Diario Judío México - El próximo 27 de enero se conmemora el 70 aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi “Auschwitz”, el 27.1.1945. , como muchos otros países, adoptó esta fecha simbólica como el Día Internacional de la Memoria del Holocausto, según la decisión adoptada en el año 2005 por la Organización de las Naciones Unidas, ya que la memoria colectiva asocia a “Auschwitz” —tal vez más que a otros campos de exterminio— con el Holocausto de los judíos de Europa, la Shoah.

El exterminio de los judíos como individuos y como comunidades ocupó un lugar central y esencial en la concepción nazi del mundo, que diferenció entre aquellos que merecieron vivir y aquellos que merecieron morir a través de una decisión burocrática de exterminar de modo organizado, planificado y sistemático a los judíos europeos. Basándose en una milenaria tradición antisemita, el régimen nazi destinó su capacidad de organización y su poder burocrático, así como su avance tecnológico, su economía y su propaganda a ese fin, logrando convertir a uno de los grupos de ciudadanos más prominentes por sus aportes a las diferentes esferas de la sociedad y la cultura europea en un grupo ilegítimo que se podía y debía exterminar. Ésta es, en esencia, la singularidad del Holocausto en comparación con otros genocidios que se han dado antes y después de éste.

El pasado lunes inauguramos en la Cámara de Diputados la exposición de la escultora Orna Ben-Ami, titulada “Lo que quedó”. En ella se transmite de modo simbólico y sutil el gran vacío que dejaron en cada familia —así como en la memoria judía colectiva— los millones de personas exterminadas por los nazis, a través de la memoria que queda depositada en los objetos y pertenencias de quienes fueron aniquilados. La pérdida, la despedida, la salida forzada y el desplazamiento hablan en cada una de sus esculturas. Los visitantes pueden identificarse con las obras, ya que los sentimientos que provocan y el modo personal en el cual tratan el tema de la memoria logran evocar una faceta primordial de la experiencia humana.

Al mismo tiempo, la exposición —o, mejor dicho, la obra entera de Orna Ben-Ami— es la muestra de que el arte que nace de la muerte representa la sustitución de la muerte por la creatividad, es decir, por la vida. Asimismo, hay que recordar el gran milagro que ocurrió pocos años después del Holocausto, cuando, en 1948, se estableció el Estado de como el hogar del pueblo judío, al cual inmigraron también muchos de los sobrevivientes.

En la medida en la que nos alejamos de los acontecimientos y más disminuye el número de los sobrevivientes, crece la necesidad no solamente de estudiar el Holocausto de manera sistemática y rigurosa, sino también de transmitir el significado del número monstruoso de víctimas. “Lo que quedó” nos acerca a la dimensión humana de la catástrofe, recordándonos que cada uno de los exterminados fue un mundo entero en sí mismo.

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