Érase una vez

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Érase una vez un lugar donde a los ciudadanos se les decía que eran
socios-dueños de una gran petrolera pero nunca recibían sus utilidades y no se
les permitía vender su parte… eso sí, de ser necesario les pedirían “aumentar su
capital” mediante impuestos.
Un lugar donde los infantes crecían pensando que “obedece” era otro nombre
genérico para “niño”.
Un lugar donde los primeros dieciocho meses de un niño sus padres se la pasaban
enseñándolo a caminar, a explorar y a hablar; y los siguientes dieciocho años
tratando de que el niño se quedara quieto, callado y obediente.
Un lugar donde a la mayoría de los ciudadanos no les importaba “la victoria o la
derrota”; sino “ser el ganador”.
Un lugar donde el problema de ser puntual era que sólo quien era puntual lo
apreciaba… todos llegaban después de él.
Un lugar donde el 100% de la gente exitosa consideraba que el 99% de sus pares
lograron el éxito por suerte o por trampa.
Un lugar donde se producían cosas originales y buenas; lo malo era que las
buenas no eran originales y las originales no eran buenas.
Un lugar donde las escuelas de imagen tenían la peor reputación.

Un lugar donde había más libertad de expresión que de pensamiento.
Un lugar inseguro cuyos ciudadanos sufrían por la delincuencia… pero si no pagan
sus impuestos tendrían la seguridad de ir a prisión.
Un lugar donde extender puentes era un tema prioritario para el congreso… a tal
grado que éste reformó la ley para garantizar “puentes vacacionales” oficiales.
Un lugar donde los políticos se disfrazaban de ciudadanos; les daba pena decir
que realmente eran políticos.
Un lugar con un sistema alimentario “gratis”… por ello nadie lo valoraba.
Un lugar donde la cartera vencida de la banca privada era subsidiada por los
contribuyentes.
Un lugar donde los ciudadanos se preocupaban por gastar menos en lugar de ser
productivos y eficientes.
Un lugar donde las circunstancias garantizaban que quien comenzara con nada, lo
conservaría toda su vida.
Un lugar donde cada cuatro años se “soñaba” con un campeonato de la FIFA pero
cuyos ciudadanos sólo conseguía el primer lugar en obesidad infantil.
Un lugar en el cual se celebraba el pasado y no el futuro.
Un lugar donde nadie se tenía que preocupar por los adultos mayores de más de
ochenta años… no era necesario porque la esperanza de vida no llegaba a ello.
Un lugar donde los niños crecían pensando que “saliste igualito a tu padre” era
otra grosería.

Un lugar en el cuál el “mérito” no tenía que ver con los resultados; sino con
las amistades.
Un lugar donde los políticos no mentían, decían honestamente lo que pensaban; el
problema era que cambiaban de opinión constantemente.
Un lugar cuyos policías corruptos eran castigados, no enviándolos a prisión;
sino con su baja. Así ellos podían dedicarse de tiempo completo a la
delincuencia.
Un lugar donde la democracia se basaba en la sabiduría colectiva producto de la
desinformación individual.
Un lugar cuyos ciudadanos creían que los asiáticos convertían las crisis en
oportunidades; así que para ser originales decidieron convertir las
oportunidades en crisis.
Un lugar donde los problemas que le quitaban el sueño a los ciudadanos provenían
de dos fuentes: Por las desgracias propias y por los éxitos de sus vecinos.
Un lugar para el cual sólo había dos formas de ser indiferentes a la violencia:
Hacerse el idiota o serlo.
Un lugar donde –a pesar de las leyes de la física- al parecer era posible
cambiar el pasado (de la nación)… cada sexenio algún burócrata “historiador” se
encargaba de demostrarlo.
Un lugar cuyos genios eran fáciles de reconocer; bastaba esperar a que los
inútiles conspiraran contra él y/o que en otro país fuera apoyado.
Un lugar cuyos ciudadanos sabían que sobre-pagaban a la burocracia… pero se
conformaban pensando: “Aquí nos tocó vivir”.
Un lugar cuyos médiums abandonaron el negocio, cuando corrió el rumor de que la
superstición era de mala suerte.


Un lugar donde imperaba la máxima de Stephen Grover Cleveland: “Aunque la gente
soporte al gobierno, el gobierno no debe soportar a la gente”.
Un lugar donde los políticos pasaban tanto tiempo “pre-ocupándose” por los
problemas de los ciudadanos –lo manifestaban en sus discursos, en sus reuniones
y en los documentos partidistas- que no dejaban tiempo para realmente “ocuparse”
en resolver esos problemas.
Un lugar lleno de oportunidades; cualquier adolescente podía encontrar en una
esquina una ocupación… -lamentablemente- el requisito era atreverse a jalar un
gatillo.
Un lugar donde quien no lograba la grandeza del éxito siempre podría recurrir a
una gran compañía de relaciones públicas para convencer a todo el mundo de lo
contrario.
Un lugar donde se les enseñaba a los ciudadanos a enorgullecerse de su
constitución “fue la más avanzada en su tiempo… la que más derechos sociales
reconoció” –les decían- pero poco se hacía para que todos cumplieran la ley.
Érase un lugar donde sólo usted lector, podía hacer la diferencia.

Acerca de Andrés Roemer

Bienvenidos a este espacio donde pretendo compartir con ustedes: Interrogantes, críticas, dudas, inquisiciones, propuestas, miedos, esperanzas, ideas. En suma: Letras. Letras grandes y pequeñas. Pensadas y espontáneas. Letras desdibujadas, otras reiteradas, ciertas ya publicadas con antelación y probablemente una que otra inédita. Al final de cuentas, letras para ser desdobladas por aquel lector amable y generoso que sea provocado por las mismas.Agradezco a Silvia Cherem e Isaac Ajzen por invitarme a ser parte de Foro Judío.Acerca de Andrés RoemerEl doctor Andrés Roemer es autor de más de 18 libros de diversos temas, como: felicidad, arte, sexualidad, amor, agua, futbol, derecho, economía, crimen y psicología evolutiva, entre otros. Ha sido merecedor de varios premios incluyendo el Don K. Price Award por distinción académica en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard y las becas Fulbright, Harvard, Ford, ITAM, SEP y Conacyt; recientemente la Fundación de Microsoft, ha establecido el "Premio Andrés Roemer para el Desarrollo de Derecho y Economía por Distinción en el Servicio a la Comunidad Académica". Ha creado más de 1,000 programas de televisión; actualmente, es el fundador y presidente del Think Tank "Poder Cívico A.C."; asimismo, es el curador del festival internacional La Ciudad de las Ideas.

2 comentarios en «Érase una vez»
  1. Que reflexiion tan bien fundamentada, escrita y organizada, de tal manera que me hace pensar tanto en como es nuestra sociedad. Esperaría que muchas personas pensaran igual a nosotros. Fuerte abrazo, gran texto.

    Responder
  2. muy bueno!!!
    Nos carga con la responsabilidad de estar atentos, con quien nos manda, nos dirige, nos engaña.
    Ciudadanos del mundo, unios!!!
    Rescato: Un lugar donde había más libertad de expresión que de pensamiento.
    Es la enfermedad y el freno del mundo democratico

    Responder

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