Diario Judío México - Al inicio de la obra Tío Vania, el médico Ástrov se lamenta amargamente de su profesión. El exceso de trabajo, la falta de descanso y los estragos de una existencia “aburrida, estúpida y sórdida” en menos de 10 años lo han hecho polvo. Marina, la anciana nodriza, después de escucharlo con resignación, corrobora que antes él era joven y guapo; ahora está avejentado. El médico revela que han sido sus pacientes la causa de todas sus desgracias, tristezas; e incluso hasta de su alcoholismo.

“Estás rodeado por todas partes de tipos raros; vives con ellos uno o dos años y poco a poco acabas siendo tan raro como ellos. Y, además, sin darte cuenta. Es inevitable… Todavía no me he vuelto tonto, gracias a Dios. Los sesos están aún en su sitio, pero los sentimientos los tengo bastante embotados. No deseo nada, no necesito nada, no quiero a nadie…”

Aunque Chéjov escribió Tío Vania hace más de 100 años, sin siquiera haber llegado a los 30, no cabe duda de que ya para entonces conocía bastante bien los sinsabores que provocan algunos pacientes en aquellos médicos patéticos e irremediablemente decepcionados, entre otras cosas, de su quehacer profesional.

Los enfermos casi siempre son representados en la dramaturgia contemporánea como víctimas de alguna forma de perfidia, negligencia e insensible materialismo por parte de quienes debieran atender con devoción, sapiencia y desinteresada calidez a todos aquellos que padecen alguna enfermedad.

Los médicos nos hemos convertido en décadas recientes, para el imaginario popular, en los villanos ilustrados de la película. Por eso mismo, al universitario se le busca y venera sólo mientras el dolor, el sufrimiento y la desesperación son insoportables.

Sin embargo, tan pronto las cosas no resultan de la manera esperada, surge la desconfianza, el temor y el deseo de venganza. Cada día son más los enfermos que se sienten agraviados y engañados por sus médicos.

El desprestigio hacia la medicina profesional es avivado todos los días en los medios de comunicación al sembrar dudas en la opinión pública acerca del valor del conocimiento científico ofreciendo “curas naturistas alternativas” bajo una imagen de supuesta seriedad.

¡Lolita Ayala ya es nuestra insigne doctora nacional!

Tanto los servicios médicos privados como aquellos que dependen de las burocracias gubernamentales contienen serios problemas de accesibilidad y calidad. Los primeros resultan demasiado onerosos y representan “gastos catastróficos” para la mayoría de la gente; mientras que los servicios públicos por lo general son insuficientes, ineficientes e impersonales.

Cuando en la famosa serie televisiva Dr. House el protagonista asegura que “todos mienten”, su personaje resulta odioso porque revela una verdad políticamente incómoda frente a la mojigatería deontológica médica adosada a una práctica cínica y deshumanizada, sobre todo en los países más pobres o menos desarrollados; como es nuestro caso.

Es necesario, urgente quizás, desarrollar una visión distinta que atienda a las necesidades tanto de los enfermos como de quienes se dedican a curar. Es deseable narrarnos de forma distinta el por qué y el cómo nos enfermamos y aliviamos para mejorar las relaciones médico-paciente y recuperar así la confianza y la dignidad perdidas. No es suficiente con apelar solamente al deslumbrante avance tecnológico para poder sentirnos satisfechos.

La medicina narrativa es un recurso vivo de la práctica clínica que depende de nuestra capacidad para saber qué podemos hacer con las historias que los pacientes nos cuentan. Para ello es fundamental reconocer que debemos capacitarnos para llevar a cabo esta función, que ahora está ignorada en la mayor parte de los servicios de salud en . Las historias de los pacientes suelen ser muy complicadas. Algunas se narran con palabras, otras con silencios; otras veces mediante gestos o expresiones simbólicas e incluso con señales corporales.

En la FIL 2013 van a presentarse dos libros inmersos en esta narrativa médica de resistencia: La salud mental de quienes se dedican a curar y La tradición médica, bajo el auspicio de Palabras y Plumas Editores.

Están cordialmente invitados el viernes 6 de diciembre a las 4 de la tarde, en el Salón A del Área Internacional de la Expo Guadalajara.

¡Hasta pronto!

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Formación Académica:Medico-Cirujano (UNAM)Especialista En Psiquiatria (UNAM)Maestro En Medicina Social (Universidad Autonoma Metropolitana)Diplomado En Derechos Humanos (Universidad De Colima)Actividad Profesional Actual:Responsable Del Programa De Salud Mental Del Consejo De Salud Del Estado De Colima (Ssa)Psiquiatra De La Clinica Hospital Miguel Trejo Ochoa Issste, Colima, Col.Miembro Del Comité Editorial Nacional De La Revista Salud Mental