Ha concluido el mes de octubre, y con ello se esfuma un nuevo día que los veterinarios de Ecuador celebramos nuestro día clásico, el 30 de octubre de cada año. Pero producto de mi experiencia profesional ejercida por muchos años, he concluido mesurada y modestamente, que un día es muy deficiente para demostrar a la sociedad el importante papel que ejerce esta profesión en beneficio de la vida. Muchas veces producto del agitado ejercicio profesional en tantas áreas técnicas que domina, la mayoría desconocidas reiteradamente por la sociedad, resulta muy corto el espacio disponible para dar cuenta, no solo a los colegas, sino a la sociedad comprometida, los avances técnicos y científicos que se producen, pues para mí, es la oportunidad de rendir cuentas y ejercer la potestad de ratificar y muchas veces rectificar nuestro proceder, pues como toda actividad profesional, está sujeta a los constantes vaivenes que ejerce la presión social al abanico de sus responsabilidades.

Planteo a la dirigencia profesional veterinaria de mi país, si existe, que el día se trastoque a todo el mes de octubre de todos los años venideros, siendo la oportunidad esperada por muchos, de organizar congresos, jornadas, encuentros, citas, análisis científicos en todas las áreas técnicas de su incumbencia, dejando un corto espacio para juegos y relaciones sociales que también son necesarias en este ajetreo profesional; prevaleciendo por encima de todo, la necesidad de revisar el conjunto de leyes sanitarias en las que la veterinaria debe estar presente y que colijo hay deficiente progreso a falta de un vocero político que ejerza la presión suficiente al congreso donde se cuecen estas habas. Todo esto y más se puede lograr, si vuelven los colegios provinciales a funcionar; si los colegas especializados deciden organizarse robusteciendo la profesión; si vuelve a funcionar la Federación Nacional, cabeza motriz de nuestra profesión; y si asimilamos la necesidad de cambiar. Para todo esto en un día es muy deficiente, necesitamos ampliar nuestra relación con la sociedad circundante. Espero cambios, para sentirnos útiles y conformes.

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Originario de Zaruma, El Oro, Ecuador, José Manuel es Doctor en Medicina Veterinaria y Zootécnica por la Universidad de Guayaquil. Ha recibido diversos reconocimientos por sus actividades académicas y culturales. Editorialista y colaboradr en diversos diarios como La Hora, El Universo y El Comercio entre otros. Es también autor de varios libros entre los que destaca la novela costumbrista "Relámpago y algunas expresiones escondidas" así como libros técnicos relacionados con su profesión.