La es buscada, creada, deseada, incluso codiciada por organizaciones a lo largo y ancho del mundo. Son grandes los esfuerzos que se hacen para conseguirla y también por comunicarla, por asociar personas, organizaciones, marcas y productos a ella debido a que se ha convertido en un sinónimo de vanguardia, además de que es, sin duda alguna, uno de competitividad.

La realidad es que son muchos quienes buscan la y son pocos quienes saben realmente para que la necesitan. La tiene la capacidad de crear impacto y grandes beneficios siempre y cuando tengamos claro cuál es el propósito real por el que la buscamos. Es válido buscarla para incrementar la rentabilidad de un negocio, para recuperar clientes que hayan abandonado una marca para migrar a otra, para solucionar problemas, para optimizar operaciones, para resolver problemas sociales y para muchos otros fines. Las posibilidades son interminables y por esta razón, es necesario clarificar la verdadera razón de buscarla.

En los años que llevo trabajando en el mundo de la , he sido cuestionado en un sinfín de ocasiones la razón por la que, existiendo tantas novedades en el mundo y tanta tecnología, no se ven reflejados en nuestra vida diaria, en los servicios que utilizamos ni en los productos con los que convivimos en el día a día.

Para responder esto, hay que considerar que, para considerar algo como una innovación, debe estar muy claro cuál es el valor que genera y, además, ese algo debe provenir de la creatividad. No todo lo que llamamos en realidad lo es, generalmente utilizamos esta palabra para referirnos a las novedades, a eso que nos resulta disruptivo por ser diferente a lo que estamos habituados.

Una solución que genere valor a un grupo de personas, no necesariamente lo generará de igual manera a otro grupo, incluso podría no generarlo a este segundo grupo. Eso es lo que sucede con la Innovación, hay grupos que se ven beneficiados debido a que la en este caso está dirigida a ellos. Un ejemplo de esto es la impresión 3D de ultrasonidos obstétricos, para que personas con alguna debilidad visual, puedan obtener la información de una ecografía sin verla y de paso, conocer a ese ser querido al que están esperando, aún antes de nacer.

Por otro lado, la llegada de una a un grupo de personas depende de una serie de análisis, proyecciones, contextos y entendimientos sobre la realidad en donde se encuentran. Entre estos, está la madurez del público para aceptarla. Hay públicos que prefieren apegarse a las soluciones convencionales y dejar para otro momento la llegada de esa innovación. Esto sucede, por ejemplo, con la llegada de impresoras de alimentos en 3D. Son pocos los mercados que están preparados para imprimir el pan que comerán en su próxima comida en un aparato que lo mismo entrega pastas y salsas que embutidos y chocolates.

Pero si son tan buenas soluciones y planteadas desde la Innovación ¿por qué los mercados no las aceptan? Esto puede atribuirse a la habilidad del público para aceptar el cambio. Existen segmentos con mayor afinidad por las novedades mientras que en otros encontramos resistencia ocasionada por inercia generacional o por otros factores. Esto último ha despertado la necesidad de crear estrategias que ayuden a la democratización de la Innovación, con el propósito de promover su asimilación sin importar edades, contextos culturales, creencias, niveles socioeconómicos, etc.

Nos encontramos en un país en donde la realidad se enfrenta desde diferentes ópticas. Los retos que existen para quienes lo habitamos son grandes, y más aún, para aquellos que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. Esto es uno de los caminos en donde la cobra relevancia e importancia. Se necesitan organizaciones comprometidas y sensibles a la realidad, para crear soluciones de impacto que ayuden a las personas a vivir con dignidad y calidad de vida. Suena complicado, pero la clave está en empezar con pasos pequeños. Comencemos por incentivar la creatividad con enfoque en el impacto social involucrando organizaciones, empresas, escuelas, universidades y hasta gobiernos en iniciativas que impulsen el desarrollo sostenible pero que a la vez sean atractivas y divertidas. De nuevo las posibilidades se vuelven infinitas. Pensemos en las marcas, productos y servicios con las que convivimos y que tal vez estén a punto de caer en desuso. Identifiquemos problemas sociales que sean relevantes y pertinentes para los tiempos que vivimos. Ahora mezclemos todo en una sola idea. Como un ejemplo pensemos en el Servicio Postal Mexicano, una institución gubernamental cuyos servicios se utilizan cada vez menos dado que han sido reemplazados paulatinamente por la tecnología. Ahora como problema social, apuntemos hacia la soledad que viven las personas de la tercera edad en nuestras comunidades. Con estos elementos construyamos una lista de posibilidades con el fin de crear modelos de valor, en los que la institución pueda especializar su servicio en este segmento y las personas de la tercera edad vean su soledad disminuida gracias a la recepción de correspondencia, tal como se hacía en su tiempo.

La es un vehículo capaz de conducirnos hacia múltiples rutas. Las organizaciones deben tener claro hacia donde van y cómo quieren llegar para que la pueda convertirse en una herramienta de utilidad. De otra manera, las rutas son tan amplias que podría conducir a lugares deseables, pero no a los ideales. Tener claro lo que se busca de la en una organización, maximiza las probabilidades de éxito.

 

Mtro. Ricardo Alvarez Minjares, docente de la Maestría en Dirección y Liderazgo en las Organizaciones de la Universidad Hebraica de México.

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