Muy rápido empezó la exigencia de rendición de cuentas sobre la reciente catástrofe energética texana. El gobernador de Texas dijo que asumía la responsabilidad, lo que es una declaración hueca porque no tiene ninguna consecuencia, excepto que pidió renuncias.

Tal vez el origen del problema consiste en insistir en privatizar bienes y servicios bajo la premisa de que los empresarios tienen la eficiencia de la que carece el gobierno, ya vemos que esto no es correcto.

Parte de la clave del desastre consiste en la negación republicana del cambio climático y la abstención a tomar decisiones para atender los desastres naturales que cada vez son más frecuentes.

La otra clave es el sistema de energía eléctrica de Texas que ha funcionado sin regulación y sin la supervisión adecuada por parte del gobierno que no se hace responsable, el gobernador trata de ganar ventajas facciosas al culpar a las energías verdes, aunque solamente proveen el 7% de la producción energética en el Estado. Esta claro que no quiere morder la mano que le da de comer: las energías fósiles.

El sistema es complejo y está coordinado por la red del Electrical Reliability Council Of Texas (ERCOT) que cubre el 75% del territorio texano y el 85% de la carga eléctrica y está completamente desregulado. Existen empresas que producen, envían y administran la energía.

Entre las productores destacan AEP Texas, Central point energy, Oncor, Sharyland utilitiesTNMP, Xcel. Entre los minoristas están TXU Energy, Ambit EnergyGexa EnergyReliant Energy4Change EnergyBulbDirect EnergyConstellation EnergyCirro EnergyJust Energy

Hay administradoras municipales como The City of Austin Utility con una estrategia de quién menos usa menos paga; Brazos County y Lubbock Power and Light. Existen también unas 118 empresas municipales o cooperativas.

Se ha intentado poner la responsabilidad sobre ERCOT cuya responsabilidad primaria es ajustar la generación con la oferta y demanda, esto supone incluir el estudio y previsiones del cambio climático y como responder, pero se enfrenta al argumento de los republicanos de que dios y el mercado arreglan todo, aunque la naturaleza que es necia insiste en contradecirlos.

ERCOT fue creado en 1970 como una corporación sin fin de lucro convirtiéndose en el coordinador central del mercado eléctrico en 1981, pero ni la experiencia de 1989 ni la de 2011 les sirvió para estudiar el impacto del clima sobre la red eléctrica y hacer lo necesario para mitigar el daño. Los gasoductos se congelaron evitando que llegara gas a las plantas generadoras de electricidad. Leah Stokes dice y en Texas se lo confirman: “Nuestra infraestructura no puede manejar eventos ambientales extremos, que irónicamente son creados por los combustibles fósiles”.

¿Es fatal entonces y no podemos hacer nada frente a los embates inesperados aunque posiblemente previsibles del cambio climático? La respuesta es NO. En Texas la red energética es obsoleta, y como el mercado está desregulado, las empresas no gastan en modernización y ni siquiera tomaron precauciones para invierno. Les tomó 40 segundos decidir no actuar. El gobierno por supuesto se cruzó de brazos porque no siente que es su responsabilidad asegurar el bienestar de la sociedad.

La crisis energética texana es una muestra de lo incapaz de los empresarios privados para manejar los recursos de interés público que los gobiernos neoliberales les avientan porque según ellos no son o deben ser responsabilidad del Estado, a ellos les interesa solamente la ganancia.

La electricidad tiene un papel fundamental y estratégico y es obligación del Estado intervenir ante la dependencia tecnológica de la electricidad, sin ella no hay agua, y sin agua y electricidad se paraliza prácticamente todo afectándose la salud, la economía y la cadena alimentaria.

En la catástrofe texana los hospitales se quedaron sin agua, las plantas de tratamiento de agua se contaminaron y la gente debe hervir el agua, aunque no tienen electricidad para hacerlo. Las tuberías se reventaron y hay daños enormes en las viviendas lo que afectará la economía familiar y de paso a las aseguradoras, que de por sí  han aumentado sus tarifas en Texas. Muchas casas se construyen con servicios eléctricos tal vez como presión de las empresas eléctricas.

La solución texana no son las renuncias que exige el gobernador en ERCOT, sino en una modernización de la industria que incluya energía solar, eólica y estrategias de acción benéficas para la sociedad frente a los inviernos y veranos que por lo que se ve podrán ser más crueles.

La mantra de la privatización es que el Estado es incapaz de administrar con eficiencia los recursos naturales, servicios o actividades estratégicas y como confirmamos cada día, a los empresarios les interesan las ganancias no el bienestar de la gente. El Estado no puede ni debe desprenderse de su responsabilidad a favor del capitalismo depredador.

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Chair, International Advisory Board for Immigration Studies. U.S.-Mexico Research Program. UCLA. Director asociado de la revista Araucaria. Director del semanario El Reto. Testigo experto en juicios de asilo político y para frenar deportación de mexicanos en Estados Unidos. Posdoctorado en Historia, University of California, Los Angeles. Doctor en Ciencias Política (UNAM). 35 libros publicados y más de 1,000 artículos. Traducido al inglés, francés e italiano. Pionero en varias áreas de investigación: análisis de redes políticas, estudios sobre humor político, democratización en México, temas fronterizos (agua, migración y seguridad) y sobre Crimen Autorizado.