El impacto de la guerra civil entre Hamás y Fatah en el proceso de paz palestino israelí ha sido, durante mucho tiempo, un punto ciego para los reporteros que pretenden informar del conflicto como si fuera una lucha bidimensional entre unos enemigos identificables. Por eso resulta reconfortante ver la destacada noticia del New York Times del pasado día 4 sobre los nuevos libros de texto de Hamás, una historia que aborda un segundo punto ciego muy habitual entre los medios: la incitación y el antisemitismo con respaldo oficial.

La noticia del Times explica que las escuelas de Gaza están usando nuevos libros de texto que, por primera vez desde que Hamás se hiciera con el poder en la Franja, se apartan de los textos estándar de la Autoridad “como parte de un intento más amplio de inculcar a la nueva generación su ideología radical”. No sé qué es peor: que hasta ahora el currículo oficial de la AP fuera lo suficientemente antisemita y sanguinario para Hamás, o que el movimiento islamista esté tratando de incrementar aún más el odio. En cualquier caso, esto debería hacer sonar las alarmas, porque en esta cuestión (y en todo), la Franja no es Las Vegas: lo que pasa en Gaza no se queda en Gaza.

La trascendencia del uso de los libros de texto para fines propagandísticos no se le escapa al Times:

‘Cuando un líder dice algo, no todo el mundo escucha. Pero si hablamos de de libros de texto, todos los niños, todos los miembros de un grupo determinado, estarán expuestos a un material concreto. Ésa es la baza más fuerte’, añade.

Lo que los adolescentes gazatíes están leyendo este otoño en sus libros de texto de 50 páginas incluye referencias a la Torá judía y al Talmud como algo ‘inventado’, y una descripción del sionismo como movimiento racista cuyas metas incluyen expulsar a los árabes de toda la zona entre el Nilo en África y el Éufrates en Irak, Siria y Turquía.

’, a su vez, se define como un Estado para los musulmanes, que se extiende desde el río Jordán hasta el Mediterráneo. Una lista de ciudades palestinas incluye a Haifa, Beersheba y Acre, todas ellas dentro de las fronteras israelíes de 1948. Y los libros refutan las reivindicaciones históricas judías sobre el territorio diciendo: ‘Los judíos y el movimiento sionista no guardan relación con Israel, porque los hijos de Israel son una nación que fue aniquilada’.

La reacción a historias como ésta es, habitualmente, una mezcla de bajas expectativas y de la optimista búsqueda del lado bueno de la cuestión, señalando que la situación es mejor en la Margen Occidental, donde viven los “socios para la paz” de Israel. Y la respuesta a la última parte de dicha reacción es ¿pero por cuánto tiempo?

De hecho, la brecha entre las políticas de Hamás y de la Autoridad /Fatah es engañosa. El hecho de que  dicha brecha no se estreche  confunde a menudo a los observadores y les hace creer que no ha habido ningún cambio general y significativo. Pero muy a menudo la realidad es justo lo contrario. La división entre Hamás y Fatah se pone de manifiesto en una competición para ver en cuál de las partes se puede confiar que dirigirá mejor el intento de destruir al vecino Estado judío.

Cuando Hamás se vuelve más radical en algún aspecto, afecta de forma negativa al comportamiento de la Autoridad de Mahmud Abás al menos de una de estas dos formas: hace que la incitación de la AP parezca, por contraste, más leve de lo que es; como si  hubiera dado un paso adelante, cuando en realidad es que Hamás ha dado un paso atrás. Y anima a la AP a ponerse a la par para tratar de demostrar su legitimidad antiisraelí.

No es que los libros de texto de la Autoridad sean modelos de coexistencia. Como informó el Jerusalem Post en 2011:

‘Generalmente hay una negación absoluta de la existencia de Israel, y si hay alguna presencia israelí, por lo general es extremadamente negativa’, afirmaba Eldad Pardo, miembro de la directiva de IMPACT-SE, y director del grupo de investigación sobre los libros de texto palestinos de dicha organización. ‘Para la nueva generación no hay ningún tipo de educación sobre cooperación, ni información sobre las numerosas colaboraciones ya existentes entre israelíes y palestinos en cuestiones medioambientales y de otras áreas’.

En los libros de texto de Geografía no suele aparecer Israel en los mapas de Oriente Medio; en cambio, se muestra que ‘Palestina’ engloba Israel, la Margen Occidental y la Franja de Gaza. Jaffa también se muestra en los mapas de Palestina, pero no aparececen Tel Aviv y otras ciudades predominantemente judías, como Ramat Gan, ni los kibutz o los moshavim (…)

En otros libros de texto se dice a los estudiantes que ‘el rango de los shahid [“mártires”] está por encima de todos los rangos’, e incluyen un hadiz sobre la destrucción de los judíos por los musulmanes el día de la resurrección, el cual también aparece en los estatutos de Hamás.

La desviaciación de Hamás respecto al lavado de cerebro anstiisraelí de la Autoridad supone que, por ahora, en los dos territorios palestinos se enseñará a los niños versiones diferentes de la historia. Ambas versiones son falsas y están elaboradas con un espíritu de odio que luego se inculca a los jóvenes palestinos. Pero enseñar historias paralelas en los territorios no es algo que se pueda sostener; desde luego, no lo es para un pueblo sin Estado que aspira a construir una identidad nacional unitaria.

Así pues, el peligro de los nuevos libros de texto de Hamás no es tan sólo que los palestinos de Gaza vayan a ser intoxicados con una forma aún más ponzoñosa de odio antijudío; es que la Autoridad de la Margen Occidental, destinataria de ayuda norteamericana e investida de forma global de legitimidad diplomática, hará lo mismo.

Nos dicen que los nuevos libros de texto para los institutos “no reconocen al moderno Israel ni mencionan siquiera los Acuerdos de Oslo”. ¿Qué clase de “proceso de paz” puede haber con una sociedad educada para creer que algo así nunca existió? Parece que estamos a punto de descubrirlo.

Commentary

 

http://elmed.io/la-importancia-de-los-nuevos-libros-de-texto-de-hamas/

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