La renuncia de la embajadora de EEUU ante Naciones Unidas, Nikki Haley, ha tomado a todo el mundo político por sorpresa, pero probablemente nadie esté más disgustado que los defensores de Israel. Haley ha sido no sólo una inteligente y asertiva voz de América en dicho foro mundial, sino una campeona del Estado judío que se negaba a transigir con la discriminación antiisraelí que muchos de sus predecesores aceptaban con toda mansedumbre o incluso alentaban, como fue el caso en los últimos días de la Administración Obama.

La mayoría de quienes han sido enviados a Naciones Unidas a representar a EEUU han tratado de adaptarse al entorno y de ajustar su mensaje para que encajara en la cultura de un foro mundial donde EEUU e son cotidianamente vilipendiados. La se ha acabado convirtiendo en un lugar donde todo el mundo pretende que los dictadores del Tercer Mundo, los teócratas y los terroristas son respetables hombres de Estado.

Esta concepción de la diplomacia tuvo su epítome con el secretario de Estado John Kerry, arquitecto del acuerdo sobre el iraní de 2015 que, según Politico, al parecer estaría pensando optar (de nuevo) a la Presidencia [de EEUU] en 2020.

(…)

En cambio, Haley siguió la tradición de un reducido y selecto grupo de embajadores norteamericanos que prefirieron llamar a las cosas por su nombre en vez de ignorar y fomentar la corrupción y el prejuicio. Como Daniel Patrick Moynihan, Jeanne Kirkpatrick y John Bolton (que ahora se desempeña como consejero de Seguridad Nacional del presidente Trump), Haley se mantuvo fiel a mientras el resto del mundo callaba o era cómplice del maltrato de que era objeto en ese foro mundial.

(…)

(…) [Haley] no sólo se enfrentaba a los dictadores y los terroristas diciéndoles que podría “dar nombres” de países que reciben ayuda norteamericana pero que luego votan contra EEUU [en la ONU]. También se afanó por persuadir y cautivar –lo que se puede persuadir y cautivar en medios diplomáticos…– a otros países para que respaldaran a EEUU. Y no se quedó en la denuncia (…), (…) no llegó a Nueva York para arrastrarse ante el establishment o implicarse en guerra alguna contra sus miembros. Su objetivo era cambiar (…) la ONU (…)

(…)

Lo importante es tener presente que consiguió algo que jamás había conseguido un embajador [norteamericano] en la ONU: bregar por los intereses norteamericanos –y por los de su aliado crucial, Israel– y a la vez hacer amigos. Esto es algo que Bolton, tan franco como Haley, pero que entró ahí como elefante en cacharrería, no consiguió (…) No es de extrañar, pues, que se comentara que Haley y Bolton tenían sus más y sus menos entre bambalinas. Pero la idea de que los americanos sólo pueden tener diplomáticos como Kerry o como Bolton se ha revelado ya definitivamente falsa.

(…)

Quienes sucedan a Haley habrán de igualar su coraje y su talla diplomática. Ojalá sean tan persistentes (…) como lo ha sido ella a la hora de enfrentarse al odio antiamericano y antiisraelí en ese circo diplomático que es la ONU.

VIAEl Medio

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

A excepción de tu nombre y tu correo electrónico tus datos personales no serán visibles y son opcionales, pero nos ayudan a conocer mejor a nuestro público lector

A fin de garantizar un intercambio de opiniones respetuoso e interesante, DiarioJudio.com se reserva el derecho a eliminar todos aquellos comentarios que puedan ser considerados difamatorios, vejatorios, insultantes, injuriantes o contrarios a las leyes a estas condiciones. Los comentarios no reflejan la opinión de DiarioJudio.com, sino la de los internautas, y son ellos los únicos responsables de las opiniones vertidas. No se admitirán comentarios con contenido racista, sexista, homófobo, discriminatorio por identidad de género o que insulten a las personas por su nacionalidad, sexo, religión, edad o cualquier tipo de discapacidad física o mental.
Artículo anteriorIrán, los derechos humanos y la persecución de los cristianos
Artículo siguienteIsrael En Vísperas De Elecciones