Diario Judío México - Fatah, la facción gobernante del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, está furiosa. Y es que un empresario judío israelí acaba de construir un centro comercial en el este de Jerusalén y la mayoría de sus trabajadores y clientes son árabes.

Los mandos de Fatah han llamado al boicot del establecimiento.

Fatah, a la que los medios occidentales suelen describir como una facción moderada, ha respondido de un modo que revela cómo los líderes palestinos socavan el bienestar de su propio pueblo.

¿En qué lugar del mundo condenaría un líder un negocio que proporcionara trabajo a cientos de miembros de su propio pueblo? ¿En qué lugar del mundo llamaría un líder a su pueblo a boicotear un centro comercial que ofreciera ropa y comida a precios competitivos? ¿En qué lugar del mundo un líder describiría como una catástrofe (nakba) la puesta en marcha de una empresa comercial beneficiosa para su pueblo?

Rami Levy, empresario y propietario de la tercera cadena de supermercados de Israel, invirtió más de 50 millones de dólares en la construcción de un centro comercial en el parque industrial de Atarot, en el noreste de Jerusalén. A pesar de las llamadas al boicot, algunos palestinos han alquilado tiendas en el centro, que ha sido descrito como un modelo de convivencia entre árabes y judíos y en el que hay un supermercado de la cadena del propio Levy.

Los supermercados de Levy en Jerusalén y la Margen Occidental son populares entre los consumidores palestinos. Dicen que allí los precios son más bajos que en los comercios árabes. Esa es probablemente la razón por la cual cientos de palestinos acudieron a la inauguración oficial del de Atarot, el pasado día 8. Los supermercados israelíes contratan a cientos de palestinos de la Margen Occidental, y también a residentes árabes de Jerusalén, que trabajan codo con codo con sus compañeros judíos.

Según Levy, la mitad de sus 4.000 empleados son palestinos y árabes israelíes. “Empecé contratando palestinos y árabes israelíes ya en mi primer Rami Levy, un pequeño puesto en el mercado de Mahane Yehuda, en Jerusalén, que abrí en 1976. Entre mis primeros empleados había árabes”, ha declarado.

Esos empleados siguen trabajando para Rami Levy Hashikma –nuestros supermercados–, y muchos han hecho carrera en la compañía. La primera persona que contraté, hace 35 años, era un hombre llamado Ibrahim, un árabe del este de Jerusalén que se quedó en Rami Levy y que ahora es nuestro director de logística. Otros árabes israelíes y palestinos que se han venido uniendo al grupo han alcanzado puestos de dirección. Rami Levy no discrimina por motivos de etnia, sexo o religión a la hora de contratar y promocionar. Todos los empleados, palestinos e israelíes, son tratados igual y reciben las mismas prestaciones. Los sueldos se basan únicamente en el puesto y el rendimiento de cada uno. Mi objetivo es que todos los empleados de Rami Levy tengan las mismas oportunidades de éxito. Este objetivo sólo se puede cumplir si se aplica el principio de igualdad en todos los ámbitos de la compañía.

Sin embargo, para los funcionarios del Fatah de Abás la idea de que los palestinos y los judíos trabajen en armonía es abominable. No les gusta que los trabajadores palestinos perciban buenos salarios y sean tratados por sus jefes con respeto. Tampoco les gusta que los palestinos hagan cola para comprar productos de mejor calidad a un mejor precio. Preferirían que su gente estuviese en el paro o pagara precios más altos en el mercado palestino.

En lugar de saludar la inauguración de un centro comercial que da oportunidades de trabajo a decenas de palestinos y ofrece precios más bajos, los oficiales de Fatah hablan de un plan israelí para “socavar” la economía palestina. “Es un día triste para Jerusalén”, declaró uno de ellos, Hatem Abdel Qader Eid, en alusión a la apertura del nuevo centro comercial. “Este proyecto se propone socavar el comercio árabe en Jerusalén y subordinarlo a la economía israelí”.

Los cientos de palestinos que llenaron el centro comercial en su primer día parecen discrepar del sombrío cuadro pintado por Abdel Qader Eid. Esto, por supuesto, es una buena noticia: demuestra que los palestinos son como todos los demás consumidores del mundo, y prefieren disponer de mejores productos a precios más bajos. Para ellos no fue un “día triste”, como dijo el funcionario de Fatah, sino uno muy excitante. Por fin tienen un centro comercial cerca de casa que les ofrece una amplia variedad de productos a precios económicos.

No obstante, Abdel Qader Eid sí tiene razón en una cosa, en su lamento por la falta de inversores y capital palestinos. “Los capitalistas palestinos son unos cobardes”, manifestó. Los inversores palestinos, añadió, podrían haber evitado que Rami Levy levantara su centro comercial si hubiesen invertido en la construcción de uno palestino. “Es cierto que hay empresarios palestinos ricos. Pero aunque son ricos en términos de dinero, son pobres en voluntad y educación”.

Lamentablemente, el capitoste de Fatah está diciendo que los empresarios palestinos no tienen fe en su pueblo y que prefieren invertir su dinero en otra parte.

Otro alto cargo de Fatah, Osama Qawasmeh, llevó la incitación un poco más allá y advirtió de que todo palestino que compre en el nuevo centro comercial o alquile un local allí será acusado de “traición a la patria”. Qawasmeh aventó además la vieja mentira palestina de que comprar productos israelíes es un acto de “apoyo a los asentamientos y al Ejército de Israel”.

La incitación de Fatah contra el nuevo centro comercial no cayó en saco roto. El día de la inauguración, varios palestinos arrojaron artefactos incendiarios contra las instalaciones, lo que obligó a los compradores (palestinos) a huir para salvar la vida. Por fortuna, nadie resultó herido y no se produjeron daños en las tiendas ni en los vehículos estacionados en el aparcamiento.

La campaña de incitación contra el centro comercial de Levy empezó hace varios meses, cuando se estaba construyendo, y se ha mantenido hasta hoy. Como no han logrado impedir su apertura, Fatah y sus seguidores han pasado a las amenazas y la violencia directas. Las amenazas se dirigen contra los compradores y contra los comerciantes palestinos que alquilaron locales en el centro. Los vándalos que lanzaron artefactos explosivos podrían haber herido o matado a palestinos. Los vándalos, que se cree pertenecen a Fatah, preferirían ver a su gente muerta antes que divirtiéndose o comprando productos económicos en un centro comercial israelí.

Al lanzar esta campaña de incitación e intimidación, el Fatah de Abás está mostrando su verdadero rostro. ¿Cómo es posible imaginar que Abás o cualquiera de sus lugartenientes de Fatah pudieran hacer alguna vez la paz con Israel, cuando ni siquiera pueden tolerar la idea de que los palestinos y los judíos trabajen juntos?

Si un palestino que compra leche israelí es un traidor a ojos de Fatah, no es difícil imaginar el destino que aguarda al que se atreva a plantear un compromiso con Israel. Si tiene suerte, se topará con un artefacto incendiario. Si no, acabará ahorcado en la plaza pública.

¿En qué lugar deja esto la supuesta voluntad palestina de implicarse en un proceso de paz con Israel?