לכן הבבי יוסף.להפליא את העם הזה הפלא ופלא ואבדה חכמת חכמיו

ובינת נבוניו תסתתר El Señor dice: «Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Su adoración no es más que un mandato enseñado por hombres. Por eso, una vez más los asombraré con prodigios maravillosos; perecerá la sabiduría de sus sabios, y se esconderá la inteligencia de sus inteligentes.» En el siguiente texto: Pues se contenta este pueblo con las demostraciones exteriores de la religión, llegándose a la presencia divina y loando a Dios con la boca y labios, pero el corazón está muy distante del culto divino. El temor que pretenden tener de Dios es sólo la costumbre y el hábito de fingirlo. Les falta aquel dolor y quebranto intrínsecos que deberían tener por sus grandes pecados. Esa es la causa que el Soberano Señor ocultara y retirara su protección de ellos, lo que originó que la ciencia y capacidad de sus sabios y gobernantes llegara a ser inútil y totalmente incapaz de guiarlos adecuadamente en aquel momento histórico.

Para no caer en este grave error que Isaías tanto censura y condena, nuestro tema nos revela cómo evitarlo, advirtiéndonos de qué manera debemos implorar la Clemencia Divina.

נשא לבבנו אל כפים אל אל בשמים “Presentemos nuestro corazón sobre las manos cuando oramos delante del Dios Soberano”. Que el corazón acompañe a la boca, que el entendimiento esté unido a la acción de nuestras manos, que sintamos exactamente lo que estamos diciendo que sentimos cuando estamos orando, pues debemos lograr sentirnos en la misma presencia del poderoso Dios de los cielos. אל אל בשמים.

Pero si esta fuera la única intención de nuestro profeta, bien pudiera haber expresado41 su doctrina con menos palabras y sería mejor comprendido, אל אל בשמים נשא לבבנו

“presentemos el corazón a Dios” ¿Por qué razón incluye las manos en esta sentencia? La oración se hace con la boca, es esencial que sea sinceramente acompañada con el corazón, pero las manos no parecen tener un lugar lógico en esta exhortación.

Esta objeción, me parece, dio motivo al muy docto R. Ba, de ponderar lo imposible que es poner el corazón en las manos al comentar el citado texto sagrado. ואפשר כן אית בר

נש דנסב ליביה ויהיב גו ידיה. –acaso puede una persona colocar su corazón en las manos. Y si el profeta menciona las manos, algo quiere significar, y es que el corazón que denota la mente, o el entendimiento, (como consta por varios lugares de las Sagradas Letras, ya que se suele usar el término de לב –corazón- relativamente a esas potencias) se emplee en examinar las acciones y operaciones de las manos antes de presentarse en oración. Así iguala la parte contemplativa con la activa.נשוי ליבינן לכף ידינן ואחר כך אל אל בשמים –llevemos nuestro corazón a la palma de nuestra mano y después al Dios celestial-. Si cuando oramos, aunque sea con sinceridad y con corazón contrito, no atendemos a limpiar y purificar las manos de los pecados y de los excesos que cometieron, tal oración no será aceptada, porque es evidente que los delitos de las manos cierran las Puertas de los Cielos para que nuestras peticiones sean concedidas.

Vuelvan a oír al elegante profeta confirmar esta verdad en el cap. 1 ver. 15 ובפרשכם כפיכם אעלים עיני מכם גם כי תרבו תפלה

אינני שמע ידיכם דמים מלאו “Cuando extiendan sus manos, Yo esconderé de ustedes mis ojos; asimismo cuando multipliquen la oración, Yo no oiré; sus manos están llenas de sangre”.

Notemos la duplicación de los términos “aún si aumentaran la cantidad de sus plegarias” גם כי תרבו תפלה

“Aunque sea la oración muy larga y repetida, aunque el corazón acompañe fervientemente a las palabras de nuestros labios, tal oración no será recibida, porque falta el arrepentimiento y la transformación de las acciones”. Por eso prosigue el profeta, רחצו הזכו הסירו רע מעלליכם מנגד

עיני חדלו הרע: למדו היטב דרשו משפט אשרו חמוץ שפטו יתום ריבו

אלמנה “¡Aparten de mi vista sus obras malvadas! ¡Dejen de hacer el mal! ¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor! ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda! ¡Lávense, límpiense! ¿Y cómo se entiende esta limpieza? Con remover de mi presencia lo pérfido de sus acciones, dejando de pecar y de hacer mal, y al contrario, andando por el camino de la virtud, aprendiendo el modo de hacer el bien, consultando la recta justicia, transformando las violencias, querellando por los oprimidos, y sobre todo por los huérfanos y viudas, que siempre están mucho más expuestos a ser avasallados. Éste es el modo de limpiar las manos para que cuando las levanten en oración hacia mí puedan obtener sus peticiones”.

Esta es la clave de lo que nos explica nuestro aforismo, נשוי ידינן לכף ידינן ואח”כ אל אל בשמים cuando llevemos nuestro corazón a la palma de nuestras manos y después al Dios celestial, debemos poner todo cuidado en reformar nuestras acciones, igualándolas a la sinceridad de nuestro corazón, y entonces estaremos preparados de verdad para levantarlas y presentarlas al Soberano Dios de los cielos. נשא לבבנו אל כפים אל אל בשמים.

Aún nos queda mucho más que ahondar en la razón de esta ceremonia de levantar las manos al cielo al tiempo de hacer la oración.

Examinando la Sagrada Página44, encuentro que tres de los más eminentes hombres usaron ese gesto al tiempo de efectuar sus oraciones a Dios.

Primero, el mayor de los profetas, cuando imploró a Faraón rey de Egipto, que cesase el pedrisco y los truenos que asolaban ese reino, como se relata en Éxodo cap. 9:33, ויצא

FIN

*Lea la serie completa, oprima aquí .

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